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La aljama, los conversos y el fonsario de los judíos ( I )

Un centenar de familias fueron las primeras pobladoras de la judería jerezana, según el Libro del Repartimiento mandado confeccionar en 1266 por Alfonso X el Sabio, tras la reconquista de la ciudad. El doble se convertirían al cristianismo, años después, adoctrinadas por los frailes predicadores del convento de Santo Domingo.

Artículo publicado por diariodejerez.es _ 31.07.2012
Remitido por José Luis Jiménez [Tarbut Jerez]

Autor: Juan de la Plata

ALLÁ por las postrimerías del siglo XIV, la aljama de los judíos jerezanos se hallaba en su máximo esplendor. Los numerosos habitantes de la misma ocupaban sin duda los mejores puestos de la vida económica de la ciudad. Cambistas, usureros y cobradores de arbitrios ostentaban los mejores puestos, a la cabeza de sederos, tejedores y alfayates, o sastres. Una comunidad bien avenida con los cristianos mayoritarios, reconquistadores de Xerez, con los que realizaban toda clase de contratos y negocios; trabajando incluso en tiendas propias o ajenas, dentro del sector cristiano-

La aljama o judería estaba establecida, aproximadamente, en una zona que podríamos delimitar, aproximadamente, entre la parte final de la calle Larga, parte de la Tornería y Puerta de Sevilla, teniendo a sus afueras, pasadas las murallas y cerca de la huerta de los PP. Dominicos, su fonsario o cementerio, para los de su raza y religión, que venía a situarse, aproximadamente, donde actualmente existe la calle Honsario - modernización del antiguo vocablo fonsario - , en el barrio de San Pedro.

Dicha aljama adquiriría, el 3 de marzo de 1383, unas tierras baldías que poseía cerca de dicho fonsario, Pedro García, hijo de Juan García del Faro, vecino de la collación de San Dionisio, que se las vendió a dicha aljama, representada por el judío de la misma Moysé Esamay.

Estas tierras, según el contrato de compraventa de las mismas, firmado por los citados ante el escribano público Juan Martínez, eran cosa así como de dos aranzadas, y se encontraban, al decir del historiador Hipólito Sancho de Sopranis, "entre el muro de Jerez y la frontera huerta del convento de Santo Domingo, y entre las puertas del Real y de Sevilla, más próxima a la primera que a la asegunda, ya que lindaba con la carrera de Arcos".

Esta cercanía de la judería con el convento de los padres dominicos llevaría a estos a ejercer una cierta influencia sobre los judíos, a los cuales, durante mucho tiempo, trataron de convertir a la religión cristiana, consiguiéndolo en bastantes casos. Hasta el punto de que, el 20 de agosto de 1391, un grupo de estos conversos, en acto celebrado ante el mismo escribano, Juan Martínez, hicieron cesión solemne de las tierras lindantes con su fonsario - que parece seguían baldías - al convento de Santo Domingo, de las cuales tomaron posesión en el mismo día los procuradores de la orden fray Pedro Sánchez y fray Rodrigo, penetrando en ellas, según consta en documento, "por su propio pie".

Estas tierras, con el tiempo, los dominicos fueron parcelándolas y vendiéndolas para construir casas, en todo lo que hoy es calle Honsario y sus alrededores, en el barrio de San Pedro, perteneciente entonces a la collación de San Miguel.


LOS CONVERSOS ALCANZARON LOS 200

El historiador Hipólito Sancho de Sopranis nos da una lista bien completa de los conversos que cedieron a los frailes de Santo Domingo la llamada parte del fonsario de los judíos que, al parecer, no había sido utilizada como tal desde que la aljama la compró a su antiguo propietario, en 1383.

Estos conversos, dice el citado investigador, fueron en su mayor parte "personas modestas, menestrales que por sus oficios debieron de tener bastante contacto con los cristianos". Aunque apunte que, entre ellos, había dos familias de conversos bien acomodadas: los Alemany y los Carmoní.

En total eran cuarenta y nueve conversos, los que con sus respectivas familias sumarían alrededor de unos doscientos individuos, aproximadamente. Entre ellos, cuyos nombres omito por no hacer excesivamente largo este trabajo, anotamos un albardero -fabricante o vendedor de albardas para caballerías -; cuatro alfayates - o sastres -; cuatro sederos; tres tejedores; un tintorero, un chapinero, un jubetero, dos botoneros, un herrero, dos corredores y un curtidor.

No es mucho lo que se ha escrito sobre los judíos jerezanos. Quizás lo más importante sea lo que escribiera el sabio jesuita P. Fidel Fita Colomé, sobre la situación de nuestra judería, en 1266, publicado en el Boletín de la Real Academia de la Historia, Madrid, 1887; y lo que Hipólito Sancho de Sopranis del Centro de Estudios Históricos Jerezanos, diera a conocer, el año 1951, en la revista 'Sefarad' del Instituto Arias Montano del CSIC, como su especial 'Contribución a la historia de la Judería de Jerez de la Frontera' y que, a nosotros, en ambos casos, nos han servido como fuentes fidedignas para escribir este trabajo.

En su artículo, también citado por don Hipólito, el P. Fita se refiere más que nada a la partición concedida a los judíos en el Libro del Repartimiento de la ciudad, mandado hacer por Alfonso X el Sabio; en cuya relación se incluyen 101 vecinos hebreos, cabezas de familia y, como nota curiosa, refiriéndose al año 1887, en que escribió y publicó su artículo sobre nuestra judería, nos dice: "Aún ahora existe en Jerez, hacia el ángulo Nordeste y dentro del recinto de la antigua muralla, la calle de la Judería sin salida, pero con entrada por la calle de San Cristóbal. Suntuosa morada, casi regia, parque y magníficos jardines, propiedad de doña Victorina, viuda e hijos de don Manuel González, y otros edificios creados por la opulencia vinícola o industrial, cobija la planta de los descritos por el Repartimiento del año 1266; el cual nos ha dado a conocer un ome bono de la aljama, o concejo hebreo, y varios doctores de la madrisa o escuela; la alfondiga de la farina, con su alamín; el almacén o casa de la Merced, la entrada de la puerta de la judería, la contigua muralla de la ciudad y una o más sinagogas"

Todo, más o menos, como aún hoy se conserva, en este año de 2012. Aunque los propietarios ya no sean los mismos y todo haya cambiado en algunos aspectos.

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