BOCAIRENT

Carta del presidente de Tarbut Bocairent



BOCAIRENT
Valencia

ARTURO PÉREZ

Queridos amigos: Tengo el gusto de presentarme a vosotros como la persona con la que primeramente tendréis ocasión de hablar sobre vuestras inquietudes e ilusiones referidas al Judaísmo, como realidad social, como realidad cultural y como realidad religiosa, y también sobre vuestro posible deseo de formar parte de dicha Comunidad.

Vuestra entrada en estas páginas muy posiblemente obedezca a que en vuestros corazones comienza a despuntar la semilla de la inquietud por una posible conversión. Ahora bien, ser judío no es exactamente una forma de practicar una religión, sino una forma de sentir dentro de esa religión. Es una forma de vida, una nueva forma de vida que abre el corazón a las bendiciones que nuestro D-os siembra en él para que, germinando, nos ayuden a crecer como hombres y mujeres un poco más justos.

No es casualidad que una respetable parte de los premios Nobel hayan sido concedidos a judíos.

El camino hacia el Judaísmo es curiosamente inexplicable. Obviando a los que ya pertenecen a una familia judía, la llamada no viene por un camino concreto...a unos les viene porque en su familia algo parece que hubo en generaciones anteriores (que no es mi caso, creo). A otros, porque les puede resultar atrayente los diversos rituales que se conservan y mantienen generación tras generación, y cuyo origen se remonta a tiempos inmemoriales (tampoco es mi caso).

Otros casos, como sí que es el mío, hemos llegado a este punto a partir de la admiración que ha despertado en nuestros corazones la epopeya del pueblo judío a lo largo de la historia, desde su expulsión de Judea pasando por la Diáspora por todo el mundo hasta su retorno formalizado en el año 1948 con la creación del Estado de Israel, Eretz Israel. La épica recogida en la película Éxodo, la defensa a vida o muerte de su territorio durante las guerras contra la intransigencia árabe, en especial la Guerra de los Seis Días y la Guerra del Yom Kipur... todo habla sobre el vital deseo, la necesidad incuestionable, de recuperar y de conservar su tierra.

La tragedia de la Shoá narrada en la bendita película La lista de Schindler... personalmente, esta última me marcó más que profundamente... Steven Spilberg, su director, decía que esa película había supuesto un antes y un después en su vida. Yo afirmo que no sólo produjo en mi corazón un "cambio", sino más bien una verdadera "Transmutación"... esto lo digo con frecuencia, ya que realmente mi corazón pasó de ser una cosa vulgar y corriente a algo noble y hermoso, como cuando los alquimistas transformaban el plomo en oro (que ya sabemos que es literatura, por supuesto)

¿Cómo es posible que el sentimiento de pertenencia al grupo religioso ha sido tan fuerte que el judío ha preferido su inmolación antes que renegar de su fe...? A partir de esta pregunta, he ido conociendo poco a poco al pueblo judío, he conocido amigos judíos, he intercambiado ideas e impresiones con ellos. Y me he dado cuenta de que es muy difícil que un judío que vive dentro de un ambiente judío y con una familia judía, es muy difícil que pueda ser infeliz, y más difícil todavía que pueda abandonar ese estilo de vida. Por supuesto, hay gente para todo, y muchos son los que han dejado de ser judíos, como ha sucedido con la mayoría de las personas de cualquiera de las religiones activas en el Primer Mundo, en esta corriente tumultuosa de secularización que recorre nuestras sociedades.

Parece como si la manera de agradecer a D-os las bendiciones con que nos ha colmado a los de este Primer Mundo, fuese alejarse de Él y olvidarlo.

Y claro, así nos va.

El caso es que se empieza a ser judío por la cabeza. Con formación, con aprendizaje, incluso del hebreo, que en absoluto es lengua muerta. Literatura que ayuda a entender conceptos, a desarrollar razonamientos con sentido, a atar cabos de ovillos correctos. A cultivar nuestra inteligencia para de esta manera no caer en la necedad de querer saber más que cualquiera y estar diciendo solamente tonterías.

Y ahí es donde surge Tarbut Sefarad, como una organización cultural encaminada a esa formación del intelecto en el Judaísmo. Y precisamente es en España donde mayor carga cultural dejaron aquellos que se vieron obligados a salir de sus casas, sus tierras y sus gentes. Recuperar, poner en negro sobre blanco su historia, su intrahistoria, la de aquellos que calladamente en su trabajo día a día hicieron que el sedimento cultural que nos legaron fuese inmenso, pese a su forzado éxodo inhumano.

Porque Tarbut Sefarad no es una organización religiosa, ni una sinagoga... es sólo una asociación cultural, y ante todo abierta a personas de cualquier religión y credo, pero que demuestren un interés por la cultura judía.

Pero a la vez también es la vía de entrada a la formación intelectual del aspirante a su conversión. Porque como hemos repetido anteriormente, ser judío empieza por el intelecto, inflama el corazón, y se vive en familia y comunidad.

Y también, como ayuda adicional obligada a todo buen judío, es puerta de entrada para poder alcanzar una conversión, aunque la intervención de Tarbut Sefarad en el proceso de conversiones se limita a la mediación, dado que este es un ámbito exclusivo de la autoridad rabínica. Consultad este aspecto, pero no olvidéis vuestra formación.

Espero que esta larga carta os haya ayudado un poco más a mirar dentro de vuestro corazón. Y si queréis iniciar este camino, si precisáis de una pequeña ayuda, podéis contar conmigo porque yo también estoy como vosotros, empezando a recorrer este hermoso camino de perfeccionamiento personal. Ni me planteo cuándo podrá llegar el momento culmen de mi conversión, ya que en este caso, precisamente en este caso, lo hermoso es el camino, el aprendizaje, vivirlo. Y en eso estamos.

Os envío mis mejores saludos.

Arturo Pérez
16 de mayo 2010

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