Rosh Hashaná 2016 - 5777

Por Adela Faena Hop.
Desde muy niña el tema de Dios me pareció fascinante. Me recuerdo muy pequeña, chiquita en verdad, teniendo grandes dificultades para la abstracción al intentar por todos los medios no antropomorfizarlo; y con mucha culpa y sensación de pecado, terminaba visualizando la imagen de un anciano bonachón muy parecido al Santa Claus de Coca Cola. Con más años encima, logré desmembrarlo de piernas y brazos y colocar un rostro amable, montado en una nube de la cual salía su voz. Y más crecida, una vez alcanzado el objetivo de pensar en Él sin imagen, me resultó irresistible la idea de devolverle una figura esbelta y montarlo en un par de hermosísimos zapatos de tacón; porque como dije, desde muy niña Dios ha sido en mi vida un tema recurrente, y pensarlo así, en términos de lo femenino, me acercaba más a Él.

 

Y es que Dios ocupaba y aún ocupa, sin temor a equivocarme, un porcentaje importante de mi actividad diurna. Como niña introspectiva (que aún soy) me gustaba cuestionarme y desmenuzarlo todo, TODO, y como mis papás me tuvieron "algo grandes" y llegué a su vida estando ellos "algo cansados", decidí que Dios era la perfecta escucha para mis disertaciones cotidianas. Con respecto a la selección de temas a discutir con Él, la variedad era y es inagotable, pero hasta hoy, debo confesar que el asunto de la Justicia y el mal en el mundo siguen pendientes, sin gran aclaración. 
 
De tal suerte, cuando me bañaba, mientras me vestía y durante el eterno trayecto del transporte escolar, platicaba con Él. Si la monótona voz de la maestra me aburría: pues ahí estaba Dios para entretenerme con un tema más atractivo. Por supuesto antes, durante y después de la realización de cualquier examen, me acercaba a Él para apaciguar mis dudas; y las clases de matemáticas y física sólo consiguieron hacer más fuerte e intensa nuestra relación. Si se trataba de seleccionar un mejor empleo, nadie mejor que Él para reiterarme la lista de pros y contras; y si el problema radicaba entre continuar o no con un noviazgo, raudo y veloz me recordaba que yo me merecía, de entre todos, la mejor opción. El día que concluí mis estudios de licenciatura y maestría, Dios se graduó conmigo, y pude percibir su palma orgullosa sobre mi espalda dándome la aprobación. Y cuando falleció mi padre.... reconoció mi enojo, aceptó mi alejamiento, pero Él no se distanció, no se distanció.
 
Pero sin duda, el día en el que Dios se voló la barda conmigo, fue el día en que nacieron mis hijos. En esas dos ocasiones Él me visitó, y con una voz quebrada por el llanto, con ese llanto con el que escuché por primera vez a mis hijos, lo percibí susurrándome al oído: "Mira!!!! Estoy viendo que es bueno, estoy viendo que es muy, muy bueno", como en el segundo día de la Creación. 
 
En esas dos ocasiones, Dios me abrazó.
 
Y si luego de lo dicho, están ustedes pensando que estoy muy loca, les comparto que no se equivocan del todo; pero si resulta que también están tratando de reconocer esos momentos divinos, mágicos e íntimos en los que Él los visitó, se habrá cumplido mi consigna; porque para acercarse a lo divino, para buscar y tener un encuentro con Dios, no se necesita ser Profeta ni personaje bíblico, sino solamente buenas personas, seres humanos honrados, nobles e íntegros; y entonces, no habrá necesidad de salir a rastrearlo, porque cada día frente al espejo, miraremos los destellos de su materia prima, y "a imagen y semejanza", como está escrito, nos reconoceremos en el Creador. 
 
Así es que entaconado o amorfo; andrógino, etéreo, intangible o infinito; falible y terrenal u omnipotente y eterno; de confección humana o naturaleza Divina; Dios representa en mi la necesidad de creer que nuestros componentes son  de un material mejor y que nuestra responsabilidad, como consecuencia de ello, es devolverle al mundo, el orden, la equidad y la armonía, que en el camino se perdió. 
 
Que este Nuevo Año Judío Dios nos apapache y nos consienta, que nos cuide y nos asista, que nos mire y nos reconozca, y que se sienta orgulloso y no se arrepienta nunca de habernos formado, con el material Divino del que nos creó.
 
Adela Faena Hop.
2016 - 5777.