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La visión de lo judío en la época franquista (II)

“NOTAS URGENTES” PARA EVITAR CONFUSIONES
Por Anun Barriuso y José Manuel Laureiro.
Finalizábamos el artículo anterior comentando que el antisemitismo en la época franquista no era algo anecdótico, sino parte de una ideología que el Régimen hacía suya y que propagaba entre los más jóvenes. Citaremos como ejemplo el libro  presentado anteriormente: Yo soy español. Es una obra perteneciente a la colección titulada “La biblioteca del párvulo”, volumen III de la misma. Lleva por subtítulo “Libro del Primer Grado de Historia” y está escrita por A. Serrano, Inspector de Enseñanza Primaria;  las ilustraciones pertenecen a J. López.

El libro está publicado por la Editorial Escuela Española en Madrid y su depósito legal es de 1.962

Como se ve por la fecha no es una obra que pueda estar “contaminada” por el triunfo bélico nazi, ni por el auge del fascismo italiano; más bien tiene unas raíces que se hunden en lo más profundo del imaginario colectivo, alimentado por un odio irracional hacia lo judío y más si recordamos que en esa época, en España la presencia judía era absolutamente minoritaria, por no decir “casi testimonial”.

Analizando la obra y tomando las citas literales, entrecomillándolas para evitar confusiones, queremos aportar nuestras reflexiones.

Yo soy español comienza con “unas advertencias a los educadores”, en las cuales se reconoce  que la enseñanza de la Historia en muy difícil y más en estos primeros años, (no podemos olvidar que la obra es el tomo tercero de una biblioteca para párvulos) y nos dice como presentación que “El libro es sencillísimo, como reclama la edad de nuestros lectores, pero sin dejar de ser perfectamente serio, como exige la nobleza de sus fines[1]. Continúa:

Es el primero de éstos el amor a España. Nos duele en las entrañas que todos sus hijos no la amen desde que abren a la vida la flor de su corazón, y no admitimos que el despertar de este amor espera a edad más granada; como no admitiríamos, ni admitiría nadie, que se fijara una edad para que los hijos quieran a sus madres.

Estas ideas absurdas y peligrosas, vinieron del campo de la Pedagogía, o como torpe engendro marxista, o por el concepto errado de que los niños pequeños no alcanzaran a comprender la complejidad de la trama histórica[2].

Estas aseveraciones a modo de presentación, parece que tienen como finalidad advertir a los educadores, mostrando abiertamente las intenciones y los fines que se persiguen con la obra objeto de nuestro estudio.

Yo soy español”, se divide en 32 pequeñas lecturas que el maestro o la maestra harán llegar a sus pequeños alumnos de forma sistemática y como se dice en este preámbulo, “Lo que importa es que la lección cale hasta lo hondo y deje las entrañas temblando de emoción[3].

En estas 32 lecturas a modo de capítulos o como prefiere el autor “lecciones”, hay títulos tan sugerentes como “El castigo de un pecado” (nº 1), “La Virgen María estuvo en España” (nº 8),  “Moros y cristianos” (nº 11),  “Arriba España” (nº 12), “Los judíos matan a un niño” (nº 18), “La Princesa de las Naciones” (nº 22), “El Caudillo” (nº 31) y termina con el que otorga su título al libro, “Yo soy español” (nº 32).

Para evitar extendernos en demasía y centrar el tema que nos ocupa, analizaremos sólo dos de ellos, aún a sabiendas de que obviamos “perlas” que el lector curioso podrá buscar en el libro, si tiene la suerte de ojearlo…

Comenzaremos con el comentario de la lección 11, “Moros y cristianos”, y para ello transcribimos el texto:

A los moros les gustaba mucho España y tenían muchas ganas de ser los amos de nuestros pueblos, de nuestros campos, de nuestros montes, de nuestros mares.

Había entonces en España muchos judíos. Y los judíos, que tampoco querían a los españoles, dijeron a los moros por dónde tenían que entran para apoderarse de España[4].

Vemos que se manejan conceptos tales como  “España”, “Moros”, “Judíos”, “Españoles”, “Desencuentro entre judíos y “españoles”…. y para terminar, “La traición judía”.

No es necesario explicar que el término “España”, no sólo es inaceptable en el 711 de la era común, sino que es considerado como un error.

Otro concepto es el de “Moro” que se ha dado en España a aquellas personas que procedían del norte africano.  De hecho el propio Franco se hizo rodear de su llamada “Guardia Mora”, por cuyo motivo y atendiendo al momento histórico, no cabría  tachar la expresión de xenófoba, sino como aquella que designaba a personas procedentes del Magreb.

Llama la atención esa contraposición de términos, “españoles”, “judíos” y “moros”, con que se quiere dejar claro que ni los judíos ni los moros eran españoles, es decir, son gente venida de fuera y sobre todo, en actitud y calidad de invasores.

Decir que los judíos provenían de lejos, no es faltar a la verdad, como tampoco lo es decir que en ese momento “había muchos judíos”,  ya que los judíos establecidos en la Península Ibérica desde el siglo I (como se tiene constatado), no son foráneos y puestos a hablar con propiedad, diríamos que son un sustrato muy importante de lo que llamaríamos “lo español”.

Américo Castro en su obra “La realidad histórica de España”, dice lo siguiente:

Son y han sido españoles quienes sienten y han sentido estar formando parte de una comunidad humana en la Península Ibérica, enlazada en una continuidad de conciencia social con quienes efectivamente la han hecho posible, le han dado la forma de funcionamiento que ha venido singularizándola desde que el término “español” es usado en la península”.[5]

La diferencia en la concepción de “España” y “lo español”, es diametralmente diferente a pesar de ser dos autores coetáneos; eso sí, hay que tener en cuenta que  Américo Castro, vivió exiliado en Estados Unidos a causa de su fidelidad a la República Española.

El autor al final de cada lección, incluye una serie de sugerencias a modo de guía didáctica para el maestro; suelen ser abundantes y vienen  a recalcar los aspectos importantes del tema, para que sean tratados con mayor profundidad.

En referencia al tema judío, rescatamos las siguientes:

Traición de los judíos y negligencia de los gobernantes cristianos; ambos peligros subsisten siempre en la vida de la Patria[6].

Que provoque repugnancia en el corazón de los chiquitines la vileza de los traidores, la vileza de todo traidor[7].

Escribir y aprender: “LOS MOROS SE APODERARON DE ESPAÑA PORQUE LES AYUDARON LOS JUDÍOS Y LOS TRAIDORES[8].

Las sugerencias a los profesores “no tienen desperdicio”; por un lado “la no cuestionable traición judía”, por otro “la imposibilidad de redención de la culpa judía” y algo tan pedagógico como “provocar repugnancia en el corazón de los chiquitines…”.

Como colofón, esas “copias” que tanto nos aburrían de niños y que en este caso concreto, tiene por finalidad  remachar la idea central.

En resumen, podemos decir, que el objetivo de esta lección, era dejar dos aspectos con claridad meridiana, en el subconsciente infantil:

  1. La idea de que el judío es “algo extraño” a “lo español”, es algo ajeno y lo mejor que se debe hacer es extirparlo en bien de la salud general.
  2. El estereotipo del judío como alguien en el que no se puede confiar, como “traidor”.

Todo lo anteriormente citado, ya es definitorio de lo que se intentaba “inculcar” (que no enseñar) a los más pequeños de la época, no obstante,  hemos dejado para  el final y  por seguir el orden que el propio autor estableció, lo que podríamos llamar “el plato fuerte” en lo que a judeofobia se refiere, que no es ni más ni menos que recrear el tópico del “crimen ritual”.

Hay que decir que el crimen ritual achacado a los judíos  es una idea que recorre Europa en la Edad Media y que vuelve a recrear el Nazismo como arma de propaganda. Este libro, como no nos cansamos de apuntar, va destinado a niños que comienzan su escolarización en los años 60, más de quince años después de acabar la Segunda Guerra Mundial, en un mundo donde la condena del Nazismo es unánime, donde el desastre de la Shoá es conocido y repudiado. Lo que no impide que el “antisemitismo intemporal español” siga dando productos como éste y lo que es más grave, sean utilizados para “aleccionar” a generaciones de hombre y mujeres que hoy pueden estar al final de la cincuentena.

Pero pasemos a la lección 18, con un  título que ya es determinante: “LOS JUDÍOS MATAN A UN NIÑO”. Durante tres páginas que pasamos a reproducir, el autor  relata el supuesto martirio de Santo Domingo del Val, santo cuya veneración continúa en los altares de muchas  iglesias.

Reproducimos el texto en su totalidad para que el lector no pierda ni una coma de lo allí escrito:

En España había, por entonces, muchos judíos.

Y los judíos odiaban a los cristianos y les daba mucha rabia que los niños quisieran a la Virgen y al Señor.

Por eso mataron a Santo Domingo del Val.

Dominguito vivía en Zaragoza y quería ser capitán.

Era caritativo: daba su comida a los niños hambrientos. Era valiente: protegía a los niños débiles y desamparados. Era piadoso: y con otros compañeros atravesaba la ciudad cantando coplas a la Virgen.

Esto era lo que más irritaba a los judíos. Por eso pensaron matarlo.

Una tarde silenciosa, al pasar por la puerta de un judío, el judío le echo de pronto un lienzo por encima y lo metió en su casa y lo encerró.

A media noche se juntaron todos los judíos principales, quitaron a Dominguito su crucifijo y le dijeron que lo pisara, pero él contestó con valentía (y eso que no tenía más de siete años):

- Eso nunca. ¡Es mi Dios!

- Pues como tu Dios has de morir, dijeron los judíos

Y le pusieron una corona de espinas, le clavaron en una cruz y le traspasaron el pecho con una lanza.

Y Dominguito murió crucificado como el Señor[9].

La historia  no es nada original, como decíamos anteriormente, no pasa de ser la recreación del esteriotipo del “crimen ritual”, atribuido desde antiguo a los judíos. Se puede decir que  tiene de singular que en la Edad Media, los destinatarios de la “información”, eran los adultos, al objeto de crear las condiciones que fueran desarrollando el antisemitismo; aquí, la idea se extiende a los elementos más jóvenes de la sociedad. Ya hemos dicho en diferentes ocasiones que es parte de una biblioteca destinada a párvulos, con lo que se consigue que en el imaginario infantil, la idea del judío pase a ser alguien “peligroso” y que por sus métodos de actuación, se mimetice con otro de los grande horrores infantiles, “el hombre del saco”.

No sólo el texto tiene una gran carga de violencia y “miedo”, sino que también pone de relieve las virtudes de todo “buen niño de la época”, caritativo, valiente y piadoso…. En realidad, las virtudes que caracterizan al “monje soldado”, idea que el franquismo llevó hasta la saciedad (más bien en su primera época), y el ideal que se ofrecía a la juventud.

No creemos que el texto merezca más comentario por nuestra parte;  queremos dejar al lector cara a cara con él, para que saque sus propias conclusiones. De las ilustraciones, que sólo reproducimos una, ¡qué decir…!  Y de cada lección,  aparejada con unas sugerencias finales, apuntamos las que aquí se hacen:

Recordar el crimen horrendo del Calvario y la implacable maldición que pesa sobre la raza deicida[10].

¿Querían los judíos a los españoles? Recordad la traición del Guadalete[11].

Odio inextinguible de los judíos a los seguidores de Jesús: el turbio torrente que arranca del Calvario[12].

¿Os acordáis de otros niños que murieron de modo semejante?[13]”.

Frases para escribir, rumiar (la palabra es del autor) y aprender: ¡YO SOY CAPAZ DE DAR MI VIDA POR JESUCRISTO![14].

Como ya decíamos en el artículo precedente, cabría pensar que todo lo anterior es fruto de autores individuales donde muestran su “propia manera de ver las cosas”, pero desde luego, no es así.

El antisemitismo está fuertemente unido al franquismo desde sus orígenes, y para basar esta idea aportaremos algunos ejemplos:

El primero de todos y por respetar la cronología en las fechas de publicación, es la obra de Henry Ford, “El judío internacional”. ¡Un clásico del antisemitismo!

Obra que publica en España la Editorial Orbis- R. Wetzing en Salamanca en 1939, junto el año en que se da oficialmente por terminada la guerra civil. Es curioso que esta edición lleve un subtítulo, “El problema del mundo”.

Igualmente  presentaremos el libro escrito por Ernesto Giménez Caballero en 1943 y publicado por Ediciones de la Subsecretaría de Educación Popular en Madrid. La obra lleva por título, “España nuestra. El libro de las juventudes españolas”.

Esta obra nos recuerda al ya estudiado “Yo soy español”, en cuanto a su confección, contiene un prólogo dirigido a los maestros que lleva por título “Consignas a los maestros y familiares de los niños de España” y luego desarrolla su contenido en seis temas siendo el tema central, “la idea de España”.

Aunque nuestra idea era terminar con una somera muestra de antecedentes que dieran pie al antisemitismo adherido al franquismo, no nos resistimos a compartir con nuestros lectores unas frases de este libro:

La Revolución.- Y estalla la Revolución. Ya la recordaréis, niños míos. Asturias, Octubre de 1934…Después el 16 de febrero de 1936…

Francia y otras Potencias europeas habían logrado corroer a nuestra juventud, quitarla su entusiasmo por la Tradición, por el Ejército, por la Fe, por la Patria.

Rusia y el judaísmo se habían apoderado de nuestras masas operarias y campesinas, llenándolas de odio social, de separatismos regionales, haciéndolas cerrar el puño del rencor[15]. (El subrayado es nuestro).

Hasta aquí los datos. Ahora viene la hora de meditar, tomar conciencia sobre lo que todavía sucede durante este segundo decenio del siglo XXI y lo que es más importante, decidir el qué hacer.

 


[1] Serrano, A. “Yo soy Español”. Página 5. Ed. Escuela Española. Madrid 1962

[2] Serrano, A. “Yo soy Español”. Página 5. Ed. Escuela Española. Madrid 1962

[3] Íbidem. Página 6

[4] íbiden. Página 35

[5] Castro, Américo.- “La realidad histórica de España”. Ed. Porrúa. México 1954.

[6] Idem. Página 36

[7] Idem.

[8] Idem.

[9] Serrano, A.  “Yo soy Español”. Páginas 54, 55 y 56. Ed. Escuela Española. Madrid 1962

[10] Idem.. Página 56

[11] Idem. Página 56

[12] Idem.

[13] Idem.

[14] Idem.

[15] Giménez Caballero, Ernesto.- “España Nuestra. El libro de las juventudes españolas”. Ed. Subsecretaría de Educación Popular. Madrid 1943

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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