El urbanismo de una judería

Por Andrés D. López [Arquitectura en Sefarad]
Este artículo es una breve introducción al entramado urbanístico que formaban las antiguas juderías medievales en Sefarad. Un pequeño plano donde se esboza el origen, así como los elementos que lo compusieron, su evolución, hasta la desaparición de sus calles y edificios con más actividad comercial, probablemente de todas las ciudades de la época. El escrito pretende dar a conocer al lector una introducción sobre las características de éstos barrios, los edificios que los conformaban y algunas reglas que se repiten a lo largo de todas las juderías en Sefarad o Call como eran conocidos en Cataluña. El texto pretende ser ampliado y desglosado en futuras publicaciones, así como las correcciones y aportaciones serán bienvenidas.

Reseña Histórica

Texto de Isaac Abravanel, consejero de los Reyes Católicos en tiempos del decreto de expulsión y máximo representante de los judíos españoles, en el que en sus últimas líneas bien podrían referirse a la situación en la que nos encontramos hoy en día en sus últimas palabras[1]:

 

“...Es una desgracia que el rey y la reina de España tengan que buscar su gloria en gente inofensiva... ¿Con qué derecho sus inquisidores recorren los campos quemando libros por miles en las piras públicas?... declaro que este año de 1492, el cual imagináis como el año de la gran gloria, será la vergüenza más grande de España. Con el tiempo os convertiréis en una nación de iletrados y el nombre tan admirado de España, apenas será un susurro entre las naciones... ¡Expúlsenos!, Arrójenos de esta tierra que hemos querido tanto como vos, pero nosotros prosperaremos en otros países lejanos, y por siempre le recordaremos a vos y a su vil edicto de expulsión... Algún día España se preguntará a sí misma: ¿Qué habrá sido de nuestros sefardíes? Y los españoles honestos mirarán a su pasado, y nos verán...”

Probablemente las primeras llegadas de los judíos a la península coincidieron con las primeras diásporas, después de la destrucción de Jerusalén por el rey de los babilonios Nabucodonosor en el año 587 a.C., a pesar de que debido a la falta de documentación esto sea difícil de probar. No obstante, es a partir del siglo IX cuando se tienen los primeros documentos que demuestran presencia de judíos en Cataluña: cuando Judacot hace de mensajero entre Carlos “El Calvo” y los barceloneses, o en el asalto a Barcelona por el califa al-Mansur en el año 985 d.C. donde mueren judíos y las propiedades que no tienen herederos pasan a manos del Conde.[2]

Los judíos residentes en la península conviven con los sarracenos[3] siendo éstos bastante tolerables ya que les permiten el culto a su religión, así como el ejercicio de actividades comerciales, todo ello asegurado mediante la ley del impuesto. Debido a esa tolerancia, junto a la prohibición impía que hace el islam a la dedicación de actividades financieras, hace que los judíos evolucionen en su economía considerablemente.

Con la reconquista por parte de los cristianos ante los sarracenos, en un principio se mantienen las mismas condiciones a los judíos residentes, ganando una alta posición en la sociedad medieval.  Así lo refleja Carreras i Candi cuando habla de los judíos en L’Aljama de... “...como los más fieles y servidores... de manera que llegaban a captar toda la confianza del monarca, cuando los Reyes de Aragón salían en campaña, los médicos judíos les seguían para prestarles sus servicios, prueba hay de ello diferentes documentos reales, los cuales pertenecen al año 1360, dándose a conocer en Torroella, refiriéndose al físico bañolense Bonjuhá Cabrit, que seguía al ejército que combatía con los castellanos...”.

Los judíos adaptaban el idioma de los pueblos donde convivían (por lo que en Cataluña hablaban en catalán), aunque para el culto religioso solían emplear la lengua hebraica; existen publicaciones como los poemas Diàlechs d’amor de Lleó de Banyoles que así lo demuestran.

Generalmente los sefarditas tenían una educación superior a la cristiana, por lo que desempeñaban cargos más importantes: ejercían la práctica de la usura, plateros, corredores de apuestas, matemáticos, geográficos, alquimistas, redentores de cautivos, médicos, etc. aunque para evitar que éstos, aparte de ser gente adinerada, no pudieran apoderarse de la alta dirección de la nación, existían leyes prohibitivas.

A partir de la segunda mitad del s. XIII se aprecia como la monarquía pretende instaurar por la fuerza la evangelización de los sefarditas en la península, aunque cuando la iglesia ejercía demasiado fuerte su poder de convicción, produciendo perturbaciones y maldades en las aljamas, la propia monarquía tenía que dictar órdenes severas contra los eclesiásticos. Para que los judíos pudiesen sobrevivir sin mayores problemas con el resto de la sociedad se requerían dos condiciones previas: una situación general de prosperidad y bienestar y una autoridad estatal capaz de garantizar la seguridad de las personas y los bienes; o sea, expansión económica y estabilidad política[4]. Éstas son precisamente condiciones que ya no se dan en el siglo XIV, ya que con la llegada de la Peste Negra a mediados de siglo rápidamente se acusa a los judíos de envenenar las aguas de los pozos, germinando la idea de las persecuciones y los pogromos que se darán a finales de la época.

Existen también narraciones hebreas que recogen estos hechos:


“...En el año 5108, (1348), hubo una grave epidemia desde levante a occidente; no hubo una ciudad que se salvase de ella, como está escrito en el Valle de las Sombras, que escribió Hayyim Gallipapa en aquellos días. Hubo grandes lamentos...la ciudad que contaba con mil personas, en aquella época quedó reducida a cien; y la que tenía cien, a diez...porque los acusaron con calumnias injustas (a los judíos) diciendo: por el pecado de Jacob ha ocurrido todo esto, pues ellos han traído un veneno mortal al mundo; de ellos es la culpa y por su causa nos ha sobrevenido la gran desgracia que al presente nos aflige...Un sábado por la tarde, se levantaron contra el pueblo de Yahveh que había en Barcelona y mataron unas veinte personas, y pusieron manos al botín; no hubo quien dijera ¡Detente!...” [5]

En cuestión de cuatro meses desaparecerá casi por completo la presencia de judíos en gran parte del norte de la península debido a éstas persecuciones o pogromos  sobre todo en Cataluña. Hay que señalar que se trata de una comunidad importante, ya que según  Baer [6], estamos hablando que de los 500.000 habitantes aproximadamente en Cataluña en el s. XIII, 25.000 eran Judíos, o lo que es lo mismo, un 5% de la población. Riera[7] establece de diez a doce mil los judíos sefarditas situados en Cataluña en la segunda mitad del s. XIV.

En Mayo de 1391 es cuando empiezan las revueltas en Sevilla, que rápidamente se extienden a lo largo de la península.El 9 de Julio se producen asaltos y persecuciones a los judíos en Valencia; debido a éstos asaltos y a algunas agresiones al Call de Barcelona, el 26 de Julio en Barcelona se redacta una carta para su protección. El 2 de Agosto se producen ataques contra los judíos en Mallorca. El 5 de Agosto desde Valencia, parte de la armada que iba a ir a Sicilia junto con ciudadanos y gente del campo asaltan el Call de Barcelona, tomando los sefarditas de la ciudad como refugio el antiguo Castell Nou (anterior portón de acceso a la ciudad romana de Barcino), aunque sólo aguantarán el asedio tres días, pues el Castell Nou fue conquistado el 8 de Agosto de 1391. Para septiembre de ese mismo año, la totalidad de los judíos en el norte de la península había sido suprimida: o se habían convertido o se habían exiliado.

El barrio judío

Se conoce como judería al lugar físico que ocupaban los judíos en las ciudades y pueblos de la España medieval. Las aljamas, o comunidades judías en Cataluña, por lo general reciben el nombre de Call. La palabra Call procede del latín Callum, y significa “Calle estrecha”. En otros lugares como en Lleida, a las comunidades judías medievales se las denomina cuirassa.

Al principio, estos núcleos de población judía no tienen una delimitación geográ­fica definida, aunque vivir en un barrio agrupadamente había sido decisión propia en muchas ciudades medievales por conveniencia (como puede suceder a día de hoy en los entramados urbanos de las ciudades), es decir por el hecho de mantener unas costumbres, además de ser co-religionarios y la seguridad que eso conllevaba, pero a partir del s. XIII con una fuerte legislación influenciada por una Iglesia Católica restrictiva, convierte el acto de vivir separados en un movimiento de segregación anti judío como se demuestra con el Concilio de Letrán que determinaba que “...los judíos llevasen “vestidos”, peinados diferentes, una cruz amarilla como distintivo y que viviesen en barrios separados...”.

Fue a partir de éstas legislaciones restrictivas cuando las aljamas judías fueron ganando fama como lugares misteriosos y peligrosos, por lo que algunas aljamas fueron amuralladas, en algunas ocasiones con muros expresamente levantados para tal ocasión y otras, sin embargo, siendo los mismos muros de las viviendas que habitaban los límites de dichas juderías. Mª Josefa Parejo Delgado, doctora en Historia Medieval ya se plantea en uno de sus libros publicados el por qué de estos emplazamientos:[8]

“...Cabría preguntarse cuáles fueron los motivos de tal emplazamiento. Entre ellos podríamos indicar los siguientes: la necesidad de proteger a la comunidad judía de las iras del pueblo llano; la situación de protección de la que gozan por parte de los grupos privilegiados, esencialmente de la nobleza; y la endogamia del grupo...”

Las juderías o call en Cataluña, constituían un micro sistema de autogobierno bajo las ciudades de dominio cristiano. Los fueros determinaban las normas de convivencia de entre cristianos y  judíos. Así pues, dentro del recinto del Call, los judíos disponían de sus propias pescaderías, carnicerías, hornos de pan, etc., donde disponían los alimentos kosher, para su comercialización y distribución a la comunidad judía de la ciudad. La comercialización de los productos también se hacía con los cristianos, ya que un cristiano podía comprar carne que la distribuyera un judío, pero no al revés por no realizar el ritual que manda la ley hebrea.

Los sefarditas tenían encargado de mensajeros, de la administración de impuestos, como también matadero y policía interior en la judería. Prestaban juramento a cumplir fidelidad en sus cargos delante de la representación del rey en la localidad. Los juramentos los hacían en las sinagogas, bajo las tablas de la ley. La sinagoga era a la vez escuela, casa común donde se reunía el consejo para deliberar, lugar de oración, etc.

Para la distribución de estas sinagogas, procuraba obtenerse a un propietario en particular, y a veces a más de uno, según se ha comprobado en la distribución de las sillas de la sinagoga de Cervera. Los consejos sólo tenían jurisdicción en las aljamas, sobre la administración y policía interior y actos de religión. Podían imponer a los infractores de los reglamentos penas de excomunión, pero para encarcelar a algún judío, necesitaban del permiso del representante de la corona.

Existían varias sinagogas dentro de la estructura de una aljama, algunas de uso privado fruto de los habitantes más ricos de la judería y otras para el uso de toda la comunidad.

La sinagoga era lugar de encuentro para los sefarditas: desde ser lugar de oración y culto, a escuela para los niños de la comunidad, siendo incluso lugar donde se resolvían juicios y pleitos entre judíos; en definitiva, era un centro para satisfacer todas las necesidades de la comunidad judía. El edificio en sí no posee un estilo propio arquitectónico definido, aunque para que sea sinagoga ha de cumplir algunas características específicas: ha de estar orientado al Este (hacia Jerusalén); ha de disponer una zona de separación para las mujeres, azara; un baño frio o Miqwé (con unas características naturales muy específicas) también orientado al Este en el interior de la sinagoga, aunque algunas veces lo encontramos en sus proximidades.

Esta sala dispone de un banco corrido de mampostería  y es aquí donde se produce el ritual del baño; dispondrá de un “hueco” en la pared, donde se instala el arca, es decir, donde se depositan los rollos de la Torá y suelen tener un bimah o plataforma elevada generalmente de madera desde donde se lee el libro sagrado. Además se han de tener en consideración especial la influencia de la luz natural en el edificio, etc.

Otro edificio característico de la época era el edificio de los baños calientes. En algunas ciudades se habían desarrollado de manera que sólo los empleaban los sefarditas, aunque existen casos en los que eran compartidos por toda la ciudad, dando ejemplo de la cordialidad y la convivencia de las diferentes culturas en algún tiempo antes de las persecuciones[9].

De hecho, las Ordenaciones indicaban especialmente la reglamentación de su uso, como por ejemplo las de 1346 que especificaban que los lunes sólo se pueden bañar los judíos y los jueves y viernes moros y moras. El edificio, al igual que el agua u otros edificios como los hornos o los molinos eran propiedad de la corona, por lo que había que pagar el correspondiente impuesto al poseerlos.

Los baños eran de vapor y se alternaban con duchas frías o calientes; estaban formados por un conjunto de dependencias: una sala fría, central o de descanso; y otras dependencias generalmente rectangulares, cubiertas y abovedadas. El vapor se canalizaba por unos cañones construidos en el muro y que subían desde un horno o caldera situada en el pavimento. El agua fría o caliente se servía mediante cubos. En Barcelona por ejemplo los baños los construyó un judío, Abraham Bonastruch asociado con el Conde Ramón Berenguer IV, pero la diferente documentación parece señalar a un edificio de uso público con restricciones por sexo o religión para su disfrute según los días.

El entramado urbanístico de los Call evolucionó de diferentes formas a lo largo de su existencia. Así pues, por lo general a mediados del s. XII, los judíos ya formaban una comunidad asentada en las ciudades de la península, comunidad que prosperaría económicamente y que provocaría un aumento demográfico de la población sefardita. En la mayoría de las ocasiones, durante ésta época las juderías no tenían delimitación geográfica, ya que se sabe que algunos judíos poseían casas y tiendas fuera de los muros de las ciudades como en Barcelona, Girona o Úbeda. A lo largo de los siglos XII y parte del XIII las juderías adquirirían su mayor esplendor, expandiéndose geográficamente dentro de las ciudades.

Sin embargo, las restricciones legislativas del siglo XIII con el concilio de Letrán provocarán el efecto contrario. La limitación de la expansión geográfica por la legislación provoca un crecimiento vertical y descontrolado en dichos barrios, probablemente la presencia de numerosos arcos y voltas en los Call de Barcelona se deben al aprovechamiento máximo de éste entramado urbanístico y el número de sinagogas en dichos barrios se limita. Las fronteras de las comunidades judías estaban formadas por la muralla de la ciudad, por las propias viviendas de los sefarditas o en algunas ocasiones por la posterior construcción de un muro para su segregación de la otra parte de la ciudad.

La presencia de las voltas o arcos, daban acceso al Call de la ciudad mediante un portón, por lo general abierto, que tenía un portero para controlar el acceso. La comunidad judía ejercía cierto control sobre la puerta, donde en sus proximidades existía una portería de lugar público que se alquilaba como vivienda para el responsable del acceso. Durante la Semana Santa, las puertas del Call permanecían cerradas.

Los graves asaltos que sufrieron las juderías en el año de 1391 provocaron que para cuando se redactase el decreto de expulsión en 1492, la gran mayoría de sefarditas ya habían abandonado la península. Aún así este abandono no se realizó de forma desinteresada ya que inmediatamente después a partir del edicto de expulsión, las viviendas judías eran marcadas en su fachada por una pintada con la señal real, indicando que los bienes de los judíos de la vivienda marcada quedaban bajo protección especial real, siendo la pena de muerte la condena de quien incumpliese esta marca, ni si quiera los propios habitantes de la vivienda tenían derecho a coger sus pertenencias.[10]

Las consecutivas persecuciones de los siglos XIV y XV provocan una retracción en la estructura de las juderías, como se observa por ejemplo en la evolución estudiada profundamente del Call de Girona[11]. En algunas ciudades dichos linchamientos provocarán que la presencia de los sefarditas en éstas sea casi nula en pleno siglo XV. La expulsión de los judíos en 1492 provoca una serie de actuaciones urbanísticas en los antiguos barrios de las ciudades, que serán progresivamente ocupados por cristianos, y que sería interesante analizar en futuras investigaciones. Las necrópolis por su parte, serán abandonadas a su suerte, o en otros casos, arrasadas con cultivos, haciéndonos llegar a día de hoy pistas a través de la etimología de sus palabras, como por ejemplo la palabra “Montjuïc” (Monte Judío), aunque eso podría ser objeto de un estudio exhaustivo aparte.


NOTAS:
[1] ANAJNU. “El Portal Judío de Chile”.  http://www.anajnu.cl/isaacabravanel.htm [Consulta: 21/02/2012]
[2] MORA I PONS, V., “Un recorregut per la historia de l’antic call jueu de Barcelona”, Finestrelles. 2004. 4, 89-93
[3] NOTA: El término sarraceno es como se conocía a los individuos de religión musulmana por los cristianos en época medieval, ya que palabras como musulmán o islam no aparecerán en Europa hasta el s. XVII.
[4] PEREZ, J., “Historia de una tragedia”, Crítica. 1993
[5] HA-KOHEN, Y.; TELLO, P.L., “Emeq ha-bakha [El valle del llanto]”, Instituto Arias Montano. 1964
[6] BAER, Y., “Historia de los judíos en la Corona de Aragón (s. XIII y XIV)”, Diputación General de Aragón. 1985
[7] RIERA I SANS, J., “La Catalunya jueva del segle XIV”, L’Avenç. 1985, 25, 52-55
[8] PAREJO DELGADO, M.J., “Baeza y Úbeda en la baja edad media”. 1988
[9] CARRERAS I CANDI, F., “Les aygues y banys de Barcelona”. Boletín de la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona. 1904, 2, 11, 115-139
[10] RIERA, J., “L’expulsió dels jueus de Tortosa”. Recerca. 1999. 3, 25
[11] VER ANEXO 4.1.6: Call de Girona



Andrés D. López
- M. Teoría e Historia de la Arquitectura  
- M. Gestión en Edificación                     
- Arquitecto T.