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Dos mil años de vida

Los romanos no destruyeron toda forma de vida en Massada. Una semilla de palmera sobrevivió y ahora ha germinado. Todo un símbolo.
 Algunas veces los periódicos publicamos noticias maravillosas. palmera de dos mil años”. Para mi gusto le faltaba un antetítulo: “Ocurrió en Israel, naturalmente”. Tal vez convenga situar un poco más este hecho. Tras la destrucción de Jerusalem por las legiones romanas de Tito, en el año 70 de la Era Común, casi un millar de zelotes se hicieron fuertes en la fortaleza de Massada, cerca del Mar Muerto, dónde resistieron durante más de tres años el asedio del ejército ocupante...
Los romanos, que querían borrar de la faz de la tierra a los judíos, no lograron escalar la cima de la montaña hasta que construyeron una rampa que, a día de hoy, es perfectamente visible. Eleazar Ben Yair, el jefe de los judíos asediados, resolvió que los supervivientes se matasen unos a otros, suicidándose él finalmente, antes que caer en manos del enemigo. Lo que no podía sospechar el heroico defensor de la fortaleza, es que casi dos mil años después, una forma de vida permanecería aún en el escenario de aquella masacre.

Los hechos no dejan lugar a dudas.
Científicos de la Organización Médica Hadassha, de Jerusalem, y del Instituto de Medio Ambiente Arava, de Israel, han logrado que germinara una de las tres semillas de palmera datilera que los arqueólogos encontraron en las ruinas del antiguo palacio de Herodes, en la cumbre de Massada. Las tres semillas, recogidas en 1963, fueron conservadas en temperatura ambiente, tal como habían permanecido a lo largo de los últimos veinte siglos. El 19 de enero de 2005 los científicos plantaron las tres semillas en otras tantas vasijas, abonándolas con un fertilizante a base de algas marinas. Dos de ellas no sobrevivieron, pero la tercera germinó, y hoy es ya una palmera de 120 centímetros. Estudios realizados con Carbono 14 habían determinado la edad de las semillas: entre 1940 y 2014 años. Las cifras cuadran exactamente: Massada fue destruida el año 74 de la Era Común. Más allá de los hechos irrefutables, el milagro de la palmera superviviente de Massada encierra un simbolismo casi sagrado. La agreste montaña, a la que yo subí en un cómodo funicular, y donde ahora existe un moderno Centro de Interpretación, es el símbolo de la resistencia judía frente a los invasores de Eretz Israel. Desde el año 74 hasta 1948, la posesión de aquellas tierras fue negada al pueblo que las había habitado desde el comienzo del mundo. No se puede subir a Massada sin sentir algo muy especial: allí está el espíritu de resistencia del pueblo judío, su tenaz voluntad de vivir y convivir en paz. A partir de ahora, además, Massada simbolizará la hegemonía científica y tecnológica de un pueblo que solamente ha idolatrado la cultura y los libros, el saber y el conocimiento. Creo que volveré a Massada por tercera vez para impregnarme de la fuerza telúrica que desprenden aquellas piedras. Dónde los invasores pretendieron acabar con toda forma de vida, sobrevivió la semilla de una palmera.