BADALONA

Carta de la presidenta de Tarbut Avilés

Por Teresa Mazal.

En la península Ibérica, durante la oscura Edad Media europea, convivieron tres religiones y culturas distintas: la judía, la cristiana y la musulmana. Era un territorio plural al que todos daban nombres diferentes: Sefarad, los judíos, Hispania, los cristianos y Al Ándalus, los musulmanes. En aquel territorio de las Tres Culturas coexistían armónicamente los mejores pensadores, científicos y artistas del momento.

Ya en el año 905, Avilés es citado por la Historia como el más importante acceso por vía marítima a la región de Asturias. Este enclave comercial, segunda ciudad en importancia de la región en el siglo XII, se vió favorecido cuando Alfonso VI concedió a la villa el fuero de Sahagún que convertía a Avilés en señorío de realengo y otorgaba a sus vecinos, entre otros privilegios, el de no pagar impuestos de tránsito desde la mar hasta León. En sus murallas se abrigaron gran número de mercaderes y comerciantes dedicados principalmente a la importación de sal que viajaban hasta Francia (Bourgneuf y La Rochela), Portugal (Alcácer do Sal, Setúbal, Aveiro) y Andalucía (Puerto de Santa María), o al comercio de vinos y paños relacionándose con los grandes centros comerciales de Flandes. A buen seguro sus calles de piedras húmedas vieron transitar a algún hijo de Israel, pues no es difícil suponer que en tan importante y bulliciosa localidad mercantil se asentaran comerciantes judíos.
Las incursiones por los portafolios amarillentos del archivo histórico de la ciudad, según Miguel Solís Santos me comentara, gran conocedor de la historia de Avilés, escritor, pintor, profesor y amigo, dieron a la luz el nombre de uno de estos hombres de comercio judíos. No sería de extrañar que una búsqueda más minuciosa pudiera aportar más datos reveladores.

Si en algo pudiera asemejarse el Avilés actual al de aquella época de navíos y alfolíes, de ir y venir de toda suerte de mercadurías por sus muelles es el constante fluir de gentes de todas partes. Primero, amparados al abrigo de su siderurgia, llegaron de todos los rincones de España. Actualmente el fenómeno de la emigración que poco a poco va haciendo el mundo más pequeño y a los representantes de las diversas culturas que lo conforman más cercanos, tampoco le es ajeno a esta ciudad, integrada en la Sefarad medieval que también debe parte de las características que la hacen diferente a su herencia judía.

Espero de corazón que entre todos y todas los que poblamos Avilés contribuyendo a darle vida y colorido, podamos recuperar para la historia su tan poco documentado pasado judío, y cómo no, crear un clima de acercamiento al judaísmo de la actual Sefarad. Sólo conociéndonos se pierden los miedos y recelos, nada más que el entendimiento mutuo puede hacer revivir aquella armonía cultural, puente para la paz entre las naciones.

Shalom!!
Teresa Mazal G-R. Walter