SAN LUIS [Ar]

Carta del presidente de Tarbut San Luis

DANIEL HODARA
San Luis [Argentina]

Estimados miembros de Tarbut Sefarad:

He sido honrado con esta representación desde un rincón central de la República Argentina: San Luis, capital de la Provincia de San Luis.

Como en tantos rincones del mundo un pequeño grupo de judíos se instaló ya desde fines del siglo XIX, compró el terreno de su cementerio, construyó su sede, conservó sus tradiciones, prosperó y mantuvo su identidad hasta hoy. Nunca fueron más de 40 a 60 familias (sefaradíes y asquenazíes) que, aunque en la primer etapa del siglo XX se concentraron en dos sectores diferentes de la ciudad, mantuvieron sus actividades judías aunadas.

Personalmente he vivido siempre integrado a esta comunidad, salvo el interregno de 6 años donde, por motivos de estudio, viví en La Plata, provincia de Buenos Aires.

Como a muchos que viven en comunidades de esta envergadura, en minoría tan significativa, implica sentirse desde un grupo exótico dentro de un mar extraño hasta uno amenazante y segregacionista extraño al resto de la sociedad no judía.

Nunca me dejó de asombrar nuestra capacidad de organización, unión y superación de estas circunstancias, donde lograr ser lo propio y pertenecer a una sociedad plural es un aprendizaje diario. Hacerse respetar y sentirse orgulloso de mostrar una identidad sólida, madura, especial y con un caudal de aporte inmenso para aquellos culturalmente educados de otra manera.

Con motivo de cumplir nuestra Kehilá los 80 años de vida institucional, escribí un artículo publicado en la Revista “Toldot” N° 26 de la Asociación de Genealogía Judía de Argentina, comparto con Uds. unos párrafos que vienen al caso:

…Ser minoría nos hace fuertes. En la debilidad del número o la cantidad encontramos la magia de la creatividad y la fortaleza de la terquedad.

A menor cantidad de personas en un grupo, mayor activismo y participación; mayor responsabilidad personal, que no es posible diluirla en la del grupo.

En la comunidad judía de San Luis encontramos estas características como, por supuesto, en muchos otros lugares del país.

Pero esta característica es vista por grupos mayores como un privilegio añadido a nuestra decisión de integrar grupos pequeños y no como un mérito producido y ejercido mediante la voluntad. Minusvalorando, de esta manera, cualidades importantes y depreciando potenciales aportes al pueblo en general.

Aun así, dispersos por el mundo mantenemos nuestro sentido de la unidad sin pedir permiso de inclusión, de identidad o jerarquía.

Estos grupos de avanzada, en todos los rincones del planeta, tuvieron que enfrentar muchas dificultades propias de la situación que no se dio en otros donde el número permitía afrontarla abrigado por una dilución mayor de la identidad dentro de la población general y una confianza de continuidad con ejercicio de una vida judía más plena apoyada en la perseverancia y tradición de unos pocos suficientes. Esto último, esta posibilidad de ser judíos, no es viable en una comunidad como la nuestra donde la cantidad histórica es de cuarenta a sesenta familias nominales y veinte activas.

Para el resto de la población no judía del lugar, cada uno de los integrantes de nuestra comunidad no es o somos “un judío” (identificado a posteriori), somos “el judío” (identificado a priori) y como tales, nuestra conducta y nuestros méritos recaen inmediatamente sobre todos los miembros... (Daniel Hodara, 2005).

Finalmente, agradezco a Mario Javier Saban su gentileza de invitarme a participar de tan prestigioso movimiento y espero responder a su llamado con el cariño de un hermano.

¡Shalom!

Daniel Hodara
30 agosto 2011

contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

{igallery 214}