ALBACETE

Juan María Gómez Ortiz presentó al Dr. Fainstein en Albacete

 Presentación de la conferencia: “Vivir después de Auschwitz. El impacto de la Shoá en el pensamiento y en la vida contemporánea” del Dr. Daniel Fainstein.
Por Juan María Gómez Ortiz.
Hoy tenemos en Albacete al profesor Daniel Fainstein, cuya presentación ya ha realizado la presidenta de Tarbut Albacete, Guadalupe Lozano. El conferenciante se licenció en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y se doctoró en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México. También alcanzó la maestría en Judaísmo Contemporáneo y Educación por la Universidad Hebrea de Jerusalén y realizó estudios rabínicos en el Seminario Rabínico Latinoamericano “M.T. Meyer”, del que fue decano.

Presentación de la Conferencia “Vivir después de Auschwitz. El impacto de la Shoá en el pensamiento y en la vida contemporánea” del Dr. Daniel Fainstein

Ha sido director del Consejo Central de Educación Judía en la Argentina y profesor invitado de numerosas instituciones de América Latina, Europa, Israel y los Estados Unidos. Es autor de numerosas publicaciones académicas y sus temas de investigación y docencia incluyen la historia intelectual y social del Judaísmo, la sociología de la Religión y la formación de educadores.

El tema de su conferencia es no sólo de interés, sino sumamente sugerente: «Vivir después de Auschwitz. El impacto de la Shoá en el pensamiento y en la vida contemporánea.»  Han pasado más de sesenta años desde que con la liberación de los campos de exterminio se descubriese la magnitud de la barbarie que había asolado a Europa desde que el nacionalsocialismo había llegado al poder. Todavía hoy intentamos hacernos cuenta cabal de lo que significó para millones de individuos la experiencia personal de sufrir la dictadura fascista alemana. Un paseo en el campo de Mauthausen por las llamadas escaleras de la muerte que conducían a la cantera, o un recorrido en el Museo del campo de Auschwitz-I, por delante de las vitrinas donde se amontonan decenas de miles de objetos como gafas, zapatos,  aparatos ortopédicos, maletas, o cabelleras humanas, es todavía una experiencia que anonada en cierto sentido y que obliga al visitante a la reflexión, a la amonestación y a la advertencia más profunda.

Es una reflexión que nos concierne a todos. La Shoá, el Holocausto, se refiere a  un genocidio específico que tuvo lugar en el siglo XX: primero la persecución sistemática, patrocinada por el Estado y después la aniquilación de la Comunidad Judía de Europa a manos de la Alemania Nazi y sus colaboradores entre 1933 y 1945. En la Shoá los Judíos fueron las víctimas principales con 6 millones de personas asesinadas. Pero también hay un modo de entender el Holocausto en un sentido amplio, puesto que otros colectivos como los gitanos (con medio millón de víctimas), los minusválidos físicos y psíquicos y los polacos también fueron marcados como objetivos primordiales de la destrucción por motivos raciales, étnicos o nacionales.  

Varios millones de personas más, entre los que se incluían homosexuales, Testigos de Jehová, Prisioneros de Guerra soviéticos, Republicanos españoles y opositores y disidentes políticos alemanes, comunistas, socialistas, anarquistas o demócratas, también sufrieron represión severa y muerte bajo la tiranía nazi en los centenares de campos de concentración y exterminio que proliferaron primero en Alemania y después por toda Europa.

El nombre de Auschwitz ha cobrado una resonancia especial en la historia del Holocausto. En la Conferencia de Wansee, celebrada en enero de 1942 las autoridades nacionalsocialistas coordinaron la puesta en práctica del plan hitleriano de asesinar masivamente a todos los judíos de Europa, proyecto que fue disfrazado lingüísticamente usando el eufemismo de  “solución final de la cuestión judía”.

Durante el año 1942 interminables convoyes de trenes abarrotados con hombres, mujeres y niños judíos de toda Europa, viajando en condiciones de hacinamiento deplorables que hacían del propio viaje una experiencia mortífera para los más débiles, llegaron a los seis principales campos de exterminio habilitados en la Polonia ocupada por los nazis: Belzec, Sobibor, Treblinka, Chelmno, Majdanek y Auschwitz-Birkenau. A finales de  1942 cuatro millones de judíos habían sido asesinados.

En estos campos de exterminio la brutalidad de las condiciones de existencia fue tanta que muchos supervivientes y testigos de la Shoá son los primeros en indicar la enorme dificultad de encontrar palabras que puedan describir sus experiencias.

Lo que sabemos de la vida y de la muerte en los campos no es, además, sino la punta del iceberg de lo que allí se vivió. Algunos descubrimientos casuales, como la narración de Zalmen Löwenthal, encontrada en una lata enterrada cerca de las ruinas del crematorio nº III de Auschwitz en 1962,  ofrecen pinceladas que nos permiten aproximarnos más de cerca a muchos de los de los pormenores desconocidos de la barbarie de la Shoá, en este caso concreto, el destino trágico de 600 muchachos judíos entre 12 y 18 años en la segunda mitad de octubre de 1944, cuya «lamentación terrible  -en palabras de Löwenthal- se oyó desde muy lejos.»

Para muchos de los que sufrieron la Shoá, la simple voluntad de mantenerse vivos enfrentándose a aquellas duras condiciones constituyó una actitud continuada de resistencia espiritual. Resistencia que es una palabra clave en el estudio de la Shoá y que no sólo se refiere a un acto físico o una revuelta armada, como la actividad de los partisanos o el contrabando de mensajes, comida o armamento. La resistencia también abarcó la práctica de las tradiciones religiosas o culturales desafiando las reglas o la creación artística, como la música y la poesía, tanto dentro de los ghetos como en los campos de concentración.

Para muchos de los que vivieron aquellos días atroces, debió ser difícil encontrar el menor sentido a lo que estaban viviendo. Y mucho menos un sentido positivo. Un escrito del rabino Jehudah Prero rememora la única festividad de Chánuka que se celebró en Auschwitz. Era imposible conseguir velas en el campo, de modo que los de judíos del pequeño grupo comprometido en celebrar la fiesta de las luces fueron apartando pequeñas cantidades de manteca y grasa hasta que pudieron fabricar una vela. En la víspera de Chánukah aquel grupo de personas demacradas y famélicas se reunieron en secreto alrededor de un rabino que pronunció las tres bendiciones que se recitan sobre las velas la primera noche de la festividad. Después de lo cual uno de los reunidos se acercó al rabino y le preguntó «¿Cómo pudo usted decir la tercera bendición? En ella se agradece a Hashem, a D-s,  por habernos traído hasta este día. ¿Cómo podemos agradecerle el habernos traído hasta un día en que permanecemos en medio de tales los horrores, de la tortura y de la muerte más atroz?»

Es con otras palabras la misma pregunta que se hacía años después el teólogo Martin Buber  "¿Cómo es posible una vida con Dios en una época en la cual existe un Auschwitz?”.

Pero sea desde la dimensión de ciudadanos demócratas, de personas que creen que un mundo mejor es posible y que vale la pena luchar por él o desde el sentimiento trascendente y solidario que también proporciona la fe a los que la viven, la Shoá sigue siendo una fuente permanente de preguntas –y de perplejidad-  para todos los seres humanos.     

El 24 de marzo de 2003, en Auschwitz-Birkenau y bajo la presidencia de la señora Simone Veil, la Comunidad Judía de Salónica inauguró una lápida escrita en ladino que reza lo siguiente:

«Ke este lugar, ande los nazis eksterminaron un milyon i medyo de ombres, de mujeres i de kriaturas, la mas parte djudyos de varios payizes de la Europa, sea para siempre, para la umanidad, un grito de dezespero i unas sinyales.»

Nuestro conferenciante de hoy ha estudiado en profundidad el Holocausto y su significado, y está en condiciones de proporcionarnos claves y respuestas a estos «gritos de dezespero» i estas «sinyales» que para toda la Humanidad avanzada y progresiva constituirán siempre Auschwitz y la Shoá. Con mi agradecimiento por la amable atención de todos ustedes cedo la palabra a nuestro invitado, el doctor Daniel Fainstein.

J.M.G.O.
Albacete, 9 de junio de 2009.