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Paseo sin estatuas

14/08/2008 I Publicado en DIARIO DE JAÉN.
Por Javier Cano.

El día que esta ciudad pueda sostenerle la mirada a su historia sin derrumbarse comprenderá el error de una actitud con la que, lejos de reconocerse, no ha venido haciendo otra cosa durante siglos que huir hacia delante sin más destino que su propia negación. Ese día, en la Plaza de la Magdalena, la estatua de Shaprut deberla de erguirse como un punto final, aunque tardío, para acabar con la costumbre de la desmemoria que, genéticamente, cargamos. Entonces, los ojos pétreos del condestable Miguel Lucas mirarían de frente el escenario de sus celebraciones y de su asesinato sobre el pedestal que inexiste en la isleta vegetal que parte en dos, entre el Ayuntamiento y el Palacio Episcopal, la calle Obispo González. En los cantones de Jesús, donde la capital se redime con paso cansino en la restauración del Camarín, la voz callada de Polluelas tiene que levantarse, con la serenidad y la noble sencillez de la escultura griega, cuando el de los Descalzos llegue, “lento de cuestas” suplicando gargantas- Lo mismo que el poeta Miguel Hernández en la plaza mejor con su hímnico “Andaluces de Jaén" a pie de calle. Si no, ningún plan de choque limpiaría este lugar de tanto olvido. 

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