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Por qué ocurren estas cosas

Por Miquel Segura.
Estoy completamente seguro que quienes hemos protestado -empezando por la embajada de Israel- por la controvertida obra de Jorge Merino expuesta en “Arco” nos hemos convertido en promotores de la misma. Es más: quizá el propio Merino buscó el escándalo mediático para que su nombre y su obra destacasen por encima de las otras en la feria madrileña dedicada al arte. Con todo -y a riesgo de contribuir todavía más a la promoción de ese personaje- no puedo dejar de pensar que su actuación -al igual que muchas otras que vemos y padecemos todos los días- puede enmarcarse dentro del fenómeno que Jorge Marirródriga definió recientemente en un genial artículo titulado “La izquierda europea en el laberinto antisemita-la tormenta perfecta”. Me referiré únicamente a algunos aspectos del citado artículo que, según creo, son relevantes y ayudan a entender porqué ocurren cosas como la polémica de“Arco”.

 

Una encuesta reciente reveló que el 75% de los niños españoles no quieren tener a un judío como compañero de sala en la escuela. Y eso ocurre en un país de 45 millones de habitantes de entre los cuales apenas unos 35.000 somos judíos, lo que significa que es muy probable que ninguno de los niños encuestados, que fueron 2.500, conozca a judío alguno. ¿Qué está pasando aquí? Según Marirródriga esto ocurre porque Europa vive actualmente en una especie de “tormenta perfecta” que tiene a Israel en su centro y, por extensión, a todo lo que pueda ser identificado con “lo judío”. A ello contribuyen, sin ninguna duda, los medios de comunicación con su impúdica -y a menudo falseada- información del denominado “conflicto palestino”. Periodistas y directores de medios que dicen situarse en eso que se denomina la izquierda progresista (a mi me lo van a contar) no sienten contradicción alguna a la hora de preferir a organizaciones fundamentalistas que recurren al terrorismo antes que a gobiernos elegidos democráticamente, por muy erróneas que puedan considerar las decisiones de estos. Marirródriga advierte de “la letal combinación de corrección política llevada al absurdo, el activismo de las organizaciones islámicas (ampliamente regadas en España con dinero público) y la abierta hostilidad de los medios de comunicación contra Israel. Todo eso ha llevado a una terrible conclusión, que se extiende sutilmente por las redacciones y llega hasta la opinión pública “lo que ocurre actualmente en el mundo no hubiese sucedido si no se hubiese refundado el estado de Israel”. Un pequeño país exquisitamente democrático, que está a la vanguardia de la ciencia y la alta tecnología y donde apenas se ha notado la crisis que asola a Europa, está siendo presentado a los ojos de la opinión pública como el único culpable. Sin ese caldo de cultivo antisemita -porque otra cosa no es- individuos como el tal Merino nunca se atreverían a perpetrar sus provocaciones.

20.02.2010 l Publicado en Última Hora