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El Santuario

Por Miquel Segura [Tarbut Palma de Mallorca]
Este año no pude participar en los actos del Día del Libro; estaba un poco lejos, en Israel, ocupado en los preparativos de mi próxima obra -si es que llega a ver la luz algún día- y en la visita a amigos e instituciones de mi patria remota. Sin embargo, la casualidad -o no, porque los judíos no creemos en eso- quiso que el 23 de abril estuviese en el “Santuario del Libro”, el lugar más emblemático del mundo para alguien apasionado por la palabra escrita. Allí, en un extraordinario edificio anexo al Museo de Israel, se guardan los célebres “Rollos del Mar Muerto”. Tuve el privilegio de que me los enseñara mi amigo Adolfo Roitman, que ostenta el cargo de cuidador de los documentos más famosos del mundo.

¿Qué puedo decir de los “Rollos” que ya no se sepa? Admirar de cerca los auténticos -algunos de los que se enseñan son reproducciones- me produjo una emoción que atenazó por unos momentos mi garganta. Ahí, ante mis ojos, estaba el “Libro de Isaías”, uno de los manuscritos más antiguos que se conservan de la Torà. Mis insignificantes conocimientos de la lengua hebrea me permitían distinguir perfectamente algunas de las letras que alguien escribió en un pergamino hace más de 2.000 años, prácticamente en los tiempos en los que apareció la denominada “Torà” escrita. Bajo la cúpula del santuario reina una temperatura constante para evitar que el clima de Jerusalem altere la calidad de los pergaminos.

Roitman, convertido en guía de excepción, nos trasladó por unos momentos a un pasado que condicionó nuestra civilización. Me sentí muy pequeño e insignificante ante el poder de la palabra escrita, la maravilla de las letras y las palabras, el poder de la comunicación milenaria. Nunca había vivido un “Día del Libro” tan especial.

Publicado en Última Hora el 15.05.2013