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Carta de Malka González, vicepresidenta de Tarbut Sefarad
Domingo, 29 de julio de 2007

 Queridos javerim de la asociación Tarbut Sefarad. Queridos presidentes,
Es para mi un placer escribiros. Hay momentos que casi no pueden ser descritos con palabras. Son los momentos “hito” muy especiales en la historia, en los que se producen confluencias que son capaces de unir la historia personal y la colectiva. Queridos amigos, me atrevería a decir que éste es uno de esos “especiales” momentos.
Desde hace años, con mi amigo y actual presidente de Tarbut Sefarad, Mario Saban, hemos venido trabajando en la idea de crear la asociación Tarbut que permitiera una mejor y más adecuada relación entre la necesidad y demanda de la cultura hebrea con la oferta que se podía generar.

Este país, no es un país cualquiera: es el país en donde se produjo uno de los desastres más amargos en la historia del pueblo judío, la Expulsión de los judíos en el 1492. Quiero poner una conciencia muy especial en el significativo hecho de que los días en los que se ha ido constituyendo nuestra asociación Tarbut Sefarad, han sido precisamente los días de duelo del mes de Av que recuerdan, con profunda tristeza, la destrucción del Primer y Segundo Templo y la Expulsión de los judíos de Sefarad. No, no es casual...

Hace ya más de 500 años el día 9 de Av se editó el decreto de Expulsión y justamente el día 10 de Av, esto es, al día siguiente de esa amarga fecha, 500 años más tarde, Sefarad empieza a despertar de un profundo sueño histórico. Con emoción hemos ido presenciando cómo desde diferentes lugares, distintas personas, como acudiendo a un “mandato” desde lo más profundo del inconsciente colectivo, os habéis ido incorporando a esta red.
 
El tiempo y la memoria son las coordenadas que expresan lo espiritual en su devenir en la historia humana. Y en momentos como éste es bueno que señalemos el milagro que implica que sea precisamente en Sefarad en donde una idea tan hermosa como Tarbut Sefarad puede ver la luz, ¡justo en los mismos días! en los que hace ya 500 años se produjo la Expulsión de esa misma cultura espiritual que ahora, de nuevo, quiere renacer.
 
Os hablo como compañera y como vicepresidente de esta red. Me gustaría poder aportar alegría y entusiasmo, pero sobre todo deseo aportar la mayor profundidad y coherencia posible. El entusiasmo se consume, pero sólo lo que tiene raíces profundas se mantiene y se re-crea.
Una red tiene la cualidad de la horizontalidad y de la libertad, pero debe tener la aspiración a arraigarse con raíces sólidas y manteniendo una sana relación entre cada una de sus partes, de la misma forma en la que un árbol para tener buenas ramas ha de profundizar sus raíces en una buena tierra que lo alimente y lo sostenga.
 
Como ya ha dicho nuestro presidente Mario Saban, ésta no quiere ser una idea que sustituya ni a las comunidades ni mucho menos a las instituciones religiosas. Sin embargo, no podemos olvidar que el arquetipo de la cultura hebrea lo es por algo que la diferencia específicamente del resto de las identidades culturales. No hay supervivencia más real que aquella que mantiene vivo el recuerdo y es precisamente la exhortación al recuerdo el primer precepto que marcó la Torah. “Recuerda y Observa” y el Pueblo de Israel dio una respuesta clara en el Sinaí: “haremos y escucharemos”. Y de esta manera vimos como se constituía un pueblo a lo largo de su lento caminar de 40 años “detrás de un Libro”, detrás de la Torah...
 
Sin lugar a dudas, si el pueblo judío existe aun, a pesar de todas las tribulaciones padecidas a lo largo de la historia, es por la diferencia específica que indica la misma Torah. Sin Torah, no existiría el pueblo de Israel. Por ello y por respeto al arquetipo que representa, desde este punto de vista yo deseo impulsar una red de cultura judía con Torah, porque lo que caracteriza específicamente la cultura judía como tal es una “Cultura de lo Sagrado” que sabe diferenciar en cada momento lo profano, pero no para denigrarlo, sino para elevarlo. La Torah es libro, es camino y es método de conocimiento.
 
Cuando nuestros antepasados judíos fueron expulsados de Sefarad, no lo fueron sólo por cuestiones económicas (ese no deja de ser un análisis reductivo), sino por su modelo de vida en distintos órdenes. Por sus actos diferenciadores en las formas de comer, comportarse, por la educación de los hijos y por sus criterios sexuales y, sobre todo, por su peculiar forma de entender los ritmos del tiempo y el cultivo de la memoria. No sólo fueron expulsados los judíos en tanto “cultura”, fue expulsado un arquetipo, una concepción espiritual y ética de la vida y finalmente, no lo olvidemos, sobre todo fue expulsado “El Libro” que a partir de entonces sería traducido a idiomas que lo despojarían de su maravillosa “vida secreta” y de sus “misterios ocultos” que solo aquellos que conocen la sacralidad de la lengua hebrea podrían entender y transmitir. Por tanto, cuando los judíos fueron expulsados, con ellos se expulsó el misterio y el acceso a la interpretación y transmisión de la Torah como un libro de vida y para la vida.
Y por ser para la vida, le pertenece a toda la humanidad...
 
Afortunadamente el alma colectiva “no olvida” tan fácil y los caminos son abiertos de nuevo para todos aquellos que quieran volver a transitarlos con el corazón abierto y el alma preparada para el asombro compartido. Aquí estamos para despertar, para reparar, para construir de nuevo un “recipiente” en donde la cultura hebrea con todas sus distintas expresiones pueda resurgir de las cenizas del pasado.
Éste, creo que puede ser un hermoso objetivo de Tikun y reparación de nuestra historia colectiva. Éste, espero, que pueda ser un ideal compartido en Tarbut Sefarad.
 
Desde aquí y desde ahora, os doy y “nos” doy la bienvenida a todos y cada uno. Estoy segura de que, si hemos llegado hasta aquí, será porque el “camino de retorno” de alguna manera y en alguna parte íntima de nuestras almas, ¡ya lo conocíamos!...
 
Un abrazo ilusionado y fraternal,

Malka