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Paseando por nuestra Judería

Por Rocío Biedma.
Me gusta pasear, casi con añoranza, por entre los callejones pretéritos de nuestra Judería. Igual que me emocionan el resplandor de nuestra catedral, la gentileza de nuestro castillo y el marco de nuestros baños árabes, también es para mí un gozo contemplar cómo el tiempo ha quedado apresado en cada muro, en cada esquina, sobrevividos inexorablemente a través de los siglos. Sus piedras guardan señales de una historia que se viste de sombras o sonrosados atardeceres, se cubre de escarcha en las noches de invierno y de sudor rancio en las tardes de verano y huele a jazmín yapan recién hecho.

El silencio de las calles invoco nombres cuyos suspiros quedaron grabados en cada loso que avanza, se curva y se eleva en el aire como un secreto eterno dentro de un cosmos cerrado. El quehacer diario nos lleva veloz de un sitio a otro, la mirada se hace impasible ala belleza de nuestro pasado y no nos paramos a pensar en que algunas cosas las hacemos por última vez Pero nos quedan estas reliquias que, frágiles y disolutas, dejan constancia de nuestra heredad y nos unen a quienes nos antecedieron y a quienes nos sucedan.

"Dejan constancia de nuestra heredad y nos unen a quienes nos antecedieron"

8.2.2010  l  Publicado en Diario Jaén