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Zaragoza judía

 La provincia de Zaragoza reúne un rico patrimonio judío que, en gran medida, se halla intacto, herencia directa de la Edad Media. Entonces Aragón fue encrucijada de pueblos y creencias permitiendola convivencia de iglesias, mezquitas y sinagogas.

ZARAGOZA, LA CAPITAL. Los primeros pobladores judíos de la capital llegaronn en el siglo III, si bien una de las primeras noticias documentadas se refiere a la conversión de un tal Bono, diácono del rey franco Luis el Piadoso,que casó con una judía y adoptó el nombre de Eleazar, en la segunda mitad del siglo IX. Estaban alojados en el cuadrante sudoriental de la ciudad, prueba de ello son las huellas cerámicas encontradas en las excavaciones del teatro romano

Su numerosa comunidad ejerció un incuestionable liderazgo espiritual y político, primero en el reino de Aragón, y desde fines del siglo XIV en toda la Corona. En 1369 la judería contaba con 313 casas, mientras que en 1492 su patrimonio urbanístico ascendía a 460 casas, lo que supuso que su población sobrepasara las dos mil personas en vísperas de la expulsión.

La ciudad contó con dos barrios: la judería vieja dentro de las murallas romanas –delimitada por el Coso, San Gil, San Jorge y la plaza de la Magdalena– y la nueva, al otro lado del Coso, en la parroquia de San Miguel de los Navarros.La judería vieja se comunicaba con la zona cristiana a través de postigos –practicados a partir de 1327– como el de San Gil, San Lorenzo o el de la plaza de La Magdalena. Es el  núcleo monumental y residencial donde se ubica el complejo del Castillo, el Hospital, la Sinagoga de Biqqur Holim, y la Menor, las Carnicerías (1135) y los centros de enseñanza (Talmud-Tora).

 La sinagoga mayor que constaba de cinco naves, se erigía en el solar que hoy ocupa el Real Seminario de San Carlos, y fue adquirida por la Compañía de Jesúsen 1559 para levantar la iglesia de Nuestra Señora de Belén. El banquero judeoconverso Gabriel de Zaporta, cuya tumba reposa enLa Seo, mandó construir, con motivo de su matrimonio, un bello palacio renacentista, cuyo patio, conocido popularmente como “de la Infanta”, fue diseñado a modo de carta astral.

La judería nueva –actuales calles de Flandro, Ibarra y Rufas– nació tras la concesión que efectuara Jaime I en 1273 a los hermanos Abinbruc para la apertura de unas curtidurías de pieles. Paulatinamente se urbanizó y se dotó de diferentes infraestructuras (sinagoga, baños,

Extracto del artículo realizado por Augusto García. 
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