Opinión rabí Kunin

Dándoles la bienvenida a los anusim

Por rabí David A. Kunin

TESHUVAH DE ACUERDO A LA HALAJÁ

[Artículo traducido al español por Lorena Guez Gallego]

Mi trabajo esta mañana va a estar divido en cinco secciones. Primero examinaré la situación desde el punto de vista rabínico contemporáneo. En segundo lugar expondré las leyes de conversión actuales, y cómo afectan a los anusim. En tercer lugar, eximiré el tema de dos condiciones diferentes. En cuarto lugar, examinaré otros asuntos fuera de la ley judía que son relevantes a la hora de tomar una decisión con respecto a los anusim. Por último, presentaré mi punto de vista sobre cómo espero que la Halajá, o ley judía, trate este asunto en el futuro…

El año pasado el trabajo que presenté en la reunión de El Pueblo examinaba las tendencias encontradas entre los  ashkenazi y los sefarditas. Sobre el regreso de los conversos forzados (del cristianismo o del islamismo) al judaísmo. Tenía el objetivo de hacer un examen histórico desde el punto de vista rabínico, y como ha ido evolucionado con el paso del tiempo. Este año, aunque voy a cubrir muchos de los mismos temas, mi trabajo tiene una función muy diferente. En lugar de limitarse a presentar y a examinar las fuentes legales judías del pasado, este trabajo va a centrarse en la teshuva, o regreso, de acuerdo a la Halajá, lo cual espero que traiga una nueva solución legal a la actualidad.

Dentro de la tradición legal los rabinos frecuentemente toman decisiones legales como consecuencia de las cuestiones formuladas  por gente laica o incluso por otros rabinos. Estas  cuestiones se llaman she’elot y las soluciones teshuvot. El conjunto de ambas cosas crea planteamientos para el regreso de acuerdo a la Halajá. Los planteamientos pueden ser breves, o pueden consistir en elaboradas explicaciones, presentando la solución a la cuestión y la fuente de donde sale tal solución. Las leyes de la Halajá son a menudo formuladas a raíz de precedentes, en los cuales se basan a la hora de dar una solución. De esta forma se construyen leyes del futuro a raíz de lo sucedido en el pasado. No obstante, no están limitadas a las opiniones de la mayoría de una generación, sino que en nombre de la Mishná se puede aceptar la decisión de una minoría, o el dictamen de un rabino del pasado.

Habiendo dicho esto, debo añadir que este trabajo representa mi opinión personal como rabino que habla de forma independiente, y en ningún lugar refleja las opiniones del movimiento conservador.

Ahora vamos a examinar la cuestión planteada y su solución de acuerdo a la Halajá: ¿cuáles son los requisitos legales para el regreso oficial de los anusim, o criptojudíos, a la comunidad judía? Mientras que esta pregunta puede parecer no ser relevante, justa o razonable a muchos anusim, es una pregunta esencial dentro de los parámetros legales del judaísmo. En esencia, está directamente relacionada a la cuestión de estatus: ¿quién es judío y cuáles son los elementos esenciales de identidad judía? Las respuestas a estas preguntas afectarán todos los aspectos a los anusim dentro de la vida religiosa judía actual, su participación en la sinagoga y el matrimonio con otros judíos.

Antes de presentar mi propia propuesta, examinaremos los dos teshuvot modernos, la solución rabínica, la cual también responde, de forma limitada, a la pregunta de cuáles son los requisitos para el retorno de los anusim. La primera solución que veremos fue escrita por el Rabino Mordechai Eliahu (1994), anterior Gran Rabino de Israel, y la segunda es del rabino Aaron Soloviechik (1994), Rosh Yusiva del Brilk Rabbinical College, de Chicago. Ambos son prominentes rabinos ortodoxos. Las dos soluciones fueron escritas como respuesta a las preguntas formuladas por la doctora Shulamith Halevey, y están publicadas en su página Web.

La teshuva de Rabi Eliahu es simple y directa. Dice que se deben seguir los siguientes pasos para el retorno de los anusim al pueblo judío: completar el aprendizaje de la Torá, aceptar todos los preceptos, recibir una circuncisión y hacer la inmersión en la mikvah. Después de estos pasos la persona recibe un certificado que indica que ha regresado oficialmente a la fe de sus antepasados. En otras palabras, que aparte del certificado, Eliahu requiere todos los requisitos debido a que ha pasado mucho tiempo desde las conversiones forzadas al cristianismo, y por la posibilidad de que se hayan producido matrimonios mixtos durante las generaciones posteriores.

Quizás el aspecto más impactante de la teshuva de Eliahu es que él reconoce la conexión judía de los anusim a pesar del paso del tiempo y de sus dudas con relación al linaje materno. Al hablar de los rituales necesarios para el proceso de regreso Eliahu utiliza la palabra retorno en lugar de conversión, y como dijimos anteriormente, el certificado que dice debe ser concedido no es un certificado de conversión, sino un "certificado de retorno".{mospagebreak}

La propuesta de Soloveich, por otro lado, aunque también breve, no es simple en absoluto. Inicialmente indica que los anusim deben ser tratados como judío en todos los aspectos (formar parte de un miniam, aliyot, etc.). Estos rituales son importantes, porque ambas mitzvot (obligaciones religiosas) requieren que el participante esté tan obligado a seguir la ley judía  como los otros participantes. Permitir que los anusim retornados formen parte de estas actividades, sin necesidad previa de haber hecho conversión o ritual de retorno, es una forma de reconocer abiertamente que los anusim son completamente judíos.

Sin embargo, él mismo se niega después a aceptarlos como miembros de la comunidad, puesto que exige una conversión si el anus desea casarse con una persona judía. A diferencia de Eliahu, Soloveichic explícitamente usa el término "conversión" en lugar de "retorno". En su caso dice que se debe hacer una conversión completa. Este requisito, utilizando la palabra "conversión" contradice su argumento anterior sobre la identidad judía de los anusim, puesto que el requisito de la conversión significa que no son judíos en absoluto y que, por lo tanto, no deberían formar parte de un miniam, o ascender a la aliyá para leer de la Torá.

Este punto de vista es sin duda contradictorio. No existe precedente en la tradición legal para que se considere a un individuo judío, explícitamente apto para realizar las obligaciones de todo judío, y por otro lado ser tratado como si no fuera judío, y exigirle una conversión cuando quiera casarse dentro de la comunidad judía.

La teshuva de Eliahu se ajusta perfectamente a la rígida interpretación ashkenazi de la ley judía con relación al retorno de los anusim. Figuras ashkenazi como Rashi o Rama, mientras que reconocen la herencia judía de los anusim, requieren que pasen por rituales idénticos a los requeridos a los conversos al judaísmo. Eliahu no cita la solución sefardí de Solomon ben Simón Durán (1400-1467). Acepta el dictamen de Durán, aunque solamente en el sentido de que el anus debe ser recibido con cariño, y en que la ceremonia debe ser de regreso en lugar de conversión. Rechaza la opinión de todas las otras fuentes rabínicas medievales sefarditas de que no sea necesario un ritual de conversión. Estos dos puntos de vista representan la suma total del pensamiento rabínico que he encontrado durante mi investigación sobre el regreso de los anusim a la comunidad judía. Sin embargo es importante señalar que no representan todas las posibles y legítimas propuestas sobre el asunto del retorno de los anusim. Ahora examinaremos otro punto de vista diferente, mi sugerencia personal, como respuesta a esta cuestión.

Como he comentado anteriormente, los actuales puntos de vista siguen los requisitos ashkenazi para los anusim. Pero los anusim no son de origen ashkenazi, sino sefardí. Ya se sabe que ambas experiencias históricas son diferentes, y no debe sorprendernos que el punto de vista ashkenazi sea diferente al sefardita. Esto ocurre por el hecho de que la halajá es por naturaleza situacional y dinámica, en lugar de universal y estática (estas visiones diferentes y las razones de que existan fueron examinadas en mi trabajo del año pasado). Creo, por consiguiente, que deberíamos tomar en cuenta el punto de vista sefardita antes que el de los rabinos ashkenazi, puesto que ellos hacen las leyes basadas en las realidades de su comunidad.

En esencia, podríamos también plantearnos si es aceptable que los anusim que regresan al judaísmo participen en su totalidad en las actividades religiosas como miembros de la comunidad judía. Por lo tanto, primero examinaremos el requisito de los anusim vis-a-vis con las leyes de conversión.

La conversión al judaísmo tradicionalmente (para los conservadores y los ortodoxos) consiste de tres elementos (para el hombre) o dos (para la mujer) y pasos esenciales, como indica Joseph Karo en la página 268 de Shulchan Aruch Yoreh Deah. Un converso debe pasar por milá, tevilá y kabalat mitzvá. En otras palabras, tiene que tener una circuncisión, sumergirse en una mikvá y aceptar todos los preceptos en presencia de un Bet Din (un tribunal de al menos tres rabinos; técnicamente el Bet Dim tiene que ser testigo de todos los aspectos de la conversión, pero Karo indica que en práctica, si el Bet Din está presente únicamente cuando el converso acepta los preceptos, o mitzvot, la conversión es todavía válida). La mujer tiene que pasar por tevilá (inmersión) y kabalát mitzvá (aceptar los preceptos). Todos estos pasos son necesarios o la conversión no se considera válida, la única excepción es cuando un hombre ya había sido previamente circundado. En ese caso se debe derramar una gota de sangre en un ritual llamado hataf dam brit. También es común negar la conversión al individuo tres veces, y todavía la mayoría de los rabinos exigen un gran periodo de estudio de un año o más antes de que los rituales se lleven a cabo. Cada paso para el ritual, como se presentan en Shulchan Aruch, será examinado en relación al retorno de los anusim.{mospagebreak}

El primer paso hacia la conversión es el requisito de rechazar a los aspirantes a la conversión. Schulchan Aruch explica que se debe decir al solicitante que el pueblo de Israel es un pueblo oprimido y odiado. Si aún así se desean convertir son aceptados y entonces comienza el proceso. Este paso de la conversión está omitido en las fuentes ashkenazi y sefarditas. No hay requisito de rechazar al anus puesto que ambos puntos de vista reconocen la conexión histórica entre los anusim y la comunidad judía.

Tras resistir el rechazo, se le forma en la ley judía como preparación a kabalat mitzvá, la aceptación de los preceptos. La kabalat mitzvá se realiza en presencia del Bet Din. Curiosamente, Karo no exige que la persona tenga que recibir una formación religiosa muy rígida, sino es suficiente que reciba una formación básica de la religión judía y cómo observarla.

Las fuentes sobre anusim presentan una interesante variedad de opiniones en cuanto al requisito de la formación, pero siempre se exige kabalat mitzvá. Las fuentes sefarditas explícitamente indican que ni la formación ni kabalat mitzá son necesarias. En las palabras de Solomon ben Simón Durán:

Como está claro que los anusim están considerados prosélitos, no tenemos que enumerarles todos los preceptos y los castigos por no seguirlos (como se debe hacer con los gentiles que deseen hacerse prosélitos). Esto es obvio, puesto que si le dijera (como a un gentil que solicita la conversión) que si (el anusim) no acepta los preceptos denegaremos la conversión y estará exento de seguirlos como gentil... ¡qué D-os no quiera que esto se le ocurra a nadie, puesto que el anus ya está tan obligado a seguir los preceptos como el resto de los judíos!

Durán explica que no es necesario llevar a cabo la formación ni tener que aceptar los preceptos porque el anus, en sus propias palabras, forma ya parte de la casa de Israel.

Siguiendo el aprendizaje de mitzvot, el próximo paso del proceso, de acuerdo a Karo, es tevilá, o sumergirse en la mikvá. Tradicionalmente el prosélito se sumerge una vez, y entonces recita las bendiciones  o, berajot, y se sumerge dos veces más. Las fuentes ashkenazim exigen que todos los anusim hagan tevilá. Las fuentes sefarditas de Rambam indican que ese paso de sumergirse en la mikvá es algo innecesario. Durán explica que como los anusim son israelitas, no deben hacer el baño ritual.

El paso final de la conversión comentado en Shulchan Aruch como parte de la conversión es milá. La circuncisión de un prosélito va acompañada de una berajá – Baruch Atá Hashem Elokainu Melej ha-olam asher kidshanu b’mitzvotav vitzivanu lamul et gerim (bendito seas, señor, nuestro D-os, rey del universo, que nos has bendecido con mitzvot, y nos diste los mandatos de la circuncisión de los prosélitos). Karo añade que si el aspirante ya ha sido circundado hará hatafat dam brit en su lugar.

Brit Milá se traduce literalmente como un símbolo del contrato con nuestro padre, Abraham, mientras que la circuncisión es obligatoria para el prosélito, el anus, y para todo hombre judío que no haya sido circundado anteriormente, las palabras de la berajá es una indicación de que el anus en miembro, en su totalidad del pueblo judío. {mospagebreak}

Las dos cuestiones finales: la sinceridad y descendencia.

Hay dos cuestiones más que tenemos que examinar por último. Deberíamos prestar atención a la sinceridad con la que se hizo la conversión inicial al catolicismo por el antepasado del anus en la España del siglo XIV o XV, y si deberíamos aceptar solamente a los anusim que puedan demostrar su origen judío por línea materna, supongo que desde… Moshe Rabeinu.

Las autoridades rabínicas antiguas, tales como Rivash, Rabi Isaac ben Sheshet, exigen que se examine cuidadosamente al anusim que quiere regresar al judaísmo (Resp. 11). Creen que sólo en el caso de quienes fueron convertidos a la fuerza, y quienes aceptaron el cristianismo involuntariamente deben ser aceptados de vuelta. Sheshet explica que hay dos tipos de anusim; quienes quisieron la conversión, renegando de la Tora, cortando su conexión con la Tora, y que por su propia voluntad siguieron el camino de la idolatría y la trasgresión de los mitzvot de la Tora.; o aquéllos que habrían dejado España si hubieran tenido la oportunidad. El primer grupo no formaría ya parte del pueblo judío y sus descendientes no serían aptos como testigos, mientras que el segundo grupo seguiría siendo judío y sus miembros, serían por lo tanto Kosher como testigos.

El punto de vista de Rivash solamente cubre a los individuos que hayan hecho la elección de la conversión. No habla sobre sus hijos. Las autoridades rabínicas posteriores sí cubrieron el asunto de los descendientes de los anusim, y no hace distinción entre los dos grupos de Rivash, puesto que los hijos de los anusim del primer grupo no son responsables por las decisiones que tomaron sus padres. Sadaya Ibn Danan y otras autoridades sefarditas comparan esta situación con la de los niños judíos que crecieron bajo custodia de cristianos, y que, por lo tanto no tienen la culpa del cristianismo de los adultos con quienes crecieron.

La respuesta a la segunda de estas cuestiones es más compleja. Por más de dos milenios los judíos se han remontado su identidad tanto como parte de una religión y de un pueblo a través del linaje materno. Aun así, el exigir este requisito a los anusim es como poner una pancarta que diga “no está permitido el paso… por lo menos sin una conversión en todos los sentidos de la palabra”. El punto de vista sefardí al menos abre un camino. Mientras que Durán en lo que es una de las soluciones más liberales dice que los anusim que puedan demostrar su origen por parte materna serán aceptados hasta el final de todas las generaciones, Ibn Danan es mucho más flexible en este aspecto. Danan mantiene que no se debe hacer ningún tipo de investigación en la genealogía del anusim para averiguar si su madre era o no judía.

Debemos también señalar que casi todas las opiniones sefardíes ven prácticamente como una obligación el aceptar con los brazos abiertos a los anusim. Durán dice que no debemos asustarlos o confundirlos, sino tratarlos con cariño, porque esta persona está, al igual que los otros judíos bajo el juramento hecho en Sinaí. Danan captura, sin duda, los sentimientos actuales de los anusim cuando dice que si los marranos (su palabra) son considerados  gentiles y quienes regresen al judaísmo prosélitos, se debilitará el deseo a volver... los marranos no deben ser recibidos como extraños, sino como uno de los brethren. Deben sentir que están volviendo a casa…  en realidad cuando pensamos en linaje todo el pueblo de Israel es brethren. Todos somos hijos de un padre. Siempre tendrán el peso de la ley sobre sus hombros y nunca se podrán despojar de ella. Joseph Karo, en Bet Yosef indica que los anusim no deben ser disuadidos de volver al judaísmo bajo ninguna circunstancia.

Algunos rabinos contemporáneos han exigido una Ketubá. (documento de matrimonio judío) o algún otro documento que acredite la identidad judía del anusim. Es completamente injusto que quienes mantengan su identidad oralmente o por sus acciones sean castigados, cuando es evidente que las pruebas por escrito estaban en posesión del opresor (como por ejemplo las autoridades españolas o el Santo Oficio de la Inquisición). La ironía en este caso es que el opresor estuvo a cargo de todos los documentos que ahora exigen algunos rabinos. Además, según señala Hordes, es muy poco probable todavía existan dichos documentos, puesto que seguramente ya habrán desaparecido o habrán sido destruidos.

También han tomarse en cuenta factores fuera de la ley judía. La historia de la persecución contra los judíos y que escondieran su identidad durante 600 años es un hecho conocido universalmente. Por lo tanto se puede probar que: 1) los anusim pueden ser identificados como un segmento escondido de la población judía desde hace más de medio milenio. 2) los anusim se consideran parte del pueblo judío a pesar del peligro que supone ser parte de este pueblo y a pesar de haber sido apartados del mundo judío. Los anusim también han mantenido una notable dedicación a las enseñanzas y a los rituales de la tradición judía, manteniendo todo lo que han podido, a pesar del peligro y de estar aislados. Y a menudo el  trato de rechazo que reciben de la comunidad judía es una injusta recompensa por su persistencia heroica a pesar de la persecución, del miedo y de que el paso del tiempo les siga poniendo a prueba.

Basándonos en lo comentado anteriormente, mi opinión es que debería considerarse lo siguiente.

A consecuencia de su peculiar historia los anusim que han mantenido su identidad judía, creencias y prácticas en secreto, aún con el gran peligro que esto conllevaba, y puesto en las palabras de R. Solomon Durán, los anusim han formado siempre parte del pueblo judío, y por lo tanto la ceremonia de conversión no es necesaria. Tampoco es necesario investigar la genealogía de los anusim que quieran retornar al judaísmo para demostrar que su origen es por parte materna. De todas formas se aconseja su formación en el judaísmo, como para todos los judíos, con el fin de que los anusim que regresen puedan jugar un papel importante en la vida de la sinagoga. También puede ser ventajoso desarrollar un ritual de retorno dentro de la congregación como forma de celebración y formalización del regreso.

Como todos los adultos judíos, aquellos anusim que deseen retornan deben ser circundados, o pasar por hatafat dam brit, usando las mismas bendiciones que se usan para brit milah el octavo día después del nacimiento de un niño judío.

Es una obligación de todos los judíos el recibir con los brazos abiertos a nuestros hermanos y hermanas de la comunidad anusim para facilitar el regreso a la comunidad judía si desean volver.

David Kunin es un rabino de Temple Ohr Shalom, de San Diego, una congregación con muchos miembros criptojudíos. El presidió nuestra conferencia del 2002.

Sociedad de estudios criptojudíos

Mayo 2008