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El concepto de D’os en el judaísmo

FE. La idea de “Dios único”.
Textos de Maimònides. Yo creo

El segundo Principio de la Fe judía de Maimónides trata de la unidad de D’os. Es decir, que hemos de creer que este Ser, que es la Causa de todo lo que existe, es Uno.

Él  no es uno como un miembro de un par o de una especie; tampoco es uno como un objeto único, que se puede dividir en varios elementos; ni tampoco es uno como el objeto físico más elemental que es posible dividir hasta el infinito. D'os es Uno en forma única. No existe otra unidad como la Suya.

Este segundo Principio nos lo enseña la Torá con las palabras: “Escucha, Israel, el Eterno es nuestro D’os, el Eterno es Uno” (Devarim/Deuteronomio 6:4).

Maimónides escribe que este Ser, que es la causa de todo lo que existe, es Uno.  

Con respecto al tema de la unidad de D’os, hay que aclarar un punto importante. Si observamos el universo que nos rodea, veremos que los fenómenos se repiten en la naturaleza una y otra vez. Por ejemplo, al introducir líquido en el congelador, se convierte en hielo, al soltar un objeto cae al suelo, etc. ¿Cuál es la causa de estos fenómenos? La respuesta que escucharemos será: “muy sencillo, estas son simplemente leyes naturales; la ley de la gravitación es la causa de que los objetos caigan, a ley de solidificación de los líquidos causa que se solidifiquen, etc.

Si preguntamos ahora al creyente cómo observa los fenómenos naturales, su respuesta será posiblemente: “Yo creo que el Creador lo hizo y, como parte de Su creación, creó las leyes de la naturaleza que son las que rigen los fenómenos del universo”. Si preguntamos a la misma persona: “Y cómo defines el milagro?” seguramente responderá: “En raras ocasiones, en virtud de una necesidad particular o para alguien que tenga méritos extraordinarios, D’os interviene en la naturaleza para alterar las leyes de la misma y producir un milagro, es decir un fenómeno inexplicable según las leyes naturales”.

Tales respuestas contradicen la definición auténtica de la unidad de D'os, cuya idea intentaremos comprender mediante la siguiente comparación:

Un anciano quería adiestrar a su perro a que le trajera un bastón cada vez que lo necesitara. Para esto utilizó la conocida táctica de darle un premio cada vez que cumpla su labor. Cuando el perro le obedecía trayéndole su bastón, el anciano le arrojaba un trozo de carne, hasta que consiguió acostumbrarlo. Al cabo de un tiempo lo podemos imaginarnos qué es lo que pensaba el perro: “Cada vez que voy por el bastón recibo automáticamente un trozo de carne”. Pero en realidad el perro se equivoca porque el verdadero factor de que le sea proporcionada la carne no es el hecho de ir a buscar el bastón, sino otra  razón: la decisión voluntaria de su amo. Es decir el anciano puede decidir darle carne o no. En un error similar puede el hombre incurrir al observar los fenómenos naturales. Cuando ve que todo objeto cae siempre al suelo, que al plantar una semilla crece una planta, etc. cualquier otro fenómeno de la naturaleza, esto le induce a creer que estos fenómenos  ocurren así obligatoriamente, sin depender de otro factor.  Es similar al error del perro que, al ver que cada vez que trae el bastón recibe un trozo de carne, piensa que hay una “ley natural” que causa este fenómeno.

En realidad la verdadera causa de todos los fenómenos naturales es el Creador, como dice el Tikuné Hazzohar: “Tú eres la causa de las causas”. El hecho de que los fenómenos se repitan una y otra vez significa simplemente que D’os quiere que cada vez ocurran de la misma manera (tal como el anciano decide cada vez lanzarle carne a su perro). Por consiguiente, a las preguntas por qué el objeto cae cuando lo soltamos, por qué la planta crece cuando uno planta la semilla, etc. Contestaremos: Porque el Creador lo dicta, como escribe un físico judío contemporáneo –el Profesor Leo Levy-: Las Leyes naturales no son más que la expresión de la voluntad del Creador; la piedra cae cada vez puesto que D’os quiere que caiga caga vez” (Judaismo y ciencia).

En cuanto tengamos claro este punto esencial, podremos comprender lo que es un milagro. Sigamos con la parábola anterior: si un día el anciano, queriendo divertirse, en lugar de lanzarle la carne después de que le acerque el bastón, se la lanzara justo cuando corriera en dirección hacia el bastón, ¿qué pensaría el perro?. ¡Un fenómeno sobrenatural! Sin haber traído el bastón ha aparecido la carne! Lo que para el perro supone algo sobrenatural, para el anciano no es más que un cambio en su actitud habitual. De la misma manera, el Creador quiere que los fenómenos se repitan una y otra vez.  Por ejemplo, D’os quiere que los alimentos crezcan a causa de los fenómenos bioquímicos que se realizan bajo tierra, pero, cuando lo desee, puede prescindir de este proceso. Para el Creador sólo supondría un cambio de actuación.


El concepto de D’os en el judaísmo.

El Señor es Uno, Deuteronomios 6:4).

Estas palabras expresan la creencia de Israel en la existencia de un D’os único e indivisible, que creó el mundo y todo lo que existe en él.

Fue Abraham el primero en dar expresión efectiva a esta religión monoteísta, convirtiéndose en el primer patriarca de los hebreos. Anteriormente Janoj y Noé, creyeron en la existencia de un Ser espiritual superior, único y supremo., pero Abraham se dedicó a la propagación de su fe. Logró transmitirla a su hijo Isaac, este a su vez , la legó a su hijo Jacob y éste a sus doce hijos jefes de las tribus de Israel.

Maimónides supone que es posible que otros hombres conocieron al D’os único y verdadero pero que perdieron su conocimiento y la fe.

La aceptación de la existencia de D’os es cuestión de fe (emuná,) es una fe racional, al que Abraham y todos sus descendiente expresaron su fe. Hay que tener en cuenta que en la religión judía, la razón y la fe no son antagónicas sino complementarias. Por ejemplo el judaísmo establece claramente una distinción entre los acontecimientos o hechos que contradicen la razón y aquellos que simplemente están por encima de la razón. Hay una gran diferencia entre ambos. Hay muchos elementos de la experiencia humana que sobrepasan la razón fuera del alcance del conocimiento y más allá de la comprensión humana y son aceptados por la fe.

En cuanto a los milagros, D’os opera sus milagros únicamente por medio de las leyes naturales que El mismo estableció y que no contradicen las leyes de la naturaleza aun cuando pueden parecer increíbles.

D'os es infinito y el hombre finito.

Las primeras palabras de la Torá son: “Al principio creó D’os los cielos y la tierra”. Es el D’os del Universo. “Yo soy el Señor tu D’os que te ha sacado de la tierra de Egipto”. El Dios Universal, es el mismo D’os que otorgó la libertad a Israel y a quien Israel declaró su fidelidad.

El concepto judío de D’os es el de un D’os moral que exige a la humanidad una vida ética y justa. Es un D’os universal, cuya soberanía se extiende sobre todo el mundo.

La idea de un hombre que se convierte en D’os o de un D’os que asuma la forma humana es incompatible con el espíritu religioso judío. La representación de D’os en imágenes es prohibida a los judíos. Lo dice el segundo mandamiento. “No te harás escultura ni imágenes.no te postrarás ante ellas ni les rendirás culto”.

Al hombre se le dio la posibilidad de elegir. El pueblo judío ya hizo su elección.
La religión judía no separa en “Y D’os creó los cielos y la Tierra”. Comienza en ese punto, continúa con el reconocimiento que “Yo soy el Señor, tu D’os, que te ha sacado de la tierra de Egipto”, Es un D’os viviente, que sigue actuando en el Universo creado por Él. Es un D’os Supremo preocupado por la conducta del pueblo que creara y para ese fin encontró los medios de hacer conocer Su voluntad a la humanidad. Continua juzgando la conducta de todos los hombres, recompensando y castigando, sea en ese mundo o en le mundo espiritual por venir.

Un elemento central en la fe judía de un D’os viviente, es que el Señor comunica de una manera espiritual Su Voluntad y Sus mandamientos a la criatura a la que otorgó libre albedrío, pero a quien exige sea Su obediente siervo. Manifestada en los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí, la voluntad de D’os se manifestó también en la Torá Escrita, formulada por Moisés bajo la profecía divina durante los cuarenta años que siguieron al Éxodo. También se manifestó la Voluntad de D’os en la Tradición Oral o Torá Oral que tiene también su fuente en el Sinaí, revelada a Moisés y transmitida oralmente por él a los jefes religiosos de Israel. La Torá Escrita hace alusión a esas instrucciones orales. La Torá Oral clarifica muchos de los mandamientos de la Torá Escrita, se transmitió de generación en generación hasta que finalmente fue recopilada en el siglo II de la era actual y constituye la piedra fundamental del Talmud.

La Torá posee un valor permanente y una verdad, y debe considerarse como la Voluntad Divina comunicada al hombre mortal y finito. El ser de D’os supera todo, está desprendido de todo y sin embargo lo comprende todo en sí mismo. D’os se comunica, se expresa, actúa inmediatamente en su creación.

En general se puede afirmar que el mito no conoce una creación de la nada. Ya hay siempre algo previamente disponible. La creación surge a partir de algo; en el mito de la creación, con soberana libertad hace existir algo que no es D’os mismo ni proviene de la misma sustancia de D’os. Es el acto libre por el que D’os ha creado de la nada todas las cosas, tanto espirituales como materiales, en toda su sustancia. D’os ha creado el mundo de la nada por su voluntad. Aquí la voluntad se considera unida, incluso idéntica, en la sustancia divina con D’os, su ser y su fuerza.

Él dijo: Soy el que soy. (Quiere decir es, existe. D’os está por encima de este mundo, D’os esta fuera del tiempo. D’os es la existencia necesaria, fue, es y será. La existencia per ser, es D’os. Es el señor del Universo, señor del mundo. Después de que todo deje de existir, D’os va seguir siendo D’os.

Nurit G. Vidal