Recortes de prensa

¿Los judíos practicaron la magia?

01/05/2008   I   Publicado en AURORA DIGITAL
Por Dr. Adolfo Roitman          
La porción de la lectura de la Torá de esta semana trata sobre prescripciones morales y culturales (Levítico 19-20), enseñando que ambas esferas de la vida cotidiana debían ser una cabal expresión de santidad. Como está escrito: "Sed santos, porque yo Yahveh, vuestro Dios, soy santo'' (19:2)...

El Pentateuco legisla tanto sobre el respeto a los padres (v. 3), la prohibición del hurto, la mentira o el fraude (v. 11), como así también sobre temas rituales, como el caso del sábado (v. 3), el sacrificio (v. 4) o la consumición de frutos "incircuncisos'' (v. 23). El antiguo pensador israelita (seguramente, de origen sacerdotal) no distinguía entre la "moralidad'' y la "ritualidad'' a la manera de los modernos, sino que ambos ámbitos de la realidad eran considerados necesarios y complementarios para llevar una vida piadosa.

Entre los distintos temas tratados en esta sección, uno en especial merece nuestra atención. En tres oportunidades la Torá expresa su total rechazo a las prácticas mágicas: "No practiquéis encantamiento ni astrología'' (19:26); "No os dirijáis a los nigromantes, no consultéis a los adivinos haciéndoos impuros por su causa. Yo, Yahveh, vuestro Dios'' (vs. 31); "Si alguien consulta a los nigromantes y a los adivinos, prostituyéndose en pos de ellos, yo volveré mi rostro contra él y lo exterminaré de en medio de su pueblo'' (20:6). (Nota: Estas prohibiciones se suman a las expresadas en otras partes del Pentateuco. Cf. Éxodo 22:17; Deuteronomio 18:9-12).

¿Por qué este manifiesto desdén hacia las prácticas mágicas? Los racionalistas modernos seguramente atribuirían esta virulenta oposición a su obvia falsedad. Como lo afirmaba el gran filósofo racionalista Maimónides (1135-1204): "...Todas estas cosas son falsas y engañosas, y son los métodos usados por los paganos de antaño para atraer personas a sus creencias...'' (Mishné Torá, Avodat Kojabim 11:16). Sin embargo, una lectura cuidadosa de los textos daría a entender que los israelitas en la antigüedad, al igual que todos los pueblos circundantes, no creían que la brujería, la necromancia o la astrología fueran falsas o irreales en el sentido filosófico-ontológico, sino por el contrario, las consideraban prácticas eficaces destinadas a dominar la realidad y dirigir los poderes en beneficio del hombre. Una prueba de ello lo vemos en una historia única en la colección bíblica: Saúl y la pitonisa de Endor (1 Samuel 28:34-25). Según cuenta el relato, en vísperas de la batalla crucial contra los filisteos, en que Saúl habría de encontrar finalmente su muerte, éste estaba temoroso por lo que le depararía el destino.

Y por ello, entonces, trató de consultar a Yahveh, usando para ello todos los recursos legítimos de la fe israelita: "sueños'', urim (un tipo de ordalía) y profetas. Y como no encontró respuesta en ellos, entonces solicitó a sus servidores: "Buscadme una nigromante para que vaya a consultarla'' (vs. 6-7). Resultó ser que en las proximidades del campamento en Gelboé, en un lugar llamado Endor (un sitio ubicado al pie del monte Tabor), vivía una nigromante. Y así fue, entonces, que Saúl vino a verla de noche disfrazado para pedirle la evocación del espíritu de Samuel. A continuación, la adivina pudo complacer la solicitud del enigmático visitante: "Veo un espectro (en hebreo, un `elohim', un ser sobrehumano) que sube de la tierra''. Saúl le preguntó: ¿Qué aspecto tiene? Ella respondió: Es un hombre anciano que sube envuelto en su manto. Comprendió Saúl que era Samuel y cayendo rostro en tierra se postró. Samuel dijo a Saúl: "¿Por qué me perturbas evocándome?'' (vv. 13-15).

Este texto no presupone ningún fraude por parte de la adivina (como algunos comentaristas medievales lo han supuesto [cf. el comentario de A. Ibn-Ezra a Levítico 19:31 y las palabras del Gaón Samuel ben Chofni en el comentario de rabí David Kimchi [RaDak] a 1 Samuel 28:24]). Por el contrario, el relato sugiere la total realidad de la evocación de los muertos, confirmando así indirectamente la veracidad de la práctica (cf. el comentario de rabí Shmuel ben Meir [RaShBaM] a Deuteronomio 13:3]). Y de aquí la conclusión, pues, que la nicromancia y, por ende, las otras artes mágicas, no habrían sido prohibidas por ser irreales, sino por ser prácticas ilegítimas, en total desacuerdo con la fe monoteísta. Según lo afirmaba el afamado biblista I. Kaufmann (1889-1963), "El Dios de Israel es también libre de la sujeción a la magia, y su religión no conoce objetos, actos o fórmulas que estuvieran cargados de un poder inherente y automático, que fueran independientes de la voluntad de Dios y que pudieran ser utilizados por Dios para satisfacer Sus deseos. Es decir que no posee la magia del espíritu pagano. Por eso en Israel nunca se desarrolló una técnica de operaciones prodigiosas análoga a la técnica mágica de los paganos. El hombre de Dios israelita que realiza los milagros no fue nunca un especialista ni un mago profesional que hubiera aprendido y dominado las tradiciones esotéricas de su arte, como fue, por ejemplo, el tipo de mago egipcio''. (La época bíblica. Grandes épocas e ideas del pueblo judío I [Buenos Aires: Editorial Piados, 1964] pgs. 20-21). Y por ello, entonces, las numerosas historias bíblicas destinadas a "probar'' que el poder de Dios superaba la magia de adivinos y hechiceros paganos (por ejemplo, José y los adivinos egipcios [Génesis 41]; Moisés y los magos de Egipto [Éxodo 7:10-13, 19-23; 8;1-3, 12-15; 9:8-12]; el "profeta'' Balaam [Números 22-24]; Daniel y los sabios caldeos [Daniel 2; 4; 5]).

De acuerdo a esta tesis, pues, la magia en todas sus manifestaciones se oponía por naturaleza a los principios básicos de la religión israelita. Y en los casos que, a pesar de la prohibición, los israelitas incurrieron en la adivinación, la hechicería o los encantamientos (Miqueas 5:11; Ezequiel 13:17-23), ello fue explicado por algunos biblistas como un "resabio supersticioso'' o un "desvío pecaminoso'', fruto de la influencia de los pueblos con los que los hebreos habían entrado en contacto, y no como una expresión auténtica de la piedad israelita.

Sin embargo, las fuentes extra canónicas judías nos revelan una realidad histórica bastante diferente a la imagen presentada por la Biblia hebrea, según la cual las artes mágicas formaban parte integral y legítima de la vida de los judíos. Un ejemplo de ello lo hallamos en una de las obras apócrifas preservadas por la antigua traducción griega de los Setenta o Septuaginta, llamada Sabiduría de Salomón (probablemente escrita en la segunda mitad del siglo I a.e.c.), según la cual, entre los dones de sabiduría concedidos por Dios al mitológico rey (cf. 1 Reyes 5:9-14), estaba "el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres, las variedades de las plantas y las virtudes de las raíces. Cuanto está oculto y cuanto se ve, todo lo conocí, porque el artífice de todo, la Sabiduría me lo enseñó'' (7:2021). De acuerdo a este autor anónimo, entonces, el conocimiento esotérico era una gracia divina legítima, y de ninguna manera algo impropio de la vida religiosa. (Nota: Sin embargo, otros círculos religiosos veían el conocimiento de las artes mágicas como un "conocimiento prohibido'', revelado a los hombres por los "ángeles caídos''. Cf. 1 Henoc 8:3]).

Otra versión sobre los poderes ocultos de Salomón la encontramos en la obra de Flavio Josefo (37-38?  101), en cuya oportunidad el afamado historiador nos legó un testimonio etnográfico "de primera mano'' sobre las actividades mágicas entre los judíos: "Dios también lo capacitó para aprender el arte de expulsar a los demonios, ciencia útil y curativa de los hombres. ...Este método curativo se sigue usando mucho entre nosotros hasta el día de hoy; he visto a un hombre de mi propia patria, llamado Eleazar, librando endemoniados en presencia de Vespasiano, sus hijos y sus capitanes y toda la multitud de sus soldados. La forma de curar era la siguiente: acercaba a las fosas nasales del endemoniado un anillo que tenía en el sello una raíz de una de las clases mencionadas por Salomón, lo hacía aspirar y le sacaba el demonio por la nariz. El hombre caía inmediatamente al suelo y él adjuraba al demonio a que no volviera nunca más, siempre mencionando a Salomón y recitando el encantamiento que había compuesto. Cuando Eleazar quería convencer y demostrar a los espectadores que poseía ese poder, ponía a cierta distancia una copa llena de agua o una palangana y ordenaba al demonio, cuando salía del interior del hombre, que lo derramara, haciendo saber de este modo al público que había abandonado al hombre. Hecho esto quedaban claramente expresadas las habilidad y sabiduría de Salomón'' (Antigüedades Judías VIII, i, v; en: Obras Completas de Flavio Josefo II [Buenos Aires: Acervo Cultural/Editores, 1961] págs. 73-74]).

Por último, no hay mejor argumento para probar la legitimidad de las artes mágicas entre los judíos de la antigüedad que el presente en el Apócrifo del Génesis, un rollo del Mar Muerto escrito en arameo en los siglos II-I a.e.c., según el cual el mismísimo patriarca Abraham habría sido un exitoso exorcista. Según nos "lo cuenta'' el propio Abraham: "Yo recé por [...] e impuse mis manos sobre su cabeza. La plaga fue removida de él; fue expulsado de él [el espíritu] maligno y vivió'' (col. XX 28-29; en: F. García Martínez ed., Textos de Qumrán [Madird: Editorial Trotta, cuarta edición 1993] p. 284).

Estos y otros muchos más testimonios que nos llegaron del judaísmo post-bíblico y medieval (como el caso de los exorcismos llevados a cabo por Jesús [cf. Marcos 5:1-20 y par.; 9:14-29 y par., etc.], los exorcismos [4Q510; 4Q511; 11Q11] u horóscopos [4Q186] hallados en Qumrán, o los tazones de terracota con encantamientos escritos en arameo provenientes de Babilonia) son prueba harto suficiente, que los israelitas en la época antigua no habrían visto contradicción alguna entre las prácticas mágicas y la creencia en un Dios único, creador del universo.

La oposición esencial entre un monoteísmo"anti-mágico'' y un paganismo "mágico'' manifiesto en las fuentes "oficiales'' del judaísmo clásico, no habría sido nunca una realidad histórica, sino una construcción teológica-ideológica de los pensadores. A pesar de la prohibición bíblica, desde la antigüedad hasta nuestros días (como lo prueban la creencia generalizada en la astrología, la peregrinación a las "tumbas de los santos'' y el uso difundido de los amuletos), las artes mágicas habrían sido siempre de facto parte integral de la vida religiosa y cultural de los judíos. (En foto: Maimónides: "Son cosas falsas y métodos paganos")

¡Shabat Shalom!

Dr. Adolfo Roitman