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Bonnín o la cara oculta de la historia

Por Miquel Segura.
Ha llegado a mis manos -directamente desde la editorial “Flor del Viento”- el último libro de Pere Bonnín. “Sangre Judía 2” es, básicamente, un libro de historia. Lo que ocurre es que Bonnín, judío mallorquín y de sa Pobla, exactamente como yo, cuenta aquella parte de la historia que siempre han querido ocultarnos. El subtitulo de la obra es muy elocuente: “La brillante estela de los españoles expulsados”. Yo creo que el gran mérito de Pere ha sido el de recopilar de manera amena y sencilla la cara oculta de una historia que sólo conocíamos -y quizá parcialmente- los interesados en el mundo judío.

Leer este libro -lo estoy haciendo estos días, y a menudo vuelvo atrás en el texto para comprender mejor el conjunto- es como recomponer la imagen de un gran mosaico del que hasta ahora sólo habíamos podido contemplar algunos fragmentos. Bonnín -y ese es para mi uno de sus grandes aciertos- ha escrito “Sangre Judía 2” para el gran público. Supongo que, al leerlo, muchos comprenderán hasta qué punto hemos vivido engañados por una visión de la historia profundamente parcial, interesadamente sesgada y voluntariamente perniciosa. Otro acierto de mi amigo y paisano es el de no tratar de edulcorar la historia con la sacarina de lo literario y políticamente correcto. Bonnín llama a las cosas -y a las personas- por su nombre, hecho que, a buen seguro, le valdrá algún anatema. En cierta ocasión Pere me dijo que admiraba mi valentía al denunciar las injusticias que hemos padecido los descendientes de judíos conversos mallorquines.

Ahora me corresponde devolverle el cumplido. Su diferencia respecto a mi al escribir sobre la historia de los conversos judaizantes es que Pere amplia voluntariamente su ángulo de visión. Y yo, que he recorrido gran parte de América Latina explicando la peculiaridad del fenómeno chueta en Mallorca, puedo dar fe que, al colocar el gran angular frente al lector, Bonnín amplía la visión de una larga historia de injusticias, vejaciones, sangre y muerte que, al generalizarse, nos permite avizorar su inmenso dramatismo, al tiempo que su desconocida grandeza.

Personalmente, he cruzado la Puerta de Sión con la manifiesta voluntad de dejar atrás las historias del pasado, con el deseo de compartir mis sentimientos religiosos con los católicos que sienten su fe de una manera sincera. Debo escribir, sin embargo, que después de leer “Sangre Judía 2” mi propósito se hará más difícil. Al repasar y ver en su conjunto el trato que quienes se dicen seguidores de Jesús de Nazaret han dispensado a través de la historia al Pueblo Judío, se necesita una gran dosis de buena voluntad y una gran capacidad de perdón para no manifestar públicamente un enorme desprecio hacia el cristianismo en general y la Iglesia Católica en particular. No es ese mi deseo, bien lo sabe D-os, pero, como escribe Bonnin, “quién ha predicado -y ejercido-el odio no puede encontrar amor”.