Del País de los Vascos: Crónica viajera de un judío sefardí por tierras euskaldunas

Por Moisés Benarroch Cohen [Tarbut Melilla]
Todo comenzó hace muchos años, cuando yo era muy niño y no tendría ni un lustro de vida. Una simple equipación de fútbol del Athletic de Bilbao que me regaló mi tío, un hincha incondicional de este club, lo cambió todo. Y allí empezó todo. No tenía ni idea de fútbol, no conocía los equipos ni como se llamaban los jugadores, ni nada de nada.

 

Pero como estaba de moda que todos los niños vistieran una equipación de fútbol, de cualquier equipo, me sentí tan ilusionado de tener algo en común con todos los niños de la época, que allí empezó mi pasión por el Athletic, como podría haber sido por el Madrid, el Barça o cualquier equipo modesto y/o menos conocido en caso de que el uniforme fuese de alguno de estos, y por el fútbol en general.

Pero no, fue la indumentaria del Athletic. Y como me considero un ratón de biblioteca, cada vez que tomo contacto con algo nuevo, empiezo a investigarlo, a analizarlo y a meterme de lleno en sus orígenes y en su historia. Y así empezó mi admiración primero por este club, después por la ciudad de Bilbao y posteriormente por Euskadi en general y también por Navarra.

Se puede decir que después de la cultura judía a la que con orgullo pertenezco, la cultura vasco-navarra es la que más admiro. Sus costumbres, sus deportes autóctonos, su música y danzas típicas, su gastronomía, su lengua tan singular rodeada de tantas lenguas latinas, el tema del nacionalismo, mi solidaridad con ellos al notar en sus propias carnes -al igual que nosotros los judíos- la barbarie hitleriana cuando la Legión Cóndor nazi arrasó Guernica… Incluso con los toros, que detesto por su crueldad contra el animal y por su riesgo mortal para el hombre, hago una excepción cuando de los encierros sanfermineros se trata y procuro siempre verlos.

Por eso, siempre traté de buscar un punto de encuentro entre ambas culturas, judía y vasca. Y siempre me he llevado una pequeña decepción cuando buscando en cualquier tipo de guía de la España Sefardí, la presencia judía en estas tierras, al menos en la parte vascongada a este lado de la frontera, es más bien escasa en comparación con otros puntos de la Península Ibérica.

Pero un día navegando por los mares de Internet, me encontré con la Asociación Tarbut Sefarad, y al ver el listado de ciudades adscritas, como es lógico en mí y como siempre hago cuando se me presenta un menú de ciudades, clické sobre Bilbao y al ver que habían vascos y más exactamente bilbaínos interesados en la cultura judía al igual que yo estoy interesado en la cultura vasca siendo judío, traté de contactar con Tarbut Bilbao, lo que sirvió para que posteriormente Tarbut Sefarad me ofreciese la presidencia en Melilla que hasta hoy día tengo el honor de ostentar. O sea, que se puede decir que si conocí Tarbut Sefarad y actualmente soy el Presidente de esta Asociación en Melilla es gracias a Tarbut Bilbao.

Y por fin, mis ilusiones se materializaron cuando a mitad de Diciembre del pasado año, me reuní en la capital vizcaína con las Presidentas de Tarbut Bilbao Sylvia Fuentes y Tarbut Getxo Begoña Prado, dos excelentes personas que muy amablemente se desplazaron desde Berango y Getxo respectivamente para reunirse conmigo en el hotel donde me hospedaba.

Pero Bilbao, con todo lo que me gusta y apasiona, tiene para mí una carencia que sin ella sería una “ciudad 10”, y es que no tiene ni judería ni el más mínimo atisbo de lo judío, debido a que la presencia judía allí fue prácticamente nula, según deduzco por todo lo que he leído e indagado.

Pero esa carencia la cubre Vitoria, ciudad que recorrí con Amaia Prieto y Aurora García Prieto, Presidentas de Tarbut en esa ciudad, otras dos excelentes personas, que conocí gracias a mi buen amigo Felipe Cambra, Presidente de Tarbut Pamplona.

Con su amabilidad y atención, ambas presidentas se dedicaron a mostrarme su ciudad con especial referencia a los lugares donde los judíos dejaron su rastro, durante no una sino dos jornadas de la semana pasada, por lo cual no sé si alguna vez conseguiré estarles lo suficientemente agradecido.

Tras pasar por la Plaza Sefarad, donde me encantó ver escrito su nombre en una placa también en Euskera (Sefarad Plaza, con el particular estilismo de las letras vascas) empezamos recorriendo el barrio de Judizmendi, uno de los pocos vestigios de tolerancia religiosa en la España de aquella época oscura de la expulsión de los judíos, pues según tengo entendido la Comunidad Judía local cedió el lugar donde antiguamente se encontraba el cementerio judío de la Ciudad al consistorio con la condición de que fuera respetado, lo cual así se cumplió cuando medio milenio más tarde la Comunidad Judía de Bayona en el País Vasco Francés tuvo la oportunidad de corroborarlo al hacerse cargo de esa zona. (¡Hay judíos vascos!-al menos en la parte francesa-¡por fin he conseguido dar con ellos!) .

Y de eso da fe un antiguo monolito coronado con el Maguén David y en cuya base una placa metálica reza: “En Homenaje a la amistosa convivencia de las culturas vasco-hebrea y a la tolerancia religiosa de esta Ciudad. Y en recuerdo a la Comunidad Judía de Vitoria-Gasteiz”. Pero mi emoción fue doble cuando vi que esta inscripción, aparte de lo que significa, estaba escrita además de en español, en hebreo y en euskera, otro punto de encuentro, en este caso idiomático, entre judíos y euskaldunes.

Pero mi emoción fue aún más grande al ver otro monumento de mayor envergadura, realizado por la artista israelí nacida al igual que yo en Marruecos, Yael Artsi e inaugurado en 2004, concretamente un 10 de Diciembre, Día de la Declaración de los Derechos Humanos, formado no por uno sino por dos monolitos, y con las palabras del Profeta Isaias (2-4):

“y convertirán sus espadas en rejas de arado,
y sus lanzas en hoces:
no alzará espada nación contra nación
ni se ensayarán más
para la guerra”

las cuales tienen para mí un valor y un significado muy especial pues fueron las que recité el día de mi Bar Mitzvá como colofón del Darush (Discurso) que recité en ese día tan señalado para mí.

Posteriormente me mostraron la Casa del Cordón, en pleno Casco Viejo vitoriano, construida por el comerciante judeoconverso Juan Sánchez de Bilbao, prohombre que prestaba su ayuda de forma desinteresada a todos aquellos judíos acuciados por la situación hostil de la época, un sitio muy bello arquitectónica y decorativamente hablando, pero que me sobrecogió al figurarme las escenas que se vivirían en aquella época y en ese lugar al formarse largas colas de judíos solicitando cualquier tipo de ayuda en torno a su gran mesa de despacho.

Y ya dentro de lo que propiamente es la Judería, paseamos por la oficialmente llamada Calle Nueva Dentro (Judería) escrito también el nombre de la calle en euskera: Barruko Kaleberria (Judutegia), no ocultando una vez más mi alegría de ver escrita una palabra relacionada con lo judío (en este caso Judería) en vascuence. De aquí me quedo con la frase que termina con toda la explicación que de la Judería hace una placa informativa colocada por el Ayuntamiento de la capital vasca: “Nunca es tarde para la razón. Aprendamos de los errores del pasado”.

Pero no todo iba a ser preciosas casas y bellas zonas urbanas, ya que Vitoria se caracteriza por ser una ciudad ecológica y respetuosa con el Medio Ambiente, pues no en vano ha sido declarada Capital Verde Europea 2012, como muestra la verde y extensa campa de Abetxuko junto al río Zadorra, que me llevaron a conocer, lugar que invita a una próxima visita en primavera cuando suelen estar vestidas las ramas de sus árboles y donde se supone que, según cuenta la escritora gasteiztarra Toti Martínez de Lezea en su libro La Calle de la Judería, los judíos de la zona construían sus Sukkats durante la comúnmente llamada Fiesta de la Cabaña o Succot.

Fuera de lo judío y también gracias a ambas Presidentas pasé por lugares tan emblemáticos para los vascos como el Parlamento, el Gobierno Vasco, el Palacio de Ajuria Enea (Residencia del Lehendakari) situado en una bella zona residencial con construcciones de ensueño o la Universidad del País Vasco.

Así pues, para terminar, quiero dar las gracias una vez más a Tarbut Bilbao y Tarbut Getxo por la interesante entrevista que me brindaron hace un par de meses en Bilbao.

Gracias a ti, Felipe, Presidente de Tarbut Pamplona, con quien tengo pendiente una visita a tu ciudad, por haberme puesto en contacto con las encantadoras Presidentas de Tarbut Vitoria.

Gracias a vosotras Amaia y Aurora, Presidentas de Tarbut Vitoria, por haberme dedicado vuestro tiempo con tanto cariño y cordialidad.

…y por supuesto, gracias a Tarbut Sefarad, por brindarme una vez más la oportunidad de conocer gentes y lugares tan interesantes.

 

Moisés Benarroch Cohen
Presidente Tarbut Melilla
Melilla, 29 de febrero de 2012

 

Ver fotos en Flickr