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Todo empezó en sa Pobla

Por Miquel Segura [Tarbut Palma de Mallorca]
“Todo empezó en sa Pobla y hoy se cierra un ciclo”. Estas palabras salieron de mi boca -no las había escrito previamente en mis notas- con un ligero temblor de emoción. ¿Por qué después de haber presentado mis libros por medio mundo – y no es una hipérbole- la presentación de “La història som nosaltres” (Lleonard Muntaner, editor) en mi pueblo natal, hacía aflorar emociones nuevas en mi ya cansado corazón? En efecto, todo había empezado allí, en 1993, cuando la transcripción periodística de un debate radiofónico sobre los chuetas despertó las iras del cura de la parroquia, levantando una polvareda mediática que llegó hasta “El País” y Televisión Española.

En aquellos largos meses, cuajados de temores y malos augurios, yo me sentía apoyado por mis paisanos, pero nunca pude asegurar que aquel apoyo existía. Ahora, 19 años después, lo sentí en los rostros y en las miradas de los poblers que acudieron en masa a la presentación del libro que completa la trilogía que, sin proponérmelo, he escrito sobre los chuetas. Sobre nosotros, los Benei Israel mallorquines, no sobre los del pasado, cuya memoria he venerado y cuyo ejemplo ha empujado sin duda mi incierto peregrinaje. . Y eso es precisamente lo que ha hecho que mi obra, por fin, fuese considerada singular. Mi testimonio -de las dolorosas experiencias de un niño y joven chueta hasta el Retorno al Pueblo de Israel, pasando por un sinuoso camino lleno de sobresaltos y dificultades- ha calado. Nadie tiene porque seguir mi proceso -de hecho ya lo han hecho tres personas- pero el Retorno de los chuetas a su identidad judía, con todas sus consecuencias, ya no es considerada la extravagancia preferida de un periodista agresivo al que “le ha dado por ahí”. Mi obra ya goza de la admiración de propios y extraños. Entre ellos -y ese fue el motivo de mi emoción- de algunos miembros de mi familia, de mis paisanos de sa Pobla. Es todo lo que necesitaba.

El salón de actos de “Sa Congregació” -dónde yo, hace unos 60 años leí estupefacto un panfleto antisemita en el que se narraba el martirio de un niño cristiano por parte de un rabino de Toledo- se llenó hasta los topes. Ahí estaban el alcalde, el concejal de Cultura y nada menos que todos los ex alcaldes vivos del periodo democrático. Mi libro concitó un extraño consenso, un silencioso homenaje que yo aprecié en todo su valor. Al contemplar, desde el escenario, los rostros de los asistentes me sentí ampliamente compensado. No necesito un éxito editorial y comercial como “La sombra del viento” -aunque no me vendría mal- todo lo que quería era sentir ese aprecio cercano, una voluntad de comprensión por parte de aquellos que, seguramente sin entender demasiado mi proceso personal, supieron decirme que me apoyaban. A todos, muchas gracias.