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Sobre la música hebrea
Sábado, 06 de septiembre de 2008
Sabemos que Música es el arte de combinar los sonidos rítmicamente. Hoy en día se acepta que la música nació, ante todo, como canto; es decir, como descubrimiento musical de la voz humana, expresión artística considerada tan perfecta que permaneció durante varios siglos apartada de combinaciones polifónicas, incluso hasta del acompañamiento de otros instrumentos.


Cada pueblo ha utilizado el sonido de manera que ha diseñado sus propias escalas musicales: Diatónica-Pentatónica - 1/4 de tono (Babilónica) - 1/8 de tono (A. S.) - Dodecafónica (de la que Schönberg, músico judío, fue su creador) y otras muchas… Con ellas crearon distintos lenguajes musicales con los que expresar sus emociones.

Los hebreos tuvieron su propio sistema musical, de tradición semítica, e incluso llegaron a tener influencia persa y fenicia, deducible por el nombre de algunos de sus instrumentos, por ejemplo el kinnor (arpa triangular).

La música en la cultura hebrea tenía un papel de extrema importancia en el culto. De este modo se crea una cultura religiosa cantada monódicamente, es decir, sin instrumentos, y si los lleva en ocasiones es para anunciar el Rosh Hashaná, el Iom Kipur, y los instrumentos son: la shofar (en Jericó) y la hasosra (trompa y trompetas).

En la liturgia aparecen nuevas formas, como son las cantinelas y los salmos. Los salmos, compuestos por el rey David, son cantos tanto de dolor como de alegría. El más evocador y patético es el Salmo 22, que empieza: “Eloai, Eloai... ¿laura sabactani? Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”; salmo que será muy repetido por los judíos siglos más tarde ante las persecuciones de la Europa central, incluyendo la Shoah.

También hay testimonios escritos sobre cantos de carácter popular, ejemplo: El canto del pozo, Cantos de guerra, Cantos de Miriam y Débora… Estos cantos solían acompañarse de instrumentos específicos como: ugav, kinnor, tof, jatsotsera, jalil...

Con la caída del Primer Templo (586 a.E.C.) la música se tambalea, es a raíz de ello que se instituye la sinagoga como centro religioso y educativo de todas las tribus (a excepción de la de Judá), se encargará la trascripción de la Torá y adoptarán nuevas formas musicales, como son las alternancias de coros y solistas (influencia de los pueblos semíticos más antiguos).

Tras la conquista de Alejandro el Magno en el 322 a.E.C., la música judía se enriquece, pues recibe la influencia helenística y adopta la escala diatónica adaptándola a la judía, como consecuencia surge una hermosa combinación (quedan vestigios de ello en composiciones de judíos yemenitas).

Después de la caída del Segundo Templo en el 70 E.C., se codifica el Talmud y aparece una nueva Liturgia basada en la lectura de las escrituras. Esta música fue confiada a los levitas, grupo de 288 cantores e instrumentistas, organizados en 24 conjuntos de 12 miembros que participaban en todas las ceremonias cotidianas y grandes festividades.

Estos desarrollaron un sistema musical que recibió el nombre de Ta amim (acentos) que más tarde serán asimilados por el Gregoriano con el nombre de Neumas.
    
Hacia el primer milenio la música judía sufre una separación debido a la diáspora. A partir de estos momentos podemos hacer una clasificación y dividirla en tres tradiciones principales, basadas precisamente en las migraciones y su distribución geográfica. Son:

Tradición oriental: Que incluye la música de los judíos del Yemen, Irak, Persia, Siria y Palestina.

Tradición sefardí: Basada originalmente en la Península Ibérica y que en el siglo XV se dispersará hacia el N. de África, Italia, Grecia, Turquía, Holanda.

Tradición asquenazí: Incluye a los judíos de Alemania, Austria y Europa Central.

Las diferencias entre ellas se corresponden con las diferencias en la cultura, costumbre y prácticas religiosas. Así pues la asquenazí recibirá la influencia de la cultura musical europea; la sefardí de la música árabe y turca; y la oriental, de las melodías de Oriente Medio.

Dentro de ellas hay divisiones y subtradiciones; por ejemplo, la música de pequeñas comunidades como los samaritanos de la orilla este, los falasha de Etiopía o los judíos indios de Cochin.

Pero, a pesar de sus diferencias, todas comparten elementos unificadores. Todos los judíos cantan los mismos textos bíblicos en hebreo (en ocasiones en arameo) y tienen en común numerosos textos post bíblicos (la mayoría de las comunidades cantan también canciones en lenguas vernáculas como judeo-árabe, ladino o yiddish (dialecto germano medieval). Aunque son importantes las diferencias litúrgicas entre tradiciones, no obstante, los contextos litúrgicos son los mismos en todas partes y los marcos sociales para la música, y la música para estos marcos sociales, suelen ser similares en todas las tradiciones.{mospagebreak}

            
LA MÚSICA EN LA SINAGOGA

La sinagoga es el lugar más importante para la música en las comunidades judías. La canción de la sinagoga está en hebreo y la cantan exclusivamente los “hombres y niños”, con ritmo libre y monódico; el acompañamiento instrumental es infrecuente, debido a que se ha interpretado como una prescripción talmúdica contra los instrumentos. La canción puede dividirse en cuatro categorías: plegarias, cantilación, salmos e himnos.

Plegarias: No se leen a partir de textos escritos sino que se cantan de memoria de un modo melódico métricamente libre. La puede cantar un solista y la congregación (tutti) o bien interpretarse de manera responsorial. Los judíos yemenitas y samaritanos cantan algunas plegarias en polifonía.
Algunas plegarias se cantan sobre textos extraídos de la Biblia, otras tienen textos que se añadieron en los siglos II a VII. Así por ejemplo, en el siglo V nace una nueva forma religiosa, el Piyut, poema místico compuesto por cantores llamados paytonim, que pasaron a formar parte de la liturgia extraordinaria. El mas célebre es el Kol Nidre, adaptado para el Iom Kipur por el rabino Judá Gaón.

Cantilación: Es la recitación cantada del texto de la Biblia . El cantante es un solista elegido de entre los miembros de la congregación. No se limita a leer el pasaje sino que canta con un ritmo libre, subiendo y bajando la entonación de la voz de acuerdo con los acentos ( ta amín ).

Salmodia: Es un tipo de cantilación sencillo para el libro bíblico de los Salmos y, en algunas comunidades, también para los libros de los Profetas y de Job. La salmodia judía, como la cristiana, refleja la estructura bipartita de los versos: cada medio verso se canta con un tono recitado (ambrosiano, mozárabe, galicano en la cristiana). Los salmos pueden cantarlos la congregación al unísono, en antífona coral o responsorial (solista – coro).

Himnos: Los himnos se cantan sobre melodías fijas y pueden encontrarse diferencias según las tradiciones. Los himnos son cantados por solistas.
Cabría hablar también de los himnos llamados Zemirot, generalmente cantados en hebreo, aunque a veces en yiddish o ladino. Se cantan alrededor de la tabla durante el Sabbath y días de fiesta. Son cantados también en la comida de la tarde del viernes, la del sábado al mediodía y en la tarde del sábado. Reciben nombres como Middle – Kiddush – Siddur (rezos diarios).

        
LA MUSICA FUERA DE LA SINAGOGA

Todas las tradiciones judías poseen amplios repertorios de música paralitúrgica adecuada para contextos religiosos fuera de la sinagoga.

Un marco característico es la observancia del Sabbath en el hogar (como antes he mencionado). Las festividades como Purim, Sukkot y Hannukah tienen cada una su propio repertorio de canciones, tanto en hebreo como en lenguas vernáculas. El simhat Torah: canciones procesionales y música instrumental utilizada cuando la Torah se saca del Arca y se hace desfilar en público.

El marco clásico de la música instrumental es el de las bodas, en el que las danzas acompañadas de instrumentos es casi obligatoria y reciben la influencia de las culturas cercanas.

Otro ejemplo de música judía profanas son las baladas sefardíes del romancero, las canciones épicas de los judíos kurdos y el repertorio nubah de los judíos del N. de África.{mospagebreak}


ESPECIALISTAS MUSICALES

En las comunidades judías suponen que todos los hombres adultos han de conocer los principios de la cantilación que se aprende desde niños. Desde la Edad Media, el chazzan (cantor) ha actuado como guardián, intérprete y transmisor de las tradiciones musicales judias, y dirige también la cantilación. En algunas comunidades tiene ayudante meshoyer (aprendiz).

Las tradiciones instrumentales asquenazíes, las mantuvieron los conjuntos Klezmer; eran grupos profesionales cuya presencia en las modas resultaba imprescindible.

Los klezmorin solían encontrar empleo en fiestas fuera de la comunidad judía.
En todas las comunidades judias, la transmisión de la música era oral, con acentos (ta amim).

Algunos fragmentos históricos de la música judía se han conservado en notación europea. Los más antiguos fragmentos son los de G’nizah de El Cairo, que Obadias el Proselita (que se convirtió al judaísmo en el siglo XII) transformó en Neumas italo-normandos.

Los hebraístas alemanes del siglo XV, como Kaspar Aman, Sebastián Muenster, J.Vallensis y otros, anotaron el curso melódico de la cantilación bíblica asquenazí en notación.

Los Modos: A diferencia del Maqan (Oriente medio, árabe), la música judía lo define por medio de notas ordenadas jerárquicamente y se asignan modos en función de su carácter. Así tenemos los distintos modos como: M. Pentateuco – M. de Ruth – M. Profetas.

Las Plegarias tienen sus propios Modos, denominados Shtayger en la tradición askenazí.

Repertorios: En el curso de la historia judía, ciertos tipos de canción han experimentado una evolución. Entre ellos se encuentra el Piyyut, las melodías Missiani, el Romancero (repertorio sefardí) y el Niggunn hassidico.
    
El Piyyut: Es un himno religioso en hebreo y los Piyyutin son embellecimientos litúrgicos que se utilizan tanto en servicio en sinagogas como en marcos paralitúrgicos.

Los textos más antiguos datan del siglo V . En los siglos XV – XVI , se escribían como “musica contrafacta” en canciones turcas, árabes y españolas.

Las melodías Missinai: Pertenecen únicamente a la tradición asquenazí, son flexibles y no fijas. Entre las más conocidas se encuentran: Bareku – el Kedushah – el Kassish y el Kol Nidre.

El Romancero: Es una tradición de Baladas (romances) en español que los judíos sefardíes llevaron con ellos y conservaron después de su expulsión en España. Los textos, en un español arcaico, se han transmitido oralmente hasta el día de hoy.
El Romancero es una tradición profana, aunque las melodías romances servían de contrafacta para el Piyyutin.
    
Ninggún: La música jugó un papel importante en el movimiento jassidíco entre los judíos askenazi de Polonia y Rusia en el siglo XIX. El canto y la danza se consideraban medios de expresión de éxtasis religioso y la trascendencia mística.

El Ninggún jassídico suele carecer de texto o es mínimo y sin sentido. Los Niggunim concebidos para ser bailados tienden a presentar ritmos fuertes y regulares, su curso melódico ascendente y su tTempo cada vez mas rápido.

Algunos místicos del S. XIX , como Haendel, Gluck, compusieron adaptaciones más refinadas de aquellos Niggunim, logrando efectos sorprendentes.

Cuando finalmente los judíos consiguen el disfrute de la plena ciudadanía, en Occidente, contribuyen a engrosar la corriente de la música occidental.

Simplemente por citar, a sabiendas que me dejo a muchos compositores, nombraré: F. Mendelsohn, G. Mahler, Shoenberg, Meyerbeer, D. Milhau, A.Copland, G. Gershwin... etc., sin olvidar el sin fin de grandes teóricos e intérpretes vocales e instrumentales.

La música es una compañera inseparable del hombre, desde la infancia hasta la
vejez. Es por eso que para los judíos ha sido siempre un fuerte lazo que ha mantenido al pueblo unido; cantada en sinagogas, en Sabbath, en las Zemirot y por aquellos que eran conducidos a las cámaras de gas o en sus huidas a lo largo de la historia.

La música no es un arte independiente, que no tenga nada que ver con los acontecimientos histórico, políticos o sociales, sino que, por el contrario estos
la determinan en gran medida.

Mari Heras