GANDÍA

Carta del presidente de Tarbut Gandía

 VICENT ESCRIVÁ AGUD 

Siempre sentí un especial respeto y cariño por la cultura sefardí, tan injustamente extirpada de España.  El amor que profesaron a esta tierra aun perdura. La pervivencia de la lengua y de sus particulares costumbres así lo atestigua.

El pueblo judío es un ejemplo de conservación, tan viejo y tan sano. Es un árbol sefirótico que hunde sus raíces en las doce tribus de Israel y da su fruto en cualquier rincón del mundo. Una de sus ramas se implantó fuertemente en Sefarad y durante muchos siglos dio muestras de su fortaleza y dinamismo.

Sefarad se convirtió en una segunda tierra de promisión, aunque siempre persistió en el recuerdo las glorias de la que fue la mayor victoria de Josué. El camino espiritual se vio entonces como un recorrido a la inversa. Jehuda Ha-leví de Tudela, del siglo XI, partiendo desde Navarra realizó su búsqueda espiritual hasta encontrar en Jerusalén el punto final de su peregrinación, la búsqueda de la Sekinah, la destrucción del templo de su cuerpo y el retorno a su origen. Siempre me gustó ver en Jerusalén una especie de ombligo mientras que  Sefarad, como bien se representa en los atlas, la distingo como la cabeza decapitada de un mártir que busca recomponer su cuerpo esperando la resurrección.

Personajes como  Abulafia, que amplió el camino de la meditación a mujeres y gentiles; Moisés de León, que optimó la tradición antigua; Salomón Ibn Gabirol, admirado incluso por los sufíes españoles,  todos ellos y muchos más fueron mis mejores aliados en el camino. España se decapitó a si misma al prescindir de tan valioso tesoro.

Rescatar el espíritu de Sefarad es primordial para la salud de Israel, ahora que abundan las voces disonantes, el discurso del odio y el olvido de lo que en su día fue el entendimiento de Sefarad,  allí donde convivían tres religiones, y sus místicos se reunían en una misma fe en Dios.

Provengo de una familia de fervientes católicos. Mis padres son personas de gran bondad, justas y con una entrega y amor al prójimo sorprendentes. Supongo que si hubieran nacido judíos, de igual modo Dios los hubiera tenido presente para demostrar que la humanidad es capaz de producir santos.

Mi madre siempre dijo que el Amor es un Don, y su señor fue Jesucristo que para ella representó el Amor en toda su expresión, el judío que intentaba convencer a los que no soportan que Dios se exprese como un padre, gente de dura cabeza que intentan que Dios se esconda en su propia exclusividad. Aquí  entendemos que tanto católicos como judíos y musulmanes somos hijos de un mismo Dios que ni es judío, ni cristiano ni musulmán, no admite copyright.

Otra cuestión es la cultura y la religiosidad, y la más genuina es la judía por ser la más antigua, y de la que hay que sentirse orgulloso, del mismo modo que una voluntad poderosa ha podido establecer un país judío, ahora llamado Israel, que no deja de ser un lugar para la discordia mientras se dispute su exclusividad.

Ya le comenté a Mario Saban que si en Tarbut Sefarad existe el entendimiento, no me importaría ser sefardí. Quizás tenga sangre judía pero no me voy a sentir más orgulloso de mi linaje que si no la tuviera.

Vicent Escrivá Agud