Testimonios

Ahara Nazareth: 'Soy judía desde que tengo consciencia'

Me llamo Ahara Nazareth y soy judía desde que tengo consciencia. Lamentablemente, no a nivel institucional ni con el reconocimiento de una sociedad ni con la formación o los credos propios del Judaísmo, pero sí mental y emocionalmente, gracias a mis padres y a la educación y conocimientos que me han trasmitido desde que nací. Mis padres fueron criados en una cultura cristiana católica, y su juventud transcurrió en ese entorno familiar propio de la mayoría de familias cacereñas en aquellos tiempos y hasta se casaron, jóvenes como eran, por el rito cristiano católico.


No fue hasta después de casados, teniendo mi padre alrededor de veintidós años, que, investigando sobre sus raíces familiares, llegó a la conclusión de que tenía antepasados judíos, y así empezó a estudiar el Judaísmo, obviamente limitado por los pocos medios de la época, pero con paso firme, hasta que un día decidió que se quería convertir. Mi madre le siguió sin dudarlo.
De su matrimonio nacieron dos niños: Mi hermano mayor, Jacob, y yo.

Tengo recuerdos desde pequeña de celebrar el Shabat, de la oración antes de comer, de mi padre leyéndonos los Salmos (los leía cantando) al pie de la ventana mientras mi hermano y yo nos quedábamos dormidos escuchándole, de recibir enseñanzas de mi padre basadas en la palabra de Dios...

Soy consciente de que mi padre era autodidacta en todo esto y de que seguramente no practicábamos bien los ritos y costumbres (nadie le enseñó y muchos de ellos ni los conocemos), pero siempre lo hizo y lo hace con todo el cariño y amor por sus hijos, intentando transmitirnos su pasión.

Así pues, desde que tengo consciencia, tal y como he dicho, más allá del formalismo de las instituciones y el reconocimiento de la comunidad judía como una más, me siento plenamente judía. Obviamente deseo formalizar mi situación y dar todos aquellos pasos necesarios y que me faltan dentro de la comunidad para poder ser también formalmente, y no sólo mentalmente, reconocida como tal.

Pero volviendo a mi pasado, debo decir que mi experiencia no ha sido ni es fácil.

Desde el primer momento, siempre hemos sido advertidos por mi padre sobre los riesgos de decir abiertamente que somos judíos,sobre todo en mi ciudad, Cáceres, y ello por la falta de comprensión, el miedo a lo distinto y los prejuicios de esta sociedad, todo ello consecuencia de lo que considero falta de cultura y educación.

Así lo he vivido en mis propias carnes:

Una profesora de un colegio público se empeñaba en hacer que los alumnos rezasen el Padre Nuestro, siendo que cuando yo no lo hacía se metía conmigo y con mi nombre, siendo precisa la intervención de mis padres.

He sufrido los ataques de padres de amigos de la infancia tras contarles, toda confiada yo, que era judía.

He visto mi nombre y el de mi hermano pintados en la fachada del colegio llamándonos “cerdos judíos”.

Mi padre se ha tenido que defender de vecinos que le insultaban porque tenía la estrella de David en su casa.

Hasta familiarmente hemos sentido el desprecio. Sin ir más lejos, la familia de mi madre, sobre todo, no aceptó que no se nos bautizase ni se nos educase en el catolicismo, sufriendo desplante tras desplante.

Podría contar muchas más anécdotas, pero creo que no es necesario. Todos nos hacemos a la idea de cómo se puede comportar la gente frente a alguien que es distinto a ellos. Todo es prejuicio y ninguna gana de conocerte como ser humano más allá de la imagen que ya se han formado.

Y así llegamos a mi mayoría de edad.

Como consecuencia de mis experiencias anteriores, he mantenido reservas y precaución, y realmente poca gente con la que he coincidido ha sabido que era (o me sentía) judía. El tiempo me ha dado la razón al ser reservada. Ejemplos hay muchos:

No sólo la gente critica sin conocimiento sobre temas religiosos, sino que es habitual escuchar comentarios despectivos en conversaciones de terceros sobre el asunto palestino-israelí, comentarios de personas que creen saberlo todo cuando en realidad no saben nada. Hasta yo misma no me siento con libertad para hablar de ello por miedo a equivocarme. Sin embargo, en este asunto casi todos opinan y pocos con objetividad, denotándose un desprecio hacia el pueblo judío que no tiene fundamento. Con respecto a utilizar la palabra «judío» como insulto ya ni hablamos.

Pero seguro que esto que cuento no les suena extraño.

Esta situación no es fácil de llevar en una ciudad como Cáceres.

Supongo que en una ciudad más grande seguramente hay comunidades enraizadas en las que sus miembros se conocen, se reúnen y se apoyan.

Esto no sucede en mi ciudad.

Aquí no hay una comunidad judía, al menos que yo conozca. Por no haber no hay un sitio al que acudir o donde reunirte con tus semejantes en busca de apoyo, consejo, o ya sencillamente para hablar u orar. En la parte antigua de Cáceres existe una zona denominada el «Barrio judío», pero de lo que antaño fue la zona de residencia de los judíos de mi ciudad, ya sólo quedan cuatro piedras conmemorativas y una sinagoga transformada en ermita. No hay posibilidad de celebrar en comunidad las festividades judías. El hecho de celebrarlas en soledad o con tu familia cuando puedes coincidir con ellos hace que valores y añores aún más la existencia de una comunidad.

Lo cierto es que a mis treinta y un años no he sido iniciada, al igual que mi familia, en la comunidad judía como un miembro más pues ni siquiera hemos tenido acceso a un rabino, a una escuela, o a una formación básica que acabe llevando a la integración en una comunidad. La soledad ha sido lo habitual, y no ha sido hasta ahora, gracias a las nuevas tecnologías, que poco a poco voy conociendo personas que me ayudan a abrirme camino. Paso a paso.Sin prisa pero sin pausa. Añoro lo que nunca he tenido: una comunidad judía de la que sentirme parte. Mi más inmediato sueño, mi mayor deseo, es visitar Israel: siento la imperiosa necesidad de pisar la tierra que considero mi hogar, mi nación, y si puedo ayudar, ya sea en calidad de voluntaria, o de cualquier otra manera, mejor aún.

Igualmente deseo poder ayudar a aquellos que se encuentran en mi situación, poder decirles lo que deseo fervientemente que alguien me diga a mí: que no están solos, que tienen hermanos que les comprenden y les apoyan, y que sólo tienen que extender la mano. Sé de la dificultad de todo esto, pero como ya dije, paso a paso.

Y por supuesto, espero finalmente llegar a ser miembro de la gran familia judía. Con su ayuda espero lograrlo. Shalom.

Ahara Nazareth