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Judíos dominicanos: en busca de la "ortodoxia flexible"

Por Miquel Segura [Tarbut Palma de Mallorca].
El rabino de Shavei, Elihahu Birbaum, me había enviado un largo artículo sobre la comunidad judía radicada en la República Dominicana. En mi viaje por motivos familiares a este bello país –que ha conocido, en los últimos años, unos espectaculares niveles de desarrollo- quise contactar con mis hermanos dominicanos. No fue difícil. A través del embajador israelí en la antigua “Hispaniola” pronto tuve ocasión de ser recibido en la sinagoga de la ciudad. Me acompañó, un viernes por la tarde, mi propio hijo. Me encontré con una comunidad reducida en número pero con un templo bellísimo y muy amplio, ubicado en pleno centro de la ciudad. Tras asistir a los oficios del khabalat shabat fui emplazado a una nueva visita para indagar un poco en el pasado y el presente de los judíos dominicanos.

Isaac Lalo es el secretario de la Comunidad Israelita de Santo Domingo. Es un hombre afable y buen conversador, que se interesó muy especialmente por la historia de mi Retorno al judaísmo y en general, por el resurgimiento de la identidad religiosa de los conversos mallorquines, que había rastreado en Internet. Le dije que, en algunos aspectos, su comunidad me había recordado a la de Palma de Mallorca. Existen, en efecto, muchos paralelismos. Ambas congregaciones son reducidas en número, con escaso arraigo en el seno de sociedades formalmente católicas, y de reciente implantación.

-Nuestra comunidad –apunta Lalo- es relativamente joven en el tiempo. Esta sinagoga fue construida y sufragada por Trujillo en 1957. En los últimos años 30 del siglo pasado, el dictador negoció con el gobierno nazi de Hitler el otorgamiento de 100.000 visados para judíos que quisieran abandonar aquel país.

Parece que Rafael Leónidas Trujillo, obsesionado por su condición de mulato, que siempre le negó el favor de las clases más altas de Dominicana, pretendía “blanquear” la raza. Era, por así decirlo, una suerte de racismo pro judío. Al revés de Hitler el sanguinario dictador caribeño debía pensar que la raza hebrea actuaría como “elemento purificador” en una sociedad mestiza. Por eso exigió que los judíos que debían llegar desde Europa –fundamentalmente alemanes y austriacos- fuesen mayoritariamente hombres solteros de entre 20 y 30 años. Pretendía, es obvio, que se asimilaran en el magma racial de la sociedad dominicana y en cierta manera lo consiguió.

Por razones que Lalo –que llegó desde Argentina- desconoce, el contingente de judíos que llegó a Dominicana entre 1938-39 no llegó a superar los 700. “La mayoría –explica mi interlocutor- se marcharon al poco tiempo a Cuba y Estados Unidos. Los que se quedaron se establecieron originariamente en Souza -actualmente hay alli un pequeño museo judío- dónde compraron una explotación bananera. Eran, evidentemente, judíos askenazíes y con toda probabilidad ortodoxos. Más tarde adquirirían un amplio solar en la capital y –ya en 1957- consiguieron que Trujillo les construyera la sinagoga”.

Lalo recuerda la figura de Efraín Steinmetz, que ya nació en la isla caribeña. Su papá había trabajado de colchonero y era ortodoxo muy estricto. Efraín siempre vestía de negro y solamente hablaba yiddish. Pero llegaron otros judíos, más jóvenes, que se inclinaban por el reformismo. Habían bebido en las fuentes de la “haskalá” (iluminación) y desechaban el rigor en la vestimenta de los ortodoxos y el cumplimiento estricto de la Halajà. Ellos fueron, y no los judíos como Steinmetz, los que inauguraron el actual templo.

¿Sois ortodoxos, o reformistas? –Le pregunto. Lalo no tiene una respuesta concreta a esta cuestión. El parece inclinarse por la “ortodoxia flexible”, que es la dominante en las mejores comunidades de la Diáspora.

-Yo llegué de Argentina en 1994 –cuenta Lalo- cuando la mayoría de quienes sustentaron esta comunidad ya habían fallecido. Don Jaime Mainster, de origen polaco, que murió en 1991, fue uno de sus pilares. En el 96, junto con mi esposa, resolvimos contratar a un rabino: Manix Kogan, que es conservador. Dirigió la comunidad a lo largo de dos años y luego se marcho.

Actualmente, en Santo Domingo hay una comunidad sin rabino y un rabino sin comunidad. El rav Simón Pelman, lubawitch, celebra shajarit todos los shabat en su domicilio particular. Allí acuden algunos miembros de la Comunidad Israelita, aunque no todos. El deseo de Isaac Lalo sería el de unir ambas corrientes. El templo es magnífico y –tal como ocurre también en Mallorca- sólo se llena en las denominadas “festividades altas” (Rosh Hassaná y Yom Kipur). Al menos en Santo Domingo no resulta difícil conseguir el minián en las anochecidas de los viernes. El rav Pelman, como muestra de buena voluntad, acude alguna vez a la sinagoga y entonces Lalo instala una mampara en el centro del templo para separar la zona de los hombres de la de las mujeres.

Por otra parte, Isaac Lalo me confesó que “aquí en Dominicana, existe un resurgir de los “anussim”. Cada día recibo llamadas de personas que aseguran tener antepasados judíos y que quieren hacer alià. Yo no les exijo mucho: solamente el documento de la ketubá de sus papás.

 

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