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La cadena irrompible

Israel Meir Lau, que fue Gran Rabino de Jerusalem, ha publicado un artículo en Internet que explica muchas cosas en pocas palabras. Meir maneja conceptos intemporales a través de una imposible ficción, pero sus conclusiones son abrumadoras. Julio César –cuenta- vuelve un día a la Roma actual. Desembarca en el aeropuerto de Fuimicino y apenas pisar tierra, experimenta algo muy parecido al terror.

La gente no habla su idioma, la religión es otra muy diferente y del antiguo esplendor de su Imperio quedan apenas unas ruinas. Casi simultáneamente, un Moisés redivivo llega al aeropuerto Ben Gurion, en Tel Aviv. La emoción le desborda cuando sus pies tocan Eretz Israel por primera vez, puesto que, tras guiar a su pueblo a través del desierto y cruzar el Mar Rojo con los carros del faraón pisándoles los talones, no pudo entrar en la Tierra Prometida. En el aeropuerto un joven maletero le saluda: “Shalom!” y Moisés contesta al saludo, asombrado de que el idioma que se habla en una ciudad tan moderna, llena de rascacielos acristalados, sea el mismo que él hablaba hace miles de años. Luego observa un grupo de hombres que reza en una esquina del aeropuerto. Cuando se les acerca, ve que cada uno de ellos viste Tefilim y Talit. Cuando acaban de orar, Moisés charla un rato con ellos y examina sus ornamentos religiosos: son idénticos a los que él estableció al descender del Sinaí. Más de tres mil años le separan de aquellos hombres. Moisés, nacido en Egipto, les pregunta por su procedencia: uno ha venido de Moscú, otro de Etiopía, los otros de Nueva York, Casablanca, Bombay, Sydney, París. Moisés dirige su rostro al cielo y grita: “Bendito es el Omnipotente, pues mi Pueblo todavía está vivo”.

La ficción intemporal describe una realidad incuestionable.
La nación judía ha sobrevivido imperio tras imperio, a un sinfín de persecuciones. ¿Qué queda del antiguo Egipto? ¿Dónde está la grandeza del imperio persa? Grecia y Roma pararon, pero el pueblo judío permanece. ¿Cuál es el secreto de tan increíble supervivencia? Hay tres: la fe, la historia y la herencia. Nunca, ni en los peores momentos, se rompió esta cadena. El 15 de Nissan los judíos celebran –celebramos- la fiesta del Pesaj. El rito es el mismo que tuvo lugar en sus barracones de esclavos, la noche antes de su liberación. El menú también es el mismo. Incluso en Mallorca, donde estuvimos a punto de perder lo poco que queda de nuestra memoria, hubo judíos sentados en torno a una mesa de Pesaj. En unas condiciones precarias, es cierto, yo diría que incluso lamentables. Pero ni siquiera aquí se consiguió romper la cadena indestructible de una herencia varias veces milenaria. Rosa Planas nos mostró hace poco el esplendor de la Mallorca judía del siglo XIV. Médicos, rabinos, cartógrafos, enaltecieron el nombre de esta Isla. Que nadie lo olvide. Feliz Pesaj a todos.  

21/04/2008  I  Publicado en Ultima Hora