Recortes de prensa

La salida de Egipto: un mito fundacional de la identidad judía

24/04/2008   |   Publicado en AURORA DIGITAL
Por Dr. Adolfo Roitman
La celebración de Pesaj es uno de los principales hitos del calendario judío. Los aspectos rituales de la fiesta (por ejemplo, la consumición del pan ázimo por siete días y la ausencia de levadura en las casas), como así también el carácter familiar de la misma con el tradicional Seder o cena pascual, han transformado esta festividad en uno de los pilares de la identidad judía...


Según los estudiosos, la Pascua habría sido en su origen pre israelita una fiesta anual de pastores nómadas, destinada a impedir que el Exterminador -(¿un demonio?)- atacara a los rebaños y a las familias (ver Éxodo 12:21-23). (Nota: Probablemente, ésta habría sido la fiesta de Yahveh, para la cual Moisés le había solicitado permiso a Faraón que dejara salir al pueblo [Éxodo 5:1]). Y, a su vez, esta celebración habría sido combinada en una época posterior (en ocasión de la reforma de Josías. Cf. 2 Reyes 22-23) con la fiesta de los Ázimos de origen agrícola (Levítico 23:5-8; Números 28:16-25), transformando de esta manera las dos fiestas en una sola festividad, en celebración de la milagrosa salida de Egipto: ''Guarda el mes de Abib y celebra en él la Pascua en honor de Yahveh tu Dios, porque fue en el mes de Abib, por la noche, cuando Yahveh tu Dios te sacó de Egipto. Sacrificarás en honor de Yahveh tu Dios una víctima pascual de ganado mayor y menor, en el lugar elegido por Yahveh tu Dios para morada de su nombre. No comerás con la víctima pan fermentado: durante siete días la comerás con ázimos -pan de aflicción- porque a toda prisa saliste del país de Egipto: para que te acuerdes todos los días de tu vida del día en que saliste del país de Egipto." (Deuteronomio 16:1-3). (Nota: Otra modificación introducida por el Deuteronomio fue la transformación de la Pascua, originalmente una fiesta familiar [Éxodo 12:1-14], en una celebración nacional, caracterizada por la peregrinación a Jerusalén [Deuteronomio 16:6-7]. De acuerdo a esta nueva regulación, se celebró la Pascua durante el reinado de Josías. Ver 2 Reyes 23:21-23).

Más allá de las disputas científicas acerca de la historicidad factual de la salida de Egipto, queda en claro que el relato de liberación se transformó ya en la antigüedad en un baluarte capital de la fe israelita. Una prueba de ello es la ordenanza establecida, según la cual será obligatorio para Israel de enseñar a los hijos por siempre la significación de la celebración: ''Guardad este mandato como decreto perpetuo para vosotros y vuestros hijos. También guardaréis este rito cuando entréis en la tierra que os dará Yahveh, según su promesa. Y cuando os pregunten vuestros hijos: ¿Qué significa para vosotros este rito?, responderéis: Este es el sacrificio de la Pascua de Yahveh, que pasó de largo por las casas de los israelitas en Egipto cuando hirió a los egipcios y salvó nuestras casas''." (Éxodo 12:24-27. Cf. Éxodo 10:2; Deuteronomio 6:20-25). (Nota: El tema de la salida de Egipto aparece en los diversos estratos de la literatura bíblica, muestra evidente de su centralidad en la auto-comprensión de Israel. Ver Jeremías 2:2; Oseas 2:16; Salmos 81:11, etc.)

De esta manera, entonces, el rito de la celebración anual de la Pascua convirtió el relato de la liberación milagrosa de Israel de Egipto en un mito fundacional de la nación. Y ello, de acuerdo a lo establecido por el afamado historiador de las religiones, el rumano Mircea Eliade (1907-1986), según el cual todo mito -(del griego, cuento-") muestra cómo ha venido a la existencia una realidad, sea ésta la realidad total, el Cosmos, o tan sólo un fragmento de ella: una isla, una especie vegetal, una institución humana. Al narrar cómo han venido las cosas a la existencia, se les da una explicación y se responde indirectamente a otra pregunta: ¿por qué han venido a la existencia? El por qué" está siempre imbricado en el cómo". Y esto por la simple razón de que al referir cómo ha nacido una cosa se revela la irrupción de lo sagrado en el Mundo, causa última de toda existencia real." (Lo sagrado y lo profano [Madrid: Guadarrama, 1967] p. 86).

En nuestro caso, entonces, el relato del Éxodo vino a explicar a manera de mito los orígenes mismos del pueblo de Israel.
Debido a su carácter de relato ejemplar, la historia del Éxodo de Egipto sirvió como modelo para reinterpretar experiencias históricas de Israel, tanto del pasado remoto como del presente. Un ejemplo de ello lo podemos ver en la historia de la salida de Abraham de Ur de los Caldeos.

Según nos cuenta el libro del Génesis en un lugar, la salida original" del patriarca de su ciudad natal no habría tenido ningún carácter dramático, sino se habría debido a la exclusiva decisión de su padre Teraj (11:31). Sin embargo, este antiguo relato acerca de la partida de Abraham fue interpretado con el pasar del tiempo (¿durante la época exílica?) en un modo que recuerda y alude al Éxodo de Egipto. Como está escrito: Y le dijo (a Abraham. A.R.): Yo soy Yahveh que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte esta tierra en propiedad." (Génesis 15:7). (Nota: Las palabras que te saqué [en hebreo, asher hotzeitija"] de Ur de los Caldeos" tienen la misma construcción sintáctica y terminología en hebreo que la frase utilizada en las fuentes para contar el milagro de la salida de Egipto. Como aparece en la apertura de los Diez Mandamientos: Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te he sacado [en hebreo, asher hotzeitija"] del país de Egipto, de la casa de servidumbre" [Éxodo 20:2]. Y de aquí, pues, que la intención del antiguo escritor era crear en la conciencia del lector la sensación de que la salida de Abraham había sido también milagrosa, como lo había sido el caso de la salida de Egipto).

Otro ejemplo evidente del uso que el mito del Éxodo de Egipto tuvo entre los judíos, es el caso en ocasión del retorno de Israel de Babilonia. Cuando el rey persa Ciro II el Grande (555-530 a.e.c.) le permitió a losjudíos regresar a la tierra de Israel para reconstruir el Templo de Jerusalén (Esdras 1:2-4), los retornados vivieron esta experiencia como un Segundo Éxodo". Como lo testimonian las palabras del anónimo profeta, el Deútero-Isaías: Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-. Hablad al corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha cumplido su milicia, ya ha satisfecho por su culpa, pues ha recibido de mano de Yahveh castigo doble por todos sus pecados. Una voz clama: En el desierto abrid camino a Yahaveh, trazad en la estepa una calzada recta a nuestro Dios. Que todo valle sea elevado, y todo monte y cerro rebajado; vuélvase lo escabroso llano, y las breñas planicie. Se revelará la gloria de Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha hablado." (Isaías 40:1-4. Cf. también Isaías 63:9 Jeremias 16:14-15; 31:2).

Siglos después, durante la época greco-romana, la comunidad de los Rollos del Mar Muerto, conocida en los manuscritos mismos bajo el nombre de la Comunidad o Yahad, hizo uso del mismo pasaje bíblico a los efectos de entender también su ida al desierto como un nuevo Éxodo, volviendo de esta manera a los orígenes prístinos de Israel: Y cuando éstos existan /como comunidad/ en Israel /según estas disposiciones,/ se separarán de en medio de la residencia de los hombres de iniquidad (¿acaso los habitantes de Jerusalén? A.R.) para marchar al desierto y abrir allí el camino de Aquél. Como está escrito: En el desierto, preparad el camino de **** (así en el original, en lugar de escribir el nombre inefable de Dios), enderezad en la estepa una calzada para nuestro Dios [Isaías 40:3])" (Regla de la Comunidad VIII, 12-14, en: F. García Martínez, Textos de Qumrán [Madrid: Editorial Trotta, cuarta edición, 1993] p. 59).
Con el pasar del tiempo, la liberación de los judíos de la esclavitud de Egipto sirvió como fuente de inspiración y emulación tanto a los negros esclavos en los Estados Confederados de América, como a los primeros sionistas o a los judíos de la antigua Unión Soviética. Y es precisamente en estos días de jubilosa celebración de la festividad de Pesaj, cuando debemos recordar que aún hoy, en pleno siglo XXI, hay millones de personas sujetas a una esclavitud de facto (como el caso de China comunista), condenadas a vivir una vida miserable y penosa. No seamos indiferentes a su sufrimiento, y siguiendo la tradición bíblica de no maltratar al forastero -pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto-" (Éxodo 22:20), gritemos al unísono las milenarias pero siempre eternas palabras de Moisés a Faraón: “Deja Sali a mi pueblo” (Éxodo 5:1).
¡Jag Sameaj!

Dr. Adolfo Roitman