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Rajel

Los asistentes a la conferencia que impartió Rajel Amado en Palma, bajo los auspicios de “Tarbut Sefarad” y el Instituto Baleares-Israel, no dábamos crédito a lo que veíamos y escuchábamos. Una mujer turca, judía sefardí, nos estaba contando a través de una película aspectos de la vida de su gente allá, en la Turquía que había acogido a sus antepasados expulsados de España.

Lo que veíamos en la pantalla y escuchábamos a través de las explicaciones de Rajel nos era mucho más cercano, más nuestro, que lo que habíamos dejado en la calle hacía unos momentos. Para empezar, aquella mujer nunca había aprendido español y, sin embargo, la entendíamos perfectamente. Nos hablaba en ladino, la lengua de los judíos de Sefarad, y en sus expresiones se entremezclaban frases y palabras sueltas que los más viejos de la sala habíamos escuchado pronunciar a nuestros abuelos. Luego nos explicaba cómo preparaba su madre la cena del shabat y nosotros contemplábamos en la pantalla a una mujer que preparaba algo muy parecido a los robiols. Los pequeños y entrañables detalles de la vida de una familia judía en la Turquía de los años treinta se parecían  a lo que algunos descendientes de judíos conversos habíamos vivido en nuestras casas: la preparación del ajuar para las novias, la mesa familiar, incluso las canciones, nos trasladaban a nuestra lejana infancia. Era la primera vez que Rajel pisaba Mallorca, pero parecía que aquella mujer había venido a traernos las imágenes de nuestro pasado. En el coloquio posterior, Lleonard Muntaner le preguntó en qué mano llevaban la alianza de boda los judíos sefardíes. Rajel no lo dudó un momento: en la izquierda. En toda España, menos en Mallorca, existía la tradición de llevar el anillo de boda en la mano derecha. La conferenciante nos explicó después que “cuando una sinagoga turca llevaba el nombre de “Mayor”, todo el mundo sabía que había sido fundada, muchos siglos atrás, por judíos procedentes de Mallorca”. Y dado que la expulsión ordenada por los Reyes Católicos se produjo muchos años después de las conversiones forzosas que tuvieron lugar en la isla, cabe colegir que nuestros pasados huidos a Turquía y acogidos a la hospitalidad del Imperio Otomano eran conversos que fueron expulsados –o huyeron- por judaizar.

El drama de los judíos mallorquines y sus descendientes
es, todavía hoy, una historia sin contar. Las huellas de los hebreos de Mallorca que, para su suerte, prefirieron huir –o morir- antes de renegar de la de mosaica, están esparcidas por todo el norte de África, y también en Turquía, en Grecia y otros países. La desgracia de los antepasados de Rajel Amado –judíos sefardíes procedentes, en su caso, de Granada- se ha convertido para ella en su mejor suerte: nadie le arrebató su fe y nunca ha tenido que llamar a las puertas de sinagoga alguna para que la acojan “como invitada”. Ningún rabino le dirá nunca aquello de “usted tiene el alma judía, pero…”

Publicado en Última Hora. 15/04/2008.