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Cábala en Palma de Mallorca

Por Miguel Segura [Tarbut Palma de Mallorca]
He tardado casi dos semanas en comentar la extraordinaria conferencia que mi hermano y amigo Mario Sabán impartió en Palma el pasado ocho de enero. ¿Por qué? En primer lugar: se me antojaba misión imposible resumir en poco más de dos mil caracteres el torrente de conocimientos que el judío argentino, afincado en Barcelona, “volcó” sobre un fascinado auditorio a lo largo de poco más de una hora. Algo parecido le ocurría a él respecto a su conferencia: tenía que hablar del Árbol de la Vida en la Cábala y debía hacerlo restringido por el tiempo, adaptando además un tema tan complejo y profundo a la medida de su devoto auditorio.

Lo consiguió con mención especial. La facilidad de síntesis de Saban es ya legendaria para sus alumnos y seguidores, así como su extraordinaria capacidad de comunicación.

Nos enseñan a utilizar el “gran ordenador” del judaísmo a nivel de usuario para evitar que, desde nuestra ignorancia, nos equivoquemos de tecla.

“Quién se mete en la Cábala ya no puede salir de ella”, dijo Sabán, pero la verdad es que, a la vista de la sabiduría desplegada por el conferenciante, fuimos muchos los que lamentamos aquella noche no haber dedicado nuestra vida al estudio de la mística judía. Cuestiones tan insondables como la Creación del Mundo o la relación del Ser Humano con el Gran Infinito que llamamos Dios, fueron desmenuzadas por el verbo fácil del argentino, quién nos abrió una puerta a unas realidades ignotas que muchos ni siquiera llegan a intuir. No se trata sólo de conceptos místicos porque la cábala y la física se dan la mano. La ciencia ultra moderna descubre a menudo conceptos que ya describieron los cabalistas en el siglo XVI. Muchos creemos que llegará un día en el que ciencia y fe se encontraran en un claro del inmenso bosque de la historia.

Entre las muchas personas que seguimos la conferencia estaba un buen grupo de alumnos del rabino Nissan Ben Abraham y fue una alegría constatar como tres años largos de clases -sólo una vez por mes, cierto es- nos han situado en la rampa de despegue del auténtico conocimiento. Personalmente, llegué a una conclusión: Los preceptos religiosos -mitzvot- son seguramente las muletas que necesitamos aquellos que no tenemos la capacidad de entender el misterio de la relación de Dios con el hombre. Nos enseñan a utilizar el “gran ordenador” del judaísmo “a nivel de usuario” para evitar que, desde nuestra ignorancia, nos equivoquemos de tecla.

Artículo publicado en el periódico Última Hora 18.01.2013