El comercio entre Castilla y Aragón en la baja Edad Media y los libreros hebreos

Por Raúl Romero Bartolomé, Tarbut Almazán

Hace un tiempo, Lucía Conte Aguilar me comentó un episodio singular ocurrido enHace un tiempo, Lucía Conte Aguilar me comentó un episodio singular ocurrido enAlmazán, en torno a un ejemplar del libro de Jacob ben Asher: “Tur Yoreh De´Ha”.La primera edición del libro consta realizada en Híjar en 1487, por el editor Eliezer ben Abraham Alantansi, un personaje importante en la nueva profesión, con conexiones italianas en el siglo XV. Resulta que solo unas semanas antes de la promulgación de los edictos de expulsión, el 17 de marzo de 1492, Suleiman HaKohen escribió su nombre en el primer folio en blanco de un ejemplar del Tur Yoreh De’Ha hijarano, pero además anotó que acababa de comprarlo a Moses Fioro en un mercado de Almazán. Porqué se hizo llamar Suleiman en lugar de Salomón, no queda claro. Y tampoco la“importancia” de Almazán en este tipo de comercio. Como tal, y si nos ceñimos exclusivamente al comercio de libros, la posibilidad deque existiera en Almazán un mercado organizado de distribución y venta de librosen una fecha tan temprana es remota. Pero el solo hecho de que exista esa anotación de la transacción realizada en Almazán, me ha llevado a estudiar el comercio de la época en dos direcciones: a) La celebración de ferias en Almazán en la segunda mitad del siglo XV, y b) El comercio entre los reinos de Castilla y Aragón durante ese periodo. En ambas direcciones, Almazán aparece como un escenario importante del comercio de todo tipo de productos. Indagando en el comercio de libros como actividad estructurada, supe que este comercio conoce tres momentos bien diferentes: un primer período de provisionalidad, que puede encuadrarse entre los finales del siglo XV y 1540, con la intervención de libreros de paso, “andantes de feria “Y será durante el siglo XVI, cuando el comercio del libro en la Corona de Castilla sedesarrolla fundamentalmente en dos grandes centros: Salamanca y Medina delCampo. En ellos se llevan a cabo dos actividades complementarias: la producción y la distribución de impresos. Medina del Campo será el gran centro comercial donde están instalados los más importantes mercaderes de libros y donde se hallan los mayores depósitos de papel. Gracias a esta red de libreros y su poderosa infraestructura, la villa se convirtió en el más destacado centro de importación de obras impresas procedentes del extranjero que llegan en resmas y sin encuadernar.

Estamos pues, ante un hecho acaecido en 1492, y los “andantes de feria” vendrían. Estamos pues, ante un hecho acaecido en 1492, y los “andantes de feria” vendrían a ser continuadores de los arrieros que impulsaron el pastoreo trashumante y la Mesta, y que asistían a las primeras ferias semanales organizadas por los reyes en muchas plazas de Castilla desde el siglo XII.Y solo en 1497, una institución dará fuste y sentido al comercio de finales del siglo XV: La Junta y Hermandad de la Cabaña Real de Carreteros, Trajineros, Cabañiles y sus Derramas, instituida por los Reyes Católicos, aunque ya existía con anterioridad sin organización formal. Su fin sería el de organizar el transporte que garantizaba el abastecimiento del reino y las necesidades de la propia corona. Estaba dotada de una organización jurídica y jerarquizada, y gozaba de algunos privilegios como el paso y pasto de ganados o maderas para el arreglo de carros, además de exenciones de portazgos y del servicio de leva.2Así pues, estamos ante una actividad comercial que adquiere una gran relevancia, y que era necesario ordenar para mejor el “abastecimiento del reino”. No hay que olvidar que, durante el reinado de los Reyes Católicos, ocurren acontecimientos sociales, económicos y culturales que cambiaron el mundo, y coincide con el mayor esplendor que se había dado nunca del comercio internacional, al que había accedido Castilla gracias al comercio de la lana desde Burgos a las principales ciudades flamencas y germanas por los puertos de Bilbao y/o Santander. Entre los acontecimientos sociales, hay que destacar el gran dinamismo de la sociedad de la época, basado en un notable aumento de la población y, en consecuencia, de una importante expansión agraria materializada en el incremento de las superficies labradas, la aparición de nuevos cultivos y un gran crecimiento del número de cabezas de ganado (especialmente de la ganadería ovina, amparada por el Honrado Concejo de la Mesta).Entre los acontecimientos económicos hay que resaltar el gran desarrollo de las actividades preindustriales, especialmente las dedicadas a la elaboración de manufacturas textiles, del hierro, del cuero, etc., circunstancia que es clave para explicar el gran crecimiento que conoce el mundo urbano en estos tiempos, hasta el punto de llegar a establecerse una red permanente de villas y ciudades con una clara vocación artesanal y mercantil. Con los Reyes Católicos se da una proyección a las ferias, más allá de los ámbitos locales, con decisiones fundamentales como su mayor duración temporal, el apoyo sin fisuras por parte de la corona (que las dotan de exención de impuestos y de medidas de protección y seguridad para las personas y mercancías), o las medidas de protección y seguridad para las personas y mercancías), o la generalización en ellas de los nuevos instrumentos y técnicas de carácter financiero-letras de cambio, valores y títulos de deuda, bancas de dep6sito, etc., imprescindibles para la negociaci6n de mercancías de gran volumen y a mayores distancias. Y entre los acontecimientos culturales destacará sobre todos, la invención de la imprenta. El humanismo cristiano será ya una realidad a mediados del siglo XV, con dos ejes vertebradores: el servicio a Dios y la idea de progreso. Personalidades tan relevantes como el cardenal Cisneros y la fundación de la Universidad de Alcalá, o Erasmo de Roterdam, Antonio de Nebrija, etc. dieron lustrea una época de transición de la Edad Media a la Edad Moderna. La pintura será otra de las artes que encontrará en los Reyes Católicos devoción inmediata. En el ámbito del comercio se producirá una gran “revolución” alrededor del año1420.Las ferias semanales concedidas por los reyes a las diferentes villas y ciudades de Castilla habían de celebrarse siempre el mismo día, y apenas se intercambiaban productos frescos de huerta, frutas de temporada, legumbres, trigo, cebada, vino, aceite o harina. Productos todos de primera necesidad, así como aves y animales de corral, vivos. No era extraño ver a cerdos paseando tranquilamente por las calles de los pueblos en los días de feria. Poco a poco se irán añadiendo productos elaborados y utensilios fabricados por los lugareños: útiles de cocina, pan, dulces, y, en determinados lugares, las labores de sastres y zapateros. Pero el trasiego de los productos siempre era corto y constreñido al ámbito local y las aldeas próximas. Las acémilas hacían el trabajo pesado. Desde comienzos del siglo XV cobró una gran importancia la feria de Medina del Campo, fundada en torno a 1405 por Fernando de Antequera, tío del rey católico, y entronizado como rey de Aragón tras el compromiso de Caspe. El mercado amplió su horario comercial incluso a varias semanas, para poder atender las transacciones necesarias a que obligaba el comercio de la lana para su exportación a las ciudades de Amberes y/o Hamburgo, a través de los puertos de Santander y/o Bilbao. Hay que recordar que Inglaterra y Francia estaban inmersas en la Guerra de los Cien Años, y el tradicional proveedor de lana que era Inglaterra se hundió. Por eso fue necesario el abastecimiento de lana castellana. En torno a ese comercio de la lana está el origen de una próspera e importante actividad comercial en Almazán, a partir del año 1420.

 Por entonces, el reino estaba quebrado al desaparecer la financiación que por entonces, el reino estaba quebrado al desaparecer la financiación que aportaban los judíos, en gran medida convertidos tras los devastadores pogromos de 1391. Y la iglesia católica prohibía el préstamo con interés. Así pues, y con el buen oficio de D. Juan Hurtado de Mendoza, Señor de Almazán, será Abraham Bienveniste (Rabino Mayor de Castilla desde 1431), administrador del señorío de Almazán, quien pusiera las bases para el desarrollo de una actividad que sacará de la ruina a Castilla. Será la creación del “Estrado de las Rentas” donde se establecerá el arrendamiento de las rentas reales en una subasta pública al alza que se celebrará cada año en esa institución. Con el fin de suprimir los contratos de préstamo con interés, quienes acudieran a la puja tendrían que ofrecer una cantidad importante de dinero por adelantado, para acceder a la recaudación posterior de los tributos. Enel Estrado se pujaba por todas las rentas de un obispado, y muchos de ellos tenían una gran extensión de terreno. Así que, para llevar a cabo su tarea, el beneficiario de la puja tendría que contratar a un número importante de subarrendadores (que debían afianzar la parte correspondiente a la recaudación de su demarcación) y los recaudadores propiamente dichos, que se denominaban “cogedores”. En la recaudación de las alcabalas y tercias del reino correspondiente a los años1440 a 1443, aparece D. Abraham Bienveniste con una amplia nómina de fiadores donde aparecen cuatro cristianos y once judíos. Y entre los judíos, Salomón(Selomoh) de la Cavallería, vecino de Soria. Sabido es que Cavallería era un apellido ilustre de Aragón, y que una de las ramas mas importante e influyente del reino residía en Calatayud.Y el hecho de consignar Soria como domicilio debió obedecer a dos hechos: D.Abraham Bienveniste era natural de Soria, y con seguridad, un ciudadano aragonés tenía vedado el acceso a la recaudación de rentas del reino de Castilla. Este dato es importante para poder establecer la conexión comercial entre Calatayud y Almazán, que ya era importante a mediados de siglo. Pero, como decíamos antes, la pujanza de Almazán en el comercio de la lana comienzó a comienzos de siglo, como “tributario” de la feria de Medina del Campo, en un momento en que la Villa no había establecido aún una feria propia. El comercio entre ambas ciudades hay que estudiarlo bajo el prisma de larecaudación de los tributos procedentes de la trashumancia. El sistema cerraba un círculo perfecto de generación de riqueza. Una de las cañadas protegidas por la Mesta desde un principio es la que conocemos hoy como Cañada Real Soriana Oriental, imprescindible para conocer el gran desarrollo económico de Almazán en el siglo XV.El negocio de la lana daba comienzo en el invernadero, con el traslado de los rebaños al sur. Y allí, entre los meses de noviembre y enero tiene lugar la paridera de los corderos.

El embarazo de una oveja dura unos 140 días, y en tres meses se produce el destete de los corderos, justo a tiempo para regresar al agostadero. A Almazán, y, desde allí, de regreso a las tierras altas de Soria. Una vez en Almazán, los ganaderos separan a las madres con sus crías, y las ovejas jóvenes que puedan parir en la campaña siguiente, para recogerlas en sus explotaciones locales, y venden el resto a los intermediarios establecidos en Almazán, que las esquilan y las colocan a su vez en Medina del Campo a los grandes comerciantes de Burgos. Y desde Burgos, a los puertos de Santander y Bilbao parala exportación de la lana, como ya hemos comentado. En Almazán, además, se procede a la recaudación de impuestos para la Corona(portazgos y montazgos del recorrido trashumante), que los ganaderos satisfacían con la entrega de las ovejas “viejas” a los subarrendatarios de las alcabalas del reino. La feria de Medina del Campo se celebró desde un principio en el mes de mayo, atendiendo así al regreso de los rebaños a los agostaderos, y la esquila de las ovejas. A partir de 1420, y ante la quiebra del reino, la potestad de fundar ferias y mercados, hasta entonces exclusiva del monarca, la asumen los Señores territoriales (propietarios de señoríos que concede la corona para paliar el descontento social generado), instituyendo ferias francas, en principio de un reducido ámbito de intercambios, pero que conocerán desde sus primeros tiempos un gran desarrollo. Aparece así un sistema ferial que va más allá de los mercados semanales dedicados básicamente al intercambio de subsistencias y excedentes agrarios de primera necesidad, herederos de los antiguos azogues y azoguejos, que fueron los primeros espacios permanentes de compraventas y trueques cotidianos, emplazados generalmente en los extramuros de las villas junto a alguna puerta dela muralla.Tras la feria Medina del Campo de Fernando de Antequera en 1405, el almirante Alfonso Enríquez hace lo propio en su villa de Medina de Rioseco, en 1423; y el conde Alfonso Pimentel creará la feria en Villalon, hacia 1434.4A partir de aquí, todos los señoríos buscan enriquecer sus posesiones, crearán ferias más o menos importantes en sus predios, y no será una excepción el Señorío de Almazán. Hablamos ya de ferias “mayoristas”, donde se intercambiarán productos engrandes cantidades, que adquieren relevancia por razón de los productos que se intercambian (la lana y el grano en Almazán; el vino y los animales vivos en Ágreda, etc.) y/o por el tráfico entre los distintos reinos de España (entre Castilla y Aragón en el caso de Almazán)Pero, sin duda, todas ellas serán “subsidiarias” de la gran feria de Medina del Campo. Pero si hablamos de finales del siglo XV, gran parte de las operaciones aragonesas con Medina del Campo se hará a través de intermediarios de Almazán. Con la llegada del Emperador Carlos V, a Medina terminarán llegando los más importantes comerciantes de Aragón. Medina del Campo será el enclave principal del comercio castellano de la época. Sus ferias de mercancías en los tiempos del reinado de los Reyes Católicos son las más importantes de la Península lbérica, tanto por el volumen de manufacturas y productos llegados desde todos los confines de Europa, como por el número de transacciones dinerarias efectuadas. Los medios de pago admitidos (letras de cambio) a partir de las últimas décadas del siglo XV, serán el punto clave para entender el carácter internacional que llegaron a alcanzar, haciendo de esta villa un lugar de primera magnitud y de obligada referencia en el panorama económico europeo de finales del Medievo y comienzos de la Modernidad. Gracias a su concatenación temporal con las ferias flamencas de Brabante y luego con las francesas de Lyon, podían realizarse sin excesivas demoras importantes transacciones mercantiles y dinerarias con las ciudades más importantes de la Europa del momento desde punto de vista de comercio: Lisboa en Portugal, Londres en Inglaterra; Brujas, Malinas, Bruselas, Gante y Amberes en Flandes; Florencia, Génova, Venecia y Milán en Italia; Lyon, Nantes, Marsella y Besarnçonen Francia; o Madrid, Burgos, Sevilla y Barcelona en España.El viajero cordobés, Pero Tafur, en su obra “Andanças e Viaje par diversas partesdel mundo (1436-1439) compara el alcance de varias ferias europeas de aquellos años en los siguientes términos: “Non se coma podiese escrevir un fecho tan grande coma este desta feria destacibdad (se refiere a Amberes); e bien que yo e vista otras, ansi coma la de Genova,que es en el ducado de Saboya, e la de Francafordia, que es en Alemania, o la deMedina, que es en Castilla, mas a mi paresce que todas estas non son tanto comaaquella una».De otra parte, en la Crónica de Don Álvaro de Luna, Gonzalo Chacón se refiere a la feria de mayo de 1450 del siguiente modo: «Esto era por el mes de mayo. E coma en aquel tiempo fuera la feria de Medina del Campo, a la cual suelen venir e concurrir en ella grandes tropeles de gentes de diversas naciones, así de Castilla coma de otros regnos... (el rey Juan II seacercó) a ver el tracto e las grandes compañias e gentio e asimesmo lasdiversidades de mercaderias e otras cosas que ende habia».Pues, como habíamos dicho, la confluencia en Almazán de dos grandes rutas naturales de caminos, que unían Castilla con Aragón, por un lado, Segovia, Madridy  el Sur con Francia, por otro, determinó un claro sentido comercial, que se pondrá de manifiesto en sus ferias, y el asentamiento de una influyente colonia judía, de manifiesto en sus ferias, y el asentamiento de una influyente colonia judía, de amplio poderío económico, que llegó a suponer cerca de la tercera parte de la población. La Cañada Real Soriana Oriental, que atraviesa hoy el caso urbano favoreció también el tráfico de mercancías desde y hacia Medina del Campo. Hay, por tanto, (y si hablamos del comercio de la lana), dos zonas de influencia del comercio con Almazán, que serán Tarazona y Calatayud. Pero también será así en el comercio de otros productos, pues hemos de diferenciarlas Tierras Altas de Soria, con epicentro de intercambios en Ágreda, y los señoríos del sur de la provincia, con epicentro en Almazán. Y las condiciones serán diametralmente diferentes en ambos casos. Ágreda será una población de “realengo” (que dependía directamente del rey, y no de la nobleza o la Iglesia). En estas poblaciones, no solo los concejos municipales ejercían funciones administrativas del control del comercio, sino que, en el intercambio comercial entre los dos reinos, existen otras estructuras de dominación política, integradas en un sistema global para todo el reino. Los contactos comerciales entre Castilla y Aragón estuvieron siempre sometidos auna muy precisa reglamentación e intervención por parte de la monarquía castellana, orientada tanto a conseguir ingresos gravando actividades comerciales, como a impedir la salida del reino de determinados productos, dependiendo de la época y las circunstancias. Ya en el reinado de Alfonso X en el siglo XIII se estableció un impuesto que gravólas actividades comerciales con los reinos limítrofes de Castilla, al que se dio el nombre de “diezmos y aduanas”. El Rey Pedro I, el Cruel, en guerra con su hermano Enrique II, estableció la prohibición de salida del reino de productos vedados en las Cortes de Valladolid de1351, función que fue encomendada a unos oficiales del rey, a los que se dio elnombre de “alcaldes de sacas y cosas vedadas”. El primer “alcalde de sacas y cosas vedadas” de la zona fronteriza entre los dosreinos será el caballero soriano Fernán González de Santa Cruz (ganadero originario de Santa Cruz de Juarros), que fue guarda de toda la zona fronteriza entre Alfaro y Molina.Ya en el siglo XV consta que fueron nombrados alcalde de sacas distintos para cada uno de los tres obispados de la zona: Calahorra, Osma y Sigüenza. El nombramiento de alcaldes de saca se convirtió en una prerrogativa de la alta nobleza, que se fue consolidando desde el mismo momento de la llegada al trono de Enrique II, el de las merçedes”, que fue otorgando privilegios a los nobles quede Enrique II, el de las merçedes”, que fue otorgando privilegios a los nobles que habían apoyado su ascenso al poder en la guerra contra su hermano. La principal función de los alcaldes de sacas será evitar la salida de las mercancías “vedadas”, (en primer lugar, el dinero), en tanto en cuanto tenía un valor intrínseco importante (muchas monedas se acuñaban en plata), y, sobre todo, cuando Aragón declaraba la guerra, para no financiar ejércitos de mercenarios. Fueron muchos los incidentes entre los dos reinos, y no solo durante la guerra de “los pedros” en el siglo XIV, sino también en el XV, con las reclamaciones castellanas de los llamados “infantes de Aragón”, hijos de Fernando de Antequera (que era hermano de Enrique III de Castilla), constituido en rey de Aragón tras el “Compromiso de Caspe”. Multitud de conflictos se dieron entre los alcaldes de sacas y los arrendadores de diezmos y aduanas, sobre todo, porque mientras los primeros velaban por impedirla salida del reino de mercancías vedadas, los segundos estaban interesados, ante todo, porque pasase al reino vecino el mayor volumen de mercancías posible, para conseguir el mayor dinero posible y poder cubrir así el montante pagado en el “Estrado de las rentas” por arrendar la recaudación real. Y así eran frecuentes las denuncias de los alcaldes de sacas en las que hacían ver que los dezmeros puestos por los arrendadores en los puertos fronterizos colaboraban con los contrabandistas de productos cuya exportación estaba vedada por la ley. La tendencia natural a facilitar el intercambio de productos llevó a los alcaldes de sacas a defender sus privilegios a cualquier precio. En otras ocasiones, y en periodos de paz, acusaban también a los dezmeros de colaborar con quienes pasaban moneda a los reinos de Aragón y Navarra, para comprar allí mercancías, generalmente vino. El sistema funcionaba al revés. Los importadores aragoneses y navarros se acercaban a Ágreda para tomar el dinero, entregándoles una cédula de cambio de la mercancía adquirida. Sucedía que había mucha más demanda del lado castellano que del aragonés (onavarro), y como no tenían mercancía que intercambiar, se veían en la necesidad de tener que pasar moneda, a pesar de que estaba prohibido. Con el fin de mantener sus ingresos, los alcaldes de sacas también se corrompían cuando detectaban mercancía vedada en el carro de un comerciante, conminándole al pago de algún derecho o iguala a cambio de permitirles continuar su viaje y pasar sus mercancías (vedadas o no) a los reinos vecinos. Y esta “coima” se hizo habitual. No hacía falta la inspección de los carros. El comerciante “se denunciaba” de antemano, pagaba la iguala, y operaba sin problemas.

 Pero las alcaldías de sacas eran una institución en decadencia a mediados del siglo. Pero las alcaldías de sacas eran una institución en decadencia a mediados del siglo XV, porque serán los alcaldes de diezmos y aduanas quienes tendrán jurisdicción para entender en todos los pleitos que se planteasen entre los arrendadores de los tributos y los comerciantes. Y por este camino vino a tener solución el problema. En las siguientes subastas del “Estrado de las Rentas”, los arrendadores exigieron la no intervención de los alcaldes de sacas para importunar a los comerciantes, con el finde cubrir el monto total de las rentas sacadas a subasta. Completamente diferente era el trasiego de mercancías en las villas señoriales del sur de la provincia, porque disfrutaban de privilegios que les permitían comerciaren condiciones ventajosas de todo tipo. Por ejemplo, el privilegio concedido por Enrique IV en Olmedo el 12 de noviembre de 1465 a su mariscal Carlos de Arellano, señor de Ciria y Borobia, para que a fin de que tuviese bien abastecidos los castillos de éstas sus dos villas. pudiese tener a su disposición 30 acémilas francas tanto él como sus sucesores, quedando eximidas de pagar derechos aduaneros. Más amplio fue todavía el privilegio otorgado en el año 1512 por Fernando el Católico al conde de Monteagudo, según se deduce de una cédula enviada por este monarca desde Logroño el 29 de noviembre a los aduaneros y portazgueros ordenándoles que consintiesen pasar libremente por los puertos a las bestias y carretas que llevasen bastimentos del dicho conde, sin ponerles impedimento alguno y sin llevarles derechos, considerando que tenían por destino la provisión de la persona del conde y de la gente que llevó consigo a la conquista del reino deNavarra.6Ciertamente los beneficiarios de estos privilegios también los aprovecharían los Señores para participar del comercio fronterizo en condiciones ventajosas, si no ellos personalmente, sí a través de sus criados, algunos de los cuales serían comerciantes profesionales. El estado señorial del conde de Monteagudo, y más en particular su capital la villa de Almazán, constituyó un ámbito privilegiado para el desarrollo de contactos comerciales entre mercaderes castellanos y aragoneses, según lo demuestra la presencia de vecinos de Calatayud, entre los que habría que destacar al gran mercader Jaime Segarra, en la feria que se celebraba en la citada villa. Este fenómeno podría tener su explicación en el hecho de que estos mercaderes se verían obligados a pagar menos derechos de entrada y de salida si actuaban  através de territorios sometidos a régimen señorial, no sólo porque los señores delos mismos disfrutasen de privilegios del tipo de los que hemos mencionado, a los que difícilmente se podían acoger estos mercaderes extranjeros, sino también porque en los citados territorios la posición de poder ocupada por los señores hacía más difícil la actuación de los oficiales aduaneros de la monarquía y más fácil en más difícil la actuación de los oficiales aduaneros de la monarquía y más fácil en consecuencia la evasión fiscal.7Por último, y antes de centrarnos en el comercio de libros, vamos a mencionar las mercancías más habituales en la frontera a finales del siglo XV: De Castilla hacia Aragón: lana, trigo, caballos, animales para carne(fundamentalmente carneros, ovejas, cabras y cabrones), y pescados. Fue muy importante el trasiego de mercaderes, en su mayoría vascos, que llevaban a vender al reino de Aragón diversos productos de pesca como congrio, sardina, merluza y bacalao en salazón. De Aragón hacia Castilla: Vino aragonés (y navarro), especias, algodón, azúcar ,tejidos y complementos de ropa, papel, etc. Cabe destacar que las relaciones comerciales entre los dos reinos tienen como centros neurálgicos Tarazona y Calatayud, que exportaban sobre todo productos elaborados desde el aceite, cántaros y ollas de producción morisca, hasta los tejidos y pasamanería como calzas, mangas, bolsas, etc. etc. Por el contrario, no se potenció el desarrollo económico de la parte soriana, que se limitó a ejercer el papel de proveedora de materias primas. Era muy frecuente también lo que hemos conocido en el siglo XX como “estraperlo”, después de la guerra civil. Con mucha frecuencia, los campesinos sorianos pasaban la frontera con pequeñas cargas de cereal, volviendo luego a casa con calzas, jubones, zapatos o paños (que llevaban a la ida, para “aparellarlos” o teñirlos en Calatayud). Hay que destacar que este tipo de comercio se desarrolló fundamentalmente con Calatayud, por tratarse de intercambios con el Señorío de Almazán, mucho más permisivo con estas prácticas. El comercio de arte y libros. –A finales del siglo XV no se puede constatar la presencia de un mercado libre de libros. Por entonces, los libros eran un artículo de lujo si estaban editados en pergamino,y los canales de venta no diferirían de los habituales para aquellos, aunque fueran editados ya en papel, con el nuevo invento de la imprenta.

 Era también un objeto de circulación muy reducida, por cuanto el grueso de la Era también un objeto de circulación muy reducida, por cuanto el grueso de la población era analfabeta. Es decir, el mercado potencial quedaba reducido a la nobleza, el estamento eclesiástico, y los personajes poderosos en las finanzas. Obviamente, también los funcionarios de la corte. El nombre del comprador del libro que nos ocupa (Suleiman HaKohen) es un indicio de lo que estamos hablando. El apellido HaKohen (sacerdote brillante) nos habla de persona relevante en la escala social. El título del libro (Tur Yoreh De´Ha) nos habla también de aquellos aspectos sociales de la ley judía: finanzas, agravios, matrimonio, divorcio o conducta sexual. Todos ellos muy apropiados para que un sacerdote pueda ejercer su ministerio. Por último, el autor: Jacob ben Asher, también conocido como el Baal Ha Turim(Colonia 1269 – Toledo 1343) era muy conocido por su obra principal sobre la ley judía, el libro Arba Turim, también llamado “Tur”, que es una recopilación delas leyes judías válidas en ausencia del Templo de Jerusalén. La obra se divide en cuatro secciones, cada una de ellas llamada “Tur”, y aludía a las cuatro filas de joyas que había en el pectoral del Sumo Sacerdote del Templo de Jerusalén. Estamos, pues, ante un libro de gran importancia en la cultura judía. Del comprador también se puede inferir que fuera ascendiente de Joseph benJoshua ben Meïr ha-Kohen (también Joseph HaKohen, Joseph Hakohen o JosephHacohen ) (Aviñón 1496 – Génova 1575) que fue un afamado historiador y médico del siglo XVI, de cuyo origen sabemos que la familia paterna vivía originalmente en Cuenca, y que la familia materna era aragonesa. Pero ¿por qué se hace la transacción en Almazán? Podemos encontrar muchas razones, a saber:

  1. La familia real vivía en el Palacio Testamentario de Medina del Campo, y dio comienzo a lo que será, durante el siglo XVI, un activo comercio de tablas pintadas, esculturas, relieves y obras de arte en general conocido por las numerosas piezas de importación que aún se conservan en muchas ciudades y villas castellanas. A través de los puertos del Cantábrico llegarán, procedentes de Flandes y los Países Bajos, grandes cargamentos de objetos suntuarios, cuyo comercio tendrá en las ferias de Medina del Campo uno delos más importantes focos de compraventa y distribución de la península. Los barcos llevaban lana, y traían a comerciantes con sus mercancías, para llevarse de nuevo a Flandes el dinero pagado por la lana, con la venta de sus mercancías.

Conocido es el gusto de la reina católica por la pintura (y el arte flamenco. Conocido es el gusto de la reina católica por la pintura (y el arte flamenco en general). Estamos ante un incipiente negocio en los últimos años del siglo XV.

  1. Las mercancías serán adquiridas por miembros de la nobleza, jerarquías dela iglesia o grandes personajes del mundo de las finanzas, que embellecen sus estancias con piezas de arte innovadoras, convive con el deseo de las clases medias -hombres de negocios, funcionarios, clérigos o letrados- y las comunidades religiosas que quieren poseer obras artísticas, especialmente de tema religioso, para su culto particular.
  2. Almazán estaba íntimamente vinculado a Medina del Campo por el comercio de la lana, que se obtenía en torno al mes de mayo con el retorno de los rebaños trashumantes al agostadero a través de la Cañada Real Soriana oriental, la más importante del reino. No por casualidad la feria de Medina se celebraba también en mayo.
  3. La presencia de los reyes en Almazán era frecuente, en tanto que la reina acudía siempre a Almazán “para recibir al rey en Castilla” cuando este tenía que desplazarse a Aragón para resolver asuntos de su corona aragonesa. Alguien ha llegado a decir que los reyes estuvieron en Almazán en 17ocasiones. Si el dato es cierto, se podría incluso decir que distribuían su vida estable entre el Palacio medinense y el de Almazán

.5. Aquella presencia no se circunscribía a los reyes, por supuesto. Miembros de ambas cortes, séquito de guardia, nobles y un cuerpo de ejército acompañarían siempre a los reyes en estos viajes. Y no es extraño que se cerraran con ellos operaciones de compraventa de “obras de arte”, encargadas por la nobleza aragonesa.6. La existencia en Almazán de grandes terratenientes judíos, enriquecidos con el comercio de la lana. Muchos de ellos trabajando en la casa del Conde de Monteagudo, con un señorío muy extenso, y casas abiertas en muchas aldeas desde Almazán hasta Monteagudo de las Vicarías, casas que había que ornamentar con diferentes objetos de “decoración”. La población judía de Almazán era muy relevante en la época, y llegaba al 30% delos habitantes. Y el comercio entre Almazán y Calatayud era muy importante. Cabe muy bien la posibilidad de que, bien directamente o a través de comerciantes bilbilitanos, el editor del libro hijarano. sin duda vería la oportunidad de vender ejemplares en Almazán, como “andante de feria”. Finalmente, y como dato que avala la aristocrática vida adnamantina de la época,e n Almazán se exponen hoy las “Tablas de Memling” que son las dos puertas laterales de un tríptico flamenco al que le falta la pieza central, y que algunos atribuyen a una pieza traída desde Flandes por la archiduquesa Margarita de Austria con ocasión de su boda con el Príncipe Juan de Trastámara, que instaló su Corte con ocasión de su boda con el Príncipe Juan de Trastámara, que instaló su Corte en Almazán. No es relevante su origen, pero sí considerar que uno de los objetos más codiciados entonces era un oratorio pequeño y fácilmente transportable, que los reyes, los nobles, el clero y potentados llevaban a todas partes en sus viajes. Era un objeto que no podía faltar en ninguna casa noble. Si pensamos en que, una vez el rey en Castilla, los nobles aragoneses regresaban a sus predios, no es difícil pensar que volvieran acompañados de alfombras, muebles, tapices y tablas pintadas, que intermediarios adnamantinos custodiarían en Almazán, procedentes de Medina del Campo. También libros, por supuesto. Por último, mencionar algunos nombres de comerciantes de Tarazona y/o Calatayud, que ha recogido D. Máximo Diago Hernando en su libro citado:“ Relaciones comerciales entre Castilla y Aragón…”Juan Pérez de Santa Fe, vecino de Ariza y mercader de Calatayud. Pedro de Santa Fe, “botiguero” de Tarazona.Las “botigas” de Fernando de Silos y Jimeno de Cabrelles en Tarazona. Fernán López de Calatayud (977 carneros según consta en el libro de “collidas” dela aduana de Calatayud). Tratante de cueros sin curtir también. Pedro Cortés, carnicero de Zaragoza (120 bueyes por la aduana de Ariza)Citados en 1492, Fernán Funes, Pedro de Santángel y Miguel Marcel, mercaderes de Calatayud. Jaime Segarra, comerciante de artículos de mercería de Calatayud. Martín de Munchiellos, castellano que sacaba producto de las botigas de Tarazona, y entraba en Aragón pescado en salazón. Judíos sorianos como Simuel Abenate y Yuça Benaçan comerciantes en Tarazona. Yuça Abenate, comerciante en Calatayud. Jaime Pérez de Calatayud y su hermano Juan Pérez de Calatayud. Esperandeu Rabi, de Calatayud. Consta que carniceros de Zaragoza compraron 1.800 carneros a Diego de Castejón, vecino de Agreda, 700 a Juan Malo, vecino de esta misma villa y 3.500a Antón del Río, vecino de Yanguas. Nicolau de Silos, tratante de ganado en Tarazona. Juan Carrasco, de Ágreda, comerciante de trigo.

Los monjes del convento de San Francisco de Soria, que trataban con vino con los monjes del convento de San Francisco de Soria, que trataban con vino en Tarazona. Diego Ruiz de Quintana Redonda comerciante de trigo, Calatayud. Una nómina que se puede ampliar sin problemas.