Antisemitismo y la Teoría de la Asimilación

Por Martín Corera Izu.

No podemos, en estos momentos, avanzar ni social ni legislativamente sin reflexionar sobre el antijudaísmo (la denominación “antisemitismo” es la versión moderna que conocemos y el que la introdujo fue el político alemán Wilhelm Marr; fundó la organización “Liga antisemita”) que, aún hoy día, en pleno siglo XXI, es necesario y obligatorio denunciarlo ya que en nuestra “adelantada” Europa sigue existiendo de manera y forma arraigada. No exagero. El antijudaísmo es una señal de alarma para Europa. Si terminamos por trivializar los incidentes antisemitas nos ocurrirá otra vez como a ese héroe incomprendido miembro de la resistencia polaca, Jan Karski, cuando se recorre media Europa informando a los Aliados de la destrucción del gueto de Varsovia y del secreto de los campos de exterminio, y nadie le cree. O lo tachan de exagerado. La Fundamental Rights Agency (acrónimo en inglés, FRA), Agencia Europea para los Derechos Humanos de la UE, emite un informe donde concluye que los propios judíos entrevistados consideran que el antisemitismo es hoy un problema en países como Alemania, Hungría, Francia o UK. Un 26 por ciento de los judíos europeos dice haber sufrido acoso por su religión. Y en este punto es inadmisible la neutralidad.

En este ejercicio de borrar las culpas, ejercicio de expiación se llama, están en Austria para saldar las cuentas con su pasado. La Haus der Natur de Salzburgo casi, casi, a estas alturas, está dirigida por un ex alto mando de las SS, Eduard-Paul Tratz. Porque el ciclo biológico hizo su recorrido y llegó a su destino, en caso contrario, como digo, Tratz aún se calificaría como “zoólogo austriaco”, con su busto incluido, cerca de la entrada del museo, tratando de demostrar que los judíos son una “raza inferior”.

En el mismo país, la afamada Filarmónica de Viena y su profunda involucración con el nazismo. Nada más producirse la anexión de Austria por los alemanes, muy celebrada entre la población austriaca, aparecen las primeras listas en las que se clasifica a los trabajadores de la Ópera de Viena en distintas categorías: “judío, medio judío, judío por casamiento”, para despedirlos o forzarles a jubilarse. En 1942 cerca de la mitad de los músicos de la Filarmónica eran miembros del partido nazi. En 1956, la tan contrastada Orquesta, rindió homenaje al dirigente nazi Baldur Von Schirach, supervisor en la deportación de decenas de miles de judíos, otorgándole la más alta distinción, el Anillo de Honor. Bien es cierto que este, digamos, honor, en diciembre de 2013, fue revocado a Von Schirach y otros cinco muy altos cargos nazis a los que se les había concedido esta distinción.

Así mismo, no es menos cierto, todavía se está esperando un minuto de silencio en el Concierto de Año Nuevo por los trece músicos de origen judío que fueron expulsados. Cinco de ellos murieron en los campos de concentración.

Qué podemos decir del Ayuntamiento de Amsterdam cuando en 1947, a los judíos supervivientes del Holocausto, les puso innumerables trabas para recuperar sus viviendas confiscadas, y no conforme con esta “sensibilidad”, además, les cobró los impuestos con multas incluidas en concepto de atrasos. Hoy día aún está pendiente el contencioso indemnizatorio.

En pleno centro de Bruselas, el corazón de la UE, en mayo de 2014, la sombra del antisemitismo sobrevuela en un tiroteo en el Museo Judío de esa ciudad con el resultado de cuatro fallecidos, dos de ellos ciudadanos de Tel Aviv. Un ataque deliberado, sin duda, contra la comunidad judía.

Mismo modus operandi que en el colegio hebreo de Toulouse en 2012 donde el yihadista francés Merah asesinó a cuatro niños. En The New Republic, April 22, 2014, se da el siguiente titular: “Jews ordered to register in east Ukraine”. Se refiere a la zona de los prorusos de Donetsk. Más concretamente, al Censo de Judíos en las zonas prorusas de Ukraine.

Como resumen, solo es necesario acercarse al informe que sobre el estado de la situación del antisemitismo en 2013 realiza, de forma pormenorizada y minuciosa, el “Centro de Estudios sobre Antisemitismo Moshe Kantor” de la Tel Aviv University (TAU). Su conclusión es que en el citado año sigue la tendencia al alza del antisemitismo. Pero, ¿cómo se manifiesta el mismo? Pues se exterioriza a través de insultos, expresiones, lenguaje abusivo visual y verbal, amenazas y hostigamientos. Incluidos palizas como en la sinagoga de Crèteil, en París, hecho ocurrido tras el atentado en Bruselas. Este informe dice que Francia es el país europeo que más incidentes antisemitas ha padecido en 2012 y 2013.

En España, ante un hecho que puede llegar a tener su cierta relevancia deportiva, pero no pasa de ahí, la final del Eurobasket. Tras el partido de baloncesto celebrado el 18 de mayo de 2014 entre el Real Madrid y el Maccabi Tel Aviv, que vence, como dicen los periodistas deportivos, “el equipo macabeo”, se desata en Twitter un auténtico diluvio de mensajes antisemitas y referencias expresas al Holocausto. Todo ello hasta el extremo de que para detener estos comentarios racistas fue necesario denunciar a los tuiteros ante el Ministerio Fiscal por la comunidad judía en España. La libertad de expresión debe tener un límite, y el artículo 510 del Código Penal (introducido por la Ley Orgánica 3/2002, de 22 de mayo), fija la pena de prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses por, entre otros, “motivos antisemitas”. No es ninguna broma y me parece muy bien, pero, en cualquier caso, ¿resulta explicable esta reacción por una frustración deportiva? Pues no. Y eso que en la previa del partido se repartieron “cariño” y admiración recíproca jugadores veteranos de los dos equipos: Corbalán, Rullán, Brabender, Luyk …, Perry, Lou Siver, Aroesti, o mi ídolo baloncentista, Miki Berkowitz. ¡Qué recuerdos!

Pero, ¡cuidado!, también en el aspecto negativo debemos incluir la recepción que el equipo del Real Madrid de fútbol hizo a la activista palestina Ahed Tamimi, la adolescente que abofeteó a soldados israelíes, que promueve la violencia contra los ciudadanos israelíes y que se manifiesta a favor del terrorismo y de los ataques suicidas. No está, precisamente, a favor del diálogo y el entendimiento, y no resulta comprensible, desde cualquier punto de vista, el recibimiento que el Real Madrid hace el 29 de septiembre de 2018 a esta activista.

No tiene el presente trabajo la finalidad de analizar la cuestión del antisemitismo en España. Apasionante, sin duda. Desde el reencuentro con los sefardíes en la guerra de África en 1859, con el cuestionable amor a los judíos versus la intolerancia religiosa, hasta el papel actual que en los países occidentales tiene la izquierda con su simpatías hacia la causa palestina y sus tópicos antisemitas, pasando por la actuación de diplomáticos españoles en la II GM concediendo miles de salvoconductos a judíos sefardíes españoles al amparo, inesperado por no ser esa su finalidad, del Real Decreto de 20 de diciembre de 1924. Como señalo, interesantísimo tema, para profundizar en futuras ocasiones.

Para finalizar, respecto a España, a mí me gusta la reflexión que una voz autorizada como la de Isaac Querub, presidente de las Comunidades Judías en nuestro país, realiza sobre el antisemitismo en nuestro país. Comparto su perspectiva de que es un asunto de educación marcado por estereotipos derivados de la desinformación y que, al existir muchos prejuicios de origen religioso, la Iglesia Católica debe contribuir al esfuerzo de la lucha contra esos prejuicios y estereotipos. Resulta difícil de escuchar que, a día de la fecha, el Evangelio de San Juán 20, 19-31, en el II Domingo Pascual, refleje que los discípulos estaban en una casa, con las puertas cerradas, “por miedo a los judíos”…. Todo contribuye a la existencia de estos prejuicios.

En fin, en su intervención ante la Comisión de Justicia del Congreso, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, el 15 de octubre de 2014, explica, entre otros aspectos, que entre sus líneas de actuación se encuentra la reforma del Código Penal para revisar la regulación de las conductas de incitación al odio y a la violencia. La nueva regulación pretende adecuarse a la sentencia del Tribunal Constitucional 235/2007, de 7 de noviembre, que limita la aplicación del delito del genocidio a los supuestos en los que esta conducta constituya una incitación al odio u hostilidad contra minorías.

No obstante, referente es el informe sobre el antisemitismo en España durante los años 2015 y 2016 publicado en 2017 por el Observatorio del Antisemitismo. En el mismo se hace una descripción detallada de la situación poniendo explícitos ejemplos desde el boicot al profesor israelí Haim Eshach en la Universidad Autónoma de Madrid hasta el ataque al monumento a las víctimas del Holocausto en Oviedo, pasando por la cancelación de la actuación del cantante judío Matisyahu en el festival reggae de Benicasim (Castellón).

Esos hechos los tenemos aquí, sí, en España, y los medios de comunicación bien los obvian, bien les dan un tratamiento entre el paternalismo y la anécdota. Pero es constatable que en nuestro país, ser judío o amigo de los judíos, es un peligro.

La comunidad judía más numerosa de Europa se concentra en Francia. Están censados más de medio millón de personas, 550.000 integrantes. Esta cifra supone que la diáspora francesa es la segunda población judía más importante fuera de Israel, solo por detrás Estados Unidos, que ronda los seis millones. Otro dato: Desde principios de la pasada década, el Ministerio francés de Interior ha registrado unas 10.600 agresiones antisemitas.

Las circunstancias concurrentes hoy día en Francia (radicalización de los musulmanes franceses, los prejuicios milenarios, hostilidad de la izquierda antisemita o la mayor popularidad e implantación del partido de extrema derecha Frente Nacional, incluso gana las elecciones al Parlamento europeo de mayo/2014 cosechando el apoyo de la cuarta parte del electorado y la primera vuelta de las departamentales), hace que tres de cada cuatro judíos franceses han pensado en emprender la Aliá (“Aliyá”, “Alyah”) para huir del clima de antisemitismo que dicen sentir en Francia.

Los judíos franceses justifican hacer la Aliá por la búsqueda de un futuro mejor y huir de una situación de inseguridad. Preocupante, en cualquier caso. Las cifras, facilitadas por el Ministerio Israelí de Integración, hablan por sí solas. En 2012 apenas 2.000 judíos franceses se marcharon a Israel. En 2013 esta cifra se elevó hasta 3.280, Y, atención, solo en los ocho primeros meses del 2014, se marcharon a Israel 4.566 judíos originarios de Francia. Y cambiar de país no es sencillo, es siempre traumático, pero sienten que llegar a Israel es como “volver a casa”. Los datos son concluyentes. Francia es el país del mundo que más judíos “exporta” a Israel: 30.000 en los últimos cinco años. Casi el doble de los que han partido de Rusia o Estados Unidos.

Roger Cukierman, presidente del Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia (CRIF) y vicepresidente del Congreso Judío Mundial, ha señalado que, y algo sabrá al respecto, “No es muy agradable ser judío hoy en Francia”. Palabras que han originado fuerte polémica en Francia, pero el Sr. Cukierman, nacido en París en 1936, como decimos, creemos que tendrá un conocimiento contrastado de las circunstancias para realizar una afirmación que no deja en buen lugar a la sociedad francesa. Pero lo cierto es que el mismo Gobierno francés está muy preocupado. En las calles de París se han oído expresiones como: “Muerte a los judíos”. Algo impensable en décadas pasadas. Evidencias de la existencia de rebrotes inaceptables de antisemitismo.

El límite de lo soportable se produce cuando a primeros de enero de 2015 se produce el ataque de islamistas radicales a los redactores del periódico de humor “Charlie Hebdo” con el asesinato de doce redactores, el fusilamiento a sangre fría de un gendarme inerme en el suelo y el posterior secuestro y asesinato de cuatro menores judíos en un supermercado kosher de París. En estas circunstancias es como llegamos al 27 de marzo de 2018, en París, en donde dos hombres son detenidos acusados de “homicidio voluntario”, tras la muerte violenta de Mireille Knoll. Que, ¿quién es Mireille Knoll? Pues es una anciana judía de 85 años que durante la II GM sobrevivió a las redadas nazis pero ahora es asesinada por motivaciones antisemitas: “Es judía, debe tener dinero”. Es terrible para los judíos ser acusados por falsedades. Los prejuicios que conciernen a los judíos son milenarios, entran en las conciencias y resulta muy difícil borrarlos. Se da la circunstancia de que otra vecina del mismo distrito parisino que Knoll, de 65 años, judía, Sarah Halimi, también fue asesinada en marzo de 2017 a manos de un joven musulmán vecino con problemas psiquiátricos. Demasiadas coincidencias.

Ante este extremismo, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, exhortó  a los judíos de Francia a emigrar a Israel: “El Estado de Israel no es solo el lugar hacia el que dirigís vuestros rezos, es también vuestra casa”. Au revoir-Shalom, podríamos denominarlo. En cualquier caso, las cifras de judíos franceses que huyen de Francia a Israel, son históricas. “Es difícil vivir como un judío en Francia”, dicen los que se van.

Tampoco Alemania, claro, queda fuera del odio que obliga a los judíos a esconderse. Y es que después de haber pasado más de 70 años del horror nazi, ser judío en Alemania todavía es motivo de temor. Son, aproximadamente, 250.000 los judíos que en la actualidad viven en Alemania. El mismo presidente del Consejo Central de judíos alemanes, Josef Schuster, aconseja a los judíos no llevar la kipá. Ya vemos, un simple gesto sobre la cabeza que se convierte en peligroso. Demasiada hostilidad antijudía. Demasiada indiferencia en Europa. De nuevo, los judíos, vuelven a esconderse.

Todos estos datos nos deben poner en guardia de que el antijudaísmo está aquí. Consciente y deliberadamente no quiero decir “de vuelta”, “de nuevo” (“it´s back”). No. Los hechos son tan contundentes que la pregunta que nos debemos hacer es si en algún momento de la historia reciente el antisemitismo se ha llegado a ir del Viejo Continente. Entiendo que no. Con enorme decepción y desasosiego, sin exageración, podemos decir que está impregnado en el ADN de los europeos. Pues cuidado. Como bien dice el, ya mencionado, presidente de la Federación de Comunidades Judías en España, Isaac Querub Caro, “Donde resurge el antisemitismo se prepara una tragedia colectiva”. No descubro nada. Los hechos están ahí. Estamos como en una “ambigüedad moral” que pretende salvaguardar no se sabe qué para eludir el compromiso de hacer frente al problema que está aquí. Me viene a la memoria “Les mains sales” (“Las manos sucias”) de J. Paul Sartre, que tan magníficamente describe el dilema entre la ética y la política, y de que nadie se puede ni debe librar de las consecuencias de sus acciones. Ya saben que Sartre quedó verdaderamente impresionado al conocerse el terror de los campos de concentración alemanes y, en un plano metafórico de compromiso moral con el pueblo judío, dijo aquello de que “después de Auschwitz todos éramos judíos”.

En nuestro país, es un hecho incontestable que la Guerra Civil supuso en la sociedad española una fractura de tal dimensión que, aún hoy día, casi tres generaciones después y una Constitución democrática por medio, no está cicatrizada. Los ejemplos que he reflejado con anterioridad son, igualmente, el reflejo europeo de que las heridas que la Guerra Mundial, en lo que al pueblo judío refiere, están muy lejos de haber cicatrizado.

Este es un punto que me recuerda a lo que el referente historiador alemán Matthias-Theodor Mommsen, Premio Nobel de Literatura en 1902 y “Ciudadano Honorífico de Roma”, en los años ochenta del siglo XIX, explicó en su manifiesto contra el antisemitismo. De buena fe, expuso que el antisemitismo es una epidemia terrible de carácter incurable. Despierta tal odio que su curación solo será posible cuando su veneno se consuma y pierda su virulencia. Poco menos, entiendo, que, como el coach del boxeador, “tiraba la toalla”, y dejaba a los judíos a los pies de lo que los antisemitas quisieran hacer con ellos. Sin embargo, dejó un mensaje muy clarificador. Resulta inútil seguir protestando contra el antisemitismo.

Aquí es donde se encuentra la cuestión sustantiva de la solución. Justo en este punto es donde Theodor HERZL, el gran líder que todo gran movimiento necesita, se da de bruces con la cruda realidad consecuencia de la degradación pública en París, en 1894, de Alfred Dreyfus (militar francés de origen judío, condenado con falsas acusaciones de espionaje a favor de Alemania. Como corresponsal del periódico vienés “Neue Freie Presse”, contrasta, con decepción, el profundo nacionalismo y antisemitismo de la sociedad francesa, convirtiéndolo definitivamente en sionista. El asunto se conoce como el affaire Dreyfus).

¿Qué actuación profesional y personal tenía Herzl hasta ese momento en su abierta sociedad vienesa? Pues ni más ni menos que la que mantienen la mayoría de los ciudadanos judíos allí donde se encuentren: la de las “tesis asimilacionistas”. Y, ¿en qué consiste lo de ser judío asimilado? Pues la creencia de que la integración en la sociedad en que te desenvuelves te proporciona la tolerancia total. Hacer la equiparación de: “asimilación total”-“seguridad personal/familiar”.

¿Me interesa conocer si, por ejemplo, Jan Koum o Mark-Elliot Zuckerberg, fundadores de WhatsApp y Facebook, respectivamente, son de ascendencia judía, evangelista o católica? Pues, en absoluto. Entonces, ¿porqué en algún momento aparece lo de “Judío”, “Ethnicity: Jewish”? Ahí, justamente ahí, es donde Herzl entendió que cualquier esfuerzo de asimilación o integración no tendrá nunca éxito y está condenado siempre al fracaso si no dispones de una salida hacia tu “tierra de seguridad”, permítaseme la expresión. Tu refugio, quiero decir. Acertadamente, señala Herzl, en su referente “El Estado judío” (Der Judenstaat: Versuch einer modernen Lösung der Judenfrage), si sufrimos por ser apátridas, ¡creémonos una patria nosotros mismos! Esta fue la solución: Crear un Estado democrático, independiente y soberano para todos los judíos del mundo. Creo haber acertado al emplear la expresión “REFUGIO”. Descansar de la eterna huida. Hartazgo de ser un pueblo errante en un mundo hostil. Un pueblo expulsado al que se negaba el derecho a ser pueblo. Deseo de no emigrar nunca más. Sentir que estás asentado en una tierra pacífica y tranquila.

Lo cierto es que, el aspecto de la asimilación, tras la diáspora, es una máxima del pueblo judío. El adaptarse allí donde te encuentres, pasar desapercibido, ser invisible. Yo lo denominaría, si se me permite la expresión, con todo respeto y desde la cómoda distancia, la “angustia de ser judío”. Eso de poner una distancia y un ocultamiento de tu sentimiento religioso para demostrar a tus convecinos y a la sociedad en general que estás perfectamente integrado. Como señala Stefan Zweig, la adaptación al medio del pueblo o país donde viven, no es para los judíos solo una medida de protección externa, sino también una profunda necesidad interior. Su anhelo de patria, de tranquilidad, de reposo y de seguridad, sus ansias de no sentirse extraños, les empuja a adherirse con pasión a la cultura de su entorno.

Sí, pero la realidad se impone. Mayores y mejores lugares de asimilación que los judíos en la España del siglo XV, o reino, entonces no existían las naciones, o en Austria de final del siglo XIX, o la diáspora sefardí a los Países Bajos a partir del siglo XVI, atraídos por la libertad de conciencia, con las florecientes comunidades judías de Amsterdam o Amberes, como digo, mejores ejemplos de asimilación e integración, será difícil encontrar. Asimilación total de los judíos en los grupos nacionales en los que vivían. Sin embargo, los hechos y la realidad son otros. Rendirse a la evidencia de que, para el pueblo  judío, es imposible cualquier intento de asimilación.

La clarividencia de Herzl, aún contando con la oposición inicial de los judíos burgueses de Europa Occidental, el Oeste, e incluso de los rabinos de las sinagogas, tuvo un seguimiento masivo entre los judíos menos acomodados de Europa del Este, de Polonia, de Rusia y la actual Ucrania que se conocía como Galitzia. La razón estaba con Herzl, no se puede combatir el antisemitismo con una mayor integración, ni siquiera con una total asimilación. Fue necesario dar un paso más. Luchar por una tierra para los judíos. Empero, estaremos de acuerdo, esta tierra no es una tierra más de un país ordinario. No. Repito. Es una tierra de seguridad, un “territorio refugio”. Hoy significa lo mismo que en mayo de 1948, y lo mismo que en 1896 cuando se publica “El Estado Judío”. Es ese territorio, como dicen, donde puede que haya un día de paz pero nunca tranquilidad. El sentimiento de seguridad en su tierra es la posesión más deseable de millones de personas.

No quiero entrar en hablar de si Israel protege en exceso a sus nacionales y ello, precisamente, es lo que aprovecha la organización terrorista Hamás para forzar a Israel, si no a negociar con terroristas, Israel jamás negocia con terroristas, sí a listas de intercambios que, a ojos objetivos, resultan desproporcionados. Casos como los de Ron Arad, Najsón Wasjman (con interveción de la unidad de élite del Ejército israelí, el Sayeret Matkal), o el caso más conocido de Guilad Shalit. Como tan magníficamente lo dice Elías Cohen: “Esta sobreprotección es, precisamente, su debilidad”.

Me gusta referirme, cuando hablo de la asimilación, del caso Rathenau, Walther Rathenau. Junto al poeta judío-alemán Ernst Lissauer, el del “Canto de odio a Inglaterra” (“Todos tenemos un único odio … Todos tenemos un único enemigo: ¡Inglaterra!”), probablemente, el primer asesinado por el nacionalsocialismo en 1922 y en quien concurren todas las paradojas del ser judío. Será imposible encontrar un ejemplo, no ya de integración y asimilación absoluta en Alemania, no, es que era un nacionalista alemán. Ministro en la República de Weimar e hijo del todopoderoso director de la Compañía Eléctrica de Berlín (AEG), Emil Rathenau. Se oponía al sionismo  y estimulaba la integración total de los judíos en la sociedad alemana. Es más, critica a los judíos que no quieren integrarse. La paradoja es que durante la I GM propuso al ministro de guerra el disponer que toda la economía alemana se pusiera al servicio de la guerra, pudiendo sobreponerse así al bloqueo británico, y sirviendo de ejemplo para lo que luego hizo Alemania en la II GM. La industria al servicio de la guerra (Krupp, IBM, Hugo Boss, Volkswagen, BMW, IG-Farben, AEG, Siemens, Daimler Benz, ….), y aquello de la adversidad de unos significa la prosperidad de otros, uso de mano de obra en esclavitud, y el intento de aniquilación del pueblo judío por los alemanes, previo saqueo de todos sus bienes, claro. Pues bien, Rathenau, con toda su convicción de la raza germánica, nunca pudo conseguir no ser visto por los sectores más derechistas de la sociedad alemana sino como un conspirador judeo-comunista. Así, firmado el 16 de abril de 1922 en la localidad italiana de Rapallo, el tratado de amistad y cooperación entre Rusia y Alemania, por los ministros respectivos Georgi Chicherin y nuestro Walther Rathenau, fue la causa buscada para que este último fuese asesinado en junio de 1922 por ultranacionalistas a los que, precisamente, cuando en 1933 los nacionalsocialistas llegan al poder, lo primero que hacen es mandar erigir un monumento conmemorativo a los asesinos de Rathenau.

El asesinato o que la obsesión por la pureza de la raza conduzca los judíos a la proscripción social, la cuál, pese a ser invisible y fría, no es por ello menos cruel. Herzl falleció en 1904 y, en consecuencia, no conoció el destino de este “superejemplo” de asimilación en la sociedad donde te desenvuelves. Integración que no le sirvió para salvar su vida, ni aún siendo ministro alemán de AA.EE.. Herzl fue el que vio, e hizo ver a los demás, que tras ser zarandeado durante miles de años de las sociedades donde te encuentras, debes buscar tu “refugio”. The safety land.

No está de más que nos preguntemos, como tantos otros, el porqué de esa estigmatización hacia los judíos a lo largo de la historia, principalmente europea. Mil veces me lo he planteado. Mil y una veces no obtengo respuestas o me resulta inexplicable. ¿Es que en Occidente tenemos una judeofobia de serie? Lo ignoro, pero me lo planteo

Ya lo he dicho, ¿me importa si Koum puede ser agnóstico, ateo o practicante de cualquier religión? Pues de verdad que no. Sonrío irónicamente siempre que nos presentan a los judíos como un todo uniforme, pensamiento único, con un objetivo siempre oscuro y centrado en el afán de riqueza. O, eso de, no, es que “manejan los negocios”, los mercados financieros son suyos. Están todo el día con el dichoso Holocausto. Sólo les importa Israel, nazcan donde nazcan. Todos a vueltas con el Talmud y la Torá, o la halajá. Pero esta visión que se quiere dar del “judío poderoso”, influyente, todos en la misma dirección de negocios, mercados, riquezas, usuras, no responde si no a la visión que se ofrece desde determinados medios occidentales de poco menos que en Israel se vive en “shtell”, hablan “yiddish”, y los varones son todos jasídicos con “peyot”. Aquello de la película “Llenar el vacío” (“Lemale et ha´halal”) de la directora Rama Burshtein, que sí es “jaredí”, o la descripción que se hace en el libro “Los siete años de la abundancia” (“The Seven Good Years”) de Etgar Keret. Pues no.

Los judíos aparentan una unidad inquebrantable de cara al exterior, pero se da un constante debate interno. Es cierto que el antisemitismo es el elemento que más ha homogeneizado el concepto de judío. Lógico, pero Israel es un ejemplo de diversidad. Donde el secularismo es la regla. Es la combinación plural jasídica y laica, ashkenazí y sefardí. La pluralidad de intereses y valores de sus integrantes está siempre presente: ateos de patria, ultranacionalistas, agnósticos, pobres, ricos, de izquierdas o de derechas. Un lugar donde los partidos políticos se pueden multiplicar más rápido que la gente. Los isrelíes cumplen a la perfección lo que se suele decir de los judíos: “dos judíos, tres opiniones”. Un lugar donde la identidad es un constante debate abierto (“BINA”. Center for Jewish Identity. Hebrew Culture). Tu familia puede proceder de Europa y hasta puede que sigas las costumbres ashkenazíes, o si es originaria del Mediterráneo, las sefardíes; si no es así, que son procedentes del Este (Líbano, Siria, Irán, Irak, …), tus tradiciones y ritos pueden ser misrajíes. Incluso los originarios de Etiopía, falashas, o los procedentes de China: yutairen.

De todas estas diversidades, la comparativa asquenazíes/sefardíes, es uno de los aspectos de la sociedad israelí que más me seducen. Esa vieja teoría de que Israel está fundado sobre una ideología racista entre judíos orientales y judíos occidentales y que los ashkenazíes son el establishment, yo no creo que encaje en la actual sociedad israelí. El ejemplo de ello lo podemos encontrar en Dimona, en el desierto del Néguev. Si en los años cincuenta del pasado siglo fue el destino, no fácil, por otro lado, de los sefardíes procedentes de Marruecos, en la década de los ochenta correspondió esa misión a los inmigrantes procedentes de Rusia. Eso de que Ben Gurión detestaba a los judíos de Marruecos, con todos los respetos, no me lo termino de creer. Ocurre que cuando los sefardíes vuelven mayoritariamente a Israel se encuentran con una sociedad ya en marcha en la que tienen que encajar. ¿Que no se les acogió en la tierra prometida con el entusiasmo que esperaban? Pues seguro. ¿Que esa integración no ha sido sencilla? Eso es incuestionable. Que el alma sefardí, sensible y tolerante, es distinta de la asquenazí, pragmática y racional, y no tienen la misma concepción de la vida, pues eso está ahí. Ahora bien, de ahí a manifestar que los sefardíes y los asquenazíes, en su diversidad, no pueden entenderse nunca. Eso es impensable. Hay están los hechos. La comunidad sefardí, por medio del referente rabino Ovadia Yosef, entra en la Knesset a través del partido Shass, sirviendo de contrapeso entre el Laborista y el Likud, siendo hoy día el referente de una comunidad fuerte. Ya he comentado que esta comparativa entre las dos comunidades es un tema que me motiva muchísimo a conocerlo y profundizar en el mismo. Es el interior de la sociedad israelí y, entiendo, la explicación del funcionamiento de un pueblo hacia su supervivencia.

Un pueblo que fomenta una cultura antijerárquica y de improvisación. Que está libre de la estrechez del prejuicio. Que por encima del afán de riqueza, por encima de lo meramente material, está la preferencia por el mundo del espíritu, la formación intelectual. El verdadero esfuerzo de los judíos es por elevarse a un plano de cultura más alto en el mundo intelectual. El afán de riqueza es efímero, el ideal inmanente del judío es ascender a un estrato cultural superior. Formarse, proporcionar estudios a tus hijos aunque sea lo último que puedas hacer en tu vida. La excelencia de la educación es una cuestión de honor. La ambición, única, por otra parte, es el que los hijos estudien. El amor por el arte y la vida intelectual. Los judíos son sensibles al arte. Les gusta el arte. Crearon la mayor parte de obras de arte del siglo XIX. La pena, claro, es que luego estas colecciones fueran a parar a manos de denominados “marchantes” (o, más adecuado, “¿saqueadores?”), llámense Haberstock o Gurlitt, padre (Hildebrand) e hijo (Cornelius). De aquí a crear un sentimiento de envidia y de hostilidad hacia los judíos por el hecho de serlo solo hay un paso.

He comentado con anterioridad que, la israelí, es una sociedad sin prejuicios. Hay un aspecto que me llama muchísimo la atención en comparativa con nuestra sociedad occidental, o mejor, la española. Es el aspecto de ser una sociedad directa, de una franqueza tal que, incluso, a nuestros ojos, puede resultar maleducada. Pero, contrasto, es lo que les permite avanzar. Lo cierto es que, inherente a la manera de ser israelí, está el que, ya sea en la escuela primaria, en el ejército, en el trabajo, en la universidad, en la familia, dentro de tu propia casa, cada israelí puede cuestionar lo que le rodea a sabiendas que ello no repercutirá negativamente en su posición inicial por haberlo hecho. Aquello de que si la reticencia no te permite avanzar lo normal será tener seguridad en uno mismo. Lo definen con una palabra yiddish que suena un poco raro y llaman “chutzpah” (“houtspa”, descaro, que no tienen la menor vergüenza ni miedo a nada). Significa algo así como tener descaro, osadía, atrevimiento. A nuestros ojos occidentales, esta forma de actuar tan directa y de tanta franqueza, puede interpretarse como falta de respeto o maleducada. No lo entendía muy bien hasta que ví la película “El hijo del otro”, de la directora Lorraine Levy (el título original: “Le fils de l´autre”. En inglés, “The other son”). Es una escena en la que, en el ejército israelí, santo, seña y referencia de esa sociedad, la sargento le cuestiona a todo un coronel las solicitudes que hace y decisiones que toma para proteger a quien puede ser su hijo biológico. Esta frescura, estas ganas de avanzar y de protegerse, pueden ser la causa de que la cultura judía proporcione tantos premios Nobel o sea la referencia en la creación de start-ups. Allí donde se encuentran son siempre punta de lanza de la innovación, del progreso y de la modernidad.

Shalom.