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Sobre Hasday Ibn Shaprut y Jabalcuz

4/6/2008  I  Publicado en el diario VIVA JAÉN
Por Juan Carlos Blanco Molinos
El pasado 23 de mayo, nuevamente los jardines de Jabalcuz, se convirtieron en el escenario mágico para otra gran velada vespertina, esta vez poética, poesía sobre poesía. Ocurrió en una tarde gris de mayo, una ligera brisa se hizo presente, arrastrando algunas hojas prematuramente, como un paréntesis otoñal en el corazón de la primavera, haciendo más romántico el ya romántico paraje y momento. Pareciera que el viento quisiera traernos el alma del poeta y sabio paisano Hasday ibn Shaprut.

Y se materializó su espíritu en la voz de Javier Cano, y en las notas salidas de la guitarra de Mariano Cárdenas, que fueron desgranando uno a uno nostálgicos poemas y delicados momentos musicales. No éramos muchos los que nos bañamos en los aires frescos y puros que llegaban de la sagrada montaña, hoy sí, tocada de su famosa montera. No, no éramos muchos los afortunados, que aspiramos el aroma, quizás melancólico, quizás festivo, de nostálgicos poemas, con el coro alegre o plañidero de las aves anfitrionas, pero sí éramos los suficientes. La sensibilidad no necesita de masas, la sensibilidad se alimenta de belleza, se solaza en la poesía. Y en la montaña negra, pero no tan negra, hoy fajada con un mantón verde de coníferas, en los jardines que calzan sus plantas, en el agua generosa que retiene en sus inmensas ubres, es ahí donde está la vida, es ahí donde está la belleza, es ahí donde está la poesía, y sobrevolando el ambiente, o mejor dicho poseyendo el ambiente…, ¡el espíritu de Shaprut!.

Confieso que asistí al evento arrastrado más por el escenario, al que amo entrañablemente, que por el espectáculo que se nos ofrecía, creí que me aburriría. Sabía poco sobre la vida y hechos de Shaprut, tenía conocimiento de la existencia de Hasday ibn Shaprut, sólo por la lectura de Eslava Galán, y algunos artículos de prensa y siempre muy superficialmente, sabía que era un ilustre jienense, incluso que era un jienense universal del siglo X, pero me ha bastado una hora y media para comprender el alma del hombre, y para mí eso es suficiente, a estas alturas de mi vida. Aprovecho para expresar mi reconocimiento a Rafael Cámara, por su labor en torno a la cultura hebraica en Jaén, y desearle suerte en la consecución de sus objetivos por lo que ello pueda redundar en la memoria y conocimiento de nuestras raíces como pueblo pluricultural que somos. Y cómo no, al responsable de Cultura del Ayuntamiento, Pepe Montané, que tanto está haciendo desde su área de responsabilidad por Jabalcuz. Y para terminar, les sugiero a mis paisanos de Jaén, que vengan por Jabalcuz, que disfruten de estos maravillosos parajes que nos ofrece la naturaleza, a tan sólo tres km. de la Plaza de Santa María, siempre es momento para darse una vuelta por aquí. Cualquier época del año tiene su encanto, la nieve en invierno pone su manto blanco sobre las espaldas de nuestra ciudad, la primavera pinta el campo de los más hermosos colores y el verde tapiza nuestro suelo, en el tórrido verano de Jaén en nuestro parque se respira el aire cuatro o cinco grados más fresco, y sobre todo el otoño, el otoño en Jabalcuz, es la época de mayor esplendor, el aire en otoño es más azul, y se respiran aromas de tomillo y heno seco, cuando llueve la montaña arroja generosa el agua que almacena en su seno, corriendo cristalina y cantarina por el arroyo saltando por múltiples cascadas, los alces y zumaques cambian sus ropajes verdes por el rojo, para terminar en amarillo antes de desnudarse definitivamente con las primeras heladas del invierno. Y siempre las noches de Jabalcuz, en primavera, verano, otoño e invierno nuestro cielo brilla con la plata de millones de estrellas.