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Carta del presidente de Tarbut Don Benito
Domingo, 07 de marzo de 2010



 


DON BENITO
Badajoz

ANTONIO VALADÉS PARRA

Estimados javerim:

En primer lugar quisiera expresar mi gratitud al Dr. Mario Sabán por brindarme la oportunidad de formar parte de este ambicioso proyecto cuyo objeto no es otro que promover y divulgar la cultura judía en nuestra amada Sefarad, así como en el resto del mundo. Para mí es un auténtico honor presidir Tarbut Don Benito y espero estar a la altura de las circunstancias.

Personalmente, considero un deber moral promocionar la cultura judía en la tierra que me vio nacer hace 24 años, de manera que todo aquel que esté mínimamente interesado en acercarse al judaísmo y redescubrir las raíces judías de nuestra comarca encuentre en Tarbut Don Benito una mano amiga. Creo conveniente y hasta necesario desempolvar el legado sefardí tan lamentablemente denostado y reverdecer la riquísima herencia cultural judía latente en cada rincón del territorio nacional.

No obstante, esta ardua pero gratificante tarea nos atañe a todos, tanto a judíos como a goyim. Todos podemos y debemos aportar nuestro granito de arena para contribuir a la recuperación del esplendor de la cultura judía en cuanto elemento imprescindible para concebir el patrimonio histórico-cultural de lo que hoy conocemos como España en su dimensión más amplia.

Por otro lado, es justo que dirijamos nuestros esfuerzos a dignificar la memoria de aquellos judíos españoles que se vieron condenados al destierro, perdiéndolo todo y dejando atrás sus orígenes, su hogar, sus recuerdos. En definitiva, obligados a abandonar su “patria chica”, Sefarad. Sin duda un drama humano que trajo consigo consecuencias nefastas para la Corona en el ámbito socioeconómico, lo cual marcaría el devenir de España en siglos posteriores.

Y qué decir de los bnei anusim, de cuya fascinante historia encontramos aún hoy vestigios en los más remotos parajes de la comunidad extremeña, atavismos culturales que tal vez carezcan de sentido fuera de la práctica judía y que, por lo mismo, bajo el prisma gentil resultaban poco menos que hábitos extravagantes y acaso sospechosos si tenemos en cuenta el contexto sociocultural imperante. Afortunadamente, tales costumbres se transmitieron de generación en generación hasta nuestros días y es gracias a eso que ahora recobran su sentido y significación, como una suerte de reverberación ancestral del clamor judío en el inconsciente de sus descendientes, quién sabe si ajenos a esta realidad, y que les instaba a preservar su identidad: “Jamás olvides tu condición de judío”.

Por ello, en honor a la memoria de mis hermanos sefaradim, me pongo a vuestra disposición para, en la medida de mis posibilidades, dar a conocer la tradición cultural judía en mi localidad en aras de fomentar el espíritu de tolerancia y respeto mutuo entre culturas, de forma que todos, independientemente de nuestras creencias o ideas, rememos en la misma dirección y podamos crear así un clima de convivencia favorable. A priori quizá pudiera parecer una meta demasiado ambiciosa. Y sin duda lo es, pero no podemos eludir nuestra responsabilidad por cuanto somos parte integrante de la humanidad. De nosotros depende reparar el mundo día a día. D-s ya hizo su trabajo, Él sabe cuidar de sí mismo, ahora nos compete a nosotros aplicar lo estudiado y completar Su obra, que es también nuestra obra. Así pues, cumplamos con nuestra parte del trato.

Debemos intentarlo al menos, hemos de actuar en pro de lo que consideramos socialmente justo, no podemos dormirnos en la indiferencia y permanecer ajenos a la lacra del antisemitismo. Construyamos un mundo mejor para nosotros y para nuestros hijos, pero hagámoslo ahora; conozcámonos los unos a los otros, aprendamos a ver en la diversidad y la diferencia una oportunidad para crecer en valores. Y, sobre todo, hagamos que prevalezca el comportamiento ético por encima de cualquier otra cuestión.

Porque es responsabilidad de todos luchar activamente para erradicar de la sociedad los prejuicios y anquilosados estereotipos que acrecientan la hostilidad entre civilizaciones. Como dije antes, debemos aprender de la diferencia y afianzar aquellos principios comunes a todos los pueblos, sólo de ese modo caminaremos juntos hacia la paz -o hacia algo que se le parezca-. La educación y el diálogo son nuestras mejores armas, porque sin educación y todo lo que se deriva de ella no hay progreso. Y sin progreso, ¿habrá paz?

Por último, ya para despedirme, me gustaría dar las gracias a mi mentor, el verdadero artífice de que yo esté aquí hoy, alguien que lejos de proporcionarme respuestas concluyentes me ha generado más interrogantes aún. ¡Qué más se puede pedir!

Recibid todos un afectuoso shalom,

Antonio Valadés Parra
20 de diciembre de 2010

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