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En brazos de Nemirovsky

Por Miquel Segura [Tarbut Palma de Mallorca].
Termino mi agosto literario “en brazos” de Irène Nemirovsky. Era inevitable después de haber leído “David Golder” y, sobretodo, su obra maestra “Suite Francesa”, obra que no pudo completar porque fue deportada a Auschwitz y asesinada. “Los perros y los lobos”, última novela que la gran escritora vio publicada, no es su mejor obra pero para mi resulta claramente definitoria del drama que vivió esta genial escritora, el que marcó toda su trayectoria literaria y también su vida y su muerte.

Nemirovsky vivió bajo el peso de una angustia: su imborrable identidad judía, que hubiese querido abandonar como algunos abandonan la casa paterna y todo lo relacionado con ella al morir los progenitores. Nunca lo consiguió. Es más: fatalmente, murió por ser judía y sólo por ello.

La historia de Ada -Adoska en cariñoso diminutivo eslavo-, la judía pobre enamorada desde su infancia de su primo, el judío rico, es el núcleo de la trama narrativa que Nemirovsky utiliza para trazar magistralmente el amargo destino de unos hombres y mujeres que lucharon lo indecible para superar su condición hebrea y que, marcados para bien y para mal por una identidad milenaria, fueron víctimas de una imposible asimilación. Al igual que ocurrió -en una escala mucho menor, naturalmente, con los chuetas de Mallorca-  el dinero era el medio a través del cual soñaban con una redención equivocada. Los Sinner ricos -la familia ucraniana establecida en París, dueña de bancos, fábricas y pozos petrolíferos- creyeron escapar de la “maldición” gracias a su inmensa fortuna.

Pero Harry, el sobrino de los mellizos que triunfaron en la Francia de entre guerras, conservaba el “amor salvaje” -una expresión de la autora, que en la pluma de un escritor no judío podría tener un matiz antisemita- propio de “los orientales” y, además “tenía la piel aceitosa y los ojos muy negros”. En el atormentado amor de Ada y Harry Nemirovsky sintetiza las contradicciones que marcaron su corta vida. De haber entendido la identidad judía en sentido positivo -no necesariamente religioso- los convulsos personajes de “Los perros y los lobos” habrían conseguido sublimar su condición. Hay quien asegura -a mi me parece escalofriante- que el Holocausto fue la consecuencia de la negación de la propia identidad. Con todo, una novela extraordinaria.

Publicado en Última Hora 31.08.2012