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Diana Sofia Gurny [Judaísmo y Psicoanálisis] ¿Hasta dónde llegó la identificación de Freud con su pueblo?. ¿Acaso se puede explicar su construcción del psicoanálisis desde la perspectiva de la visión del mundo propia del pueblo judío? Para Erikson, la ambición de unicidad en la realización intelectual de Freud no era solamente yo-sintónica, etno-sintónica, sino casi una obligación para con su pueblo. "Entre la vida psíquica del individuo y del grupo no hay simplemente una analogía, sino una virtual identidad. De manera colectiva, también el grupo expresa la memoria de acontecimientos profundos experimentados en una etapa precoz de su historia y los transmite filogenéticamente a través del inconciente." (Yerushalmi, 1991:80).
SUS NOMBRES
Sigismund Schloimo Freud Nathansohn, que, a los veintidós años, habría de cambiar ese nombre por el de Sigmund, nació el 6 de mayo de 1856 en Pribor (Freiberg), Moravia en la zona bohemia (la actual República Checa), hijo de Jakob Freud, quien procedía de un medio jassídico de Galitzia, que le puso el nombre oculto Schloimo (Salomón), escrito en yiddish con caracteres hebreos, para el brit.(Delahanty)
Según Blum (1989), la herencia de los nombres bíblicos media en el proceso de socialización de Freud. En este sentido, Wolf-Felder (1991) elaboró la relación de los nombres de Salomón, José, Jacobo, desde una interpretación psicoanalítica-filológica. El nombre Schloimo está relacionado etimológicamente con Shalom, que significa paz en hebreo. Es interesante su análisis de los significantes del nombre oculto de Freud con su apellido materno, Nathansohn. En este sentido encuentra que es un derivado del nombre de Nathan, profeta que transmitió su mensaje al constructor del templo. El yo de Freud se oculta en los Josef de su espacio vital. Derrida sostiene que "Freud tenía sus espectros, lo confiesa a veces. Nos hace partícipes de su verdad. Tenía los suyos y les obedecía (Jakob, Shelomoh, Moisés y algunos otros)" (Derrida, 1994:97).
Yerushalmi reflexiona que Freud, en su imagen pública, admitía que solamente había recibido una magra educación religiosa judía; en el hogar de los padres había una mínima observancia judía, y nunca supo hebreo ni yiddish. Su madre Amalia hablaba en un alemán apenas desligado del yiddish. En el yiddish se manifiesta la transmisión de la esencia de la identidad judía. También Yerushalmi demuestra la estructura invisible del judaísmo de Freud en su manifestación privada; a saber, contó trece palabras yiddish en su correspondencia.
Freud fue instruido por su padre en la Tora y estudió hebreo y la historia de la religión judía con Samuel Hammerschlag. Antes de cumplir nueve años estuvo inscrito en una escuela judía privada. Es posible que la lectura de la Biblia sea la fuente de la afición de Freud por los libros; a raíz de su sueño de la monografía botánica, escribió: "...siendo estudiante, se desarrolló en mí una predilección franca por coleccionar y poseer libros". En los estantes de la biblioteca de Freud se encuentran libros subrayados, algunos con escasas marcas y otros sin uso (Brückner, 1975).
La Biblia Israelita de Philipson, establecida de manera bilingüe en yiddish y alemán, le sirvió a Freud para ilustrar el contenido sexual en el simbolismo vegetal de las semillas con el relato del jardín de la doncella en El cantar de los cantares. "desde el punto de vista de lo que hace al judío y que lo vincula, independientemente de sus creencias y sus opiniones, no hay para Freud diferencia sustancial entre las historias de la Biblia, las narraciones del Talmud y las inagotables jüdische Witze en los que el pueblo hace sin cesar su propia sátira" (Robert, 1974: 48). Hay un libro de humor que trata de las recetas de cocina de Freud y sus discípulos.
EL PSICOANALISIS Y EL TALMUD
En los sueños, los lapsus, y algunos acontecimientos absurdos presentados en el Talmud, conviven leyendas que acentúan "las menores cosas de la vida, aun las más insignificantes o las más triviales en los asuntos humanos, eran dignas de atención y, sobre todo, dignas de un pensamiento correcto" (Robert, 1967: 96). La obra de Freud, según la autora, es considerada como el último párrafo del Talmud. (Talmud es el comentario de la ley mosaica). David Rapaport (1959) considera que los métodos de asociación e interpretación en el psicoanálisis están vinculados con los métodos del Talmud. "La frase aramea estereotipada, que introduce la interpretación talmúdica, dice así: ‘¿Qué desea él dejarme oír?’ (p. 19).
Merani concluyó que en la tradición judía la interpretación de los sueños es fundamental, porque es un medio para conocer a Dios; por ello los rabinos también se ocupan de los sueños. Merani transcribe una frase del Talmud: "aunque haya escondido mi rostro a Israel, quiero comunicar con él por medio de sueños" (Khag, 5 b, citado en Merani, 1974:98).
Freud acudió a la cultura judía para ilustrar sueños, ya sea desde la colección de los propios o los sueños de otros. Es evidente el contenido judío en el material onírico de Freud: "en el material de que está tejido el sueño, pueden reconocerse dos de esas risueñas anécdotas judías que esconden una sabiduría de la vida tan profunda, muchas veces amarga, y que de buen grado citamos en nuestras conversaciones y cartas" (Freud, 1900:209).
La posición de Freud con respecto a la religión judía, es elocuente en su famosa carta a la B’nai B’rith, en la que Freud hace tres aseveraciones, la segunda quizás excesiva.
La primera: que se siente alejado de toda religión. La segunda: que por lo tanto se siente alejado igualmente de la religión judía. Chirría aquí la voz “igualmente”, sobre todo porque es emitida por quien formula la tercera afirmación: que se asume como miembro del pueblo judío. Freud siente que “en su naturaleza esencial, es un judío", compartía lo que él llamaba “el tesoro secreto” de los israelitas. En su momento, le envió al padre del sionismo político, Teodoro Herzl, una copia de su obra, con una dedicatoria en la que le agradece “al poeta y luchador por los derechos humanos y de nuestro pueblo”.
El abuelo de Martha Bernays, padre del suegro de Freud fue el “Jajám” Isaac Barnays( 1792-1849), rabino de Hamburgo y precursor de la llamada neo-ortodoxia, quien tuvo por discípulo al célebre rabino y exegeta Shimshom Rafael Hirsch.
Gérard Haddad sostiene, en su original libro El hijo ilegítimo (1990), que el psicoanálisis creado por Freud, es vástago del pensamiento talmúdico. En su libro –subtitulado Fuentes talmúdicas del psicoanálisis- afirma Haddad que el inconsciente en el sentido freudiano fue presentido por los sabios del Talmud, a quienes Freud habría permitido laicizar. Sería típico tanto de la visión talmúdica como de la freudiana, que dos pensamientos que en el discurso se expresan juntos, aun cuando no tengan relación aparente, exigen la interpretación de su vínculo. Esta interpretación no reduce a ninguna de las partes, sino que destaca la relación entre ellas.
Continuará...
Diana Sofia Gurny Psicóloga - Psicoanalista
REFERENCIAS
- Blum, Harold P. (1989), "Freud and the figure of Moses: the Moses of Freud", American Journal of Psychoanalysis Association, vol, # p. 513-535.
- Brückner, Peter (1975), Sigmund Freud’s Privatlektüre, Köln, Verlag Rolfhorst.
- Delahanty, Guillermo del artículo Freud y su pueblo.
- Derrida, Jacques (1994), Mal de archivo. Una impresión freudiana. Madrid, Editorial Trotta.
- Erikson, Erik Homburger (1949), "El espécimen del sueño en el psicoanálisis", en: Erik H. Erikson. Un modo de ver las cosas. Estudios selectos de 1930 a 1980. Stephen Schlein (comp). México, Fondo de Cultura Económica, 1994.
- Erikson, Erik H. (1956), "Una amistad histórica: la correspondencia de Freud con Fliess", en: Historia personal y circunstancia histórica. Madrid, Alianza Editorial.
- Haddad ,Gerard El hijo ilegítimo (1990)
- Merani, Alberto L. (1974), Freud y el Talmud. México, Critica Grijalbo.
- Rapaport, David (1959), La estructura de la teoría psicoanalítica, Buenos Aires, Paidós.
- Robert, Marthe (1967), Acerca de Kafka, acerca de Freud, [sur le papiers], Barcelona, Anagrama.
- Robert, Marthe (1974), Freud y la conciencia judía. De Edipo a Moisés. Barcelona, Península.
- Wolf-Felder, Martín (1991), Los nombres ocultos de Freud. Montevideo, Editorial Roca Viva.
- Yerushalmi, Yosef Hayim (1991), El Moisés de Freud. Judaísmo terminable e interminable. Buenos Aires, Nueva Visión. |