TANDIL

Carta del presidente de Tarbut Tandil

TANDIL
[Argentina]



MARCEL EDUARDO SAMUEL

Amigos de Tarbut Sefarad:

Primero debo agradecer a Mario Saban la propuesta de ser representante en la ciudad de Tandil (Provincia de Buenos Aires, Argentina) de esta extensa y formidable red cultural.

Mario, del que fui compañero de estudio en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en la segunda mitad de la década del 80, me sorprendió y honró con la propuesta. En aquellos años ya se vislumbraba su inclinación por el estudio de lo judío en general y, especialmente, de la cultura sefaradí. Lo que no imaginaba es que se iba a convertir, casi 25 años después, en uno de los referentes iberoamericanos del estudio y difusión de la cultura sefaradí.

Es a partir de su propuesta que revivieron en mi memoria los recuerdos de la infancia que son los que en definitiva marcan la vida de cualquier ser humano, permanecen y nos acompañan por siempre. Los que se nos aparecen sin llamarlos en cualquier instante de la vida.

En lo que se refiere específicamente a lo sefaradí (y dentro de lo sefaradí a los que, como mis abuelos, eran inmigrantes turcos procedentes de Izmir), esos recuerdos tienen que ver con el sentido de pertenencia a un colectivo, a una idea de identidad y de identificación con una cultura. En definitiva a una herencia de valores que se reflejó en la misma cotidianeidad de la vida familiar, que sin ser necesariamente apegada a lo religioso, se traducía en costumbres, palabras, dichos, frases, canciones, comidas, inconfundibles acentos, olores y sabores transmitidos de generación en generación. Manifestaciones de la cultura y vida familiar sefaradí que atravesaron los siglos y se enriquecieron con el transcurso del tiempo.

Lo extraordinario de la cultura sefaradí es que ha sobrevivido al destierro y al exilio; al odio, la intolerancia y las guerras; a la persecución y las torturas. Lo que muchas culturas no pudieron hacer ya sea porque fueron sometidas y absorbidas por otras, o bien porque se integraron y desaparecieron en el tiempo.

En ese recorrido probablemente se haya perdido mucho, pero no se ha perdido todo. Así como hemos conservado, a partir de la transmisión oral de la tradición y cultura sefaradí por parte de nuestros antepasados, una identidad que se refleja en muchas de nuestras acciones de vida; al mismo tiempo se ha perdido muchísimo al no poder volcar en forma escrita las experiencias sociales, colectivas e individuales de quienes nos precedieron.

Nuestros abuelos inmigrantes viven y se prolongan en nosotros. Son las mismas personas que caminaron las callecitas de Toledo, las que después recorrieron el Imperio Otomano, las que se afincaron en Izmir, las que eligieron a la Argentina o cualquier otro país como destino de vida.

Hoy día, con la globalización y el adelanto tecnológico que permite el intercambio permanente e instantáneo, son muchos los que intentan salvar al ladino de ser considerado una “lengua muerta” y los que buscan la continua difusión de la cultura sefaradí.

Tarbut Sefarad, y particularmente Mario Saban, es uno de ellos.

Mis felicitaciones y mi disposición a colaborar en la idea, la divulgación y el emprendimiento, desde una pequeña ciudad ubicada a 375 km al sur de Buenos Aires.

Un gran abrazo.

Marcelo Eduardo Samuel

Tandil (Argentina)
27 de marzo de 2013

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