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El Estado de Israel: ¿un Tercer Templo?

06/05/2008   I   Publicado en AURORA DIGITAL
Por Dr. Adolfo Roitman 
Cuando este artículo le llegue a los lectores, estaremos preparando los festejos del sexagésimo aniversario de la Independencia del moderno Estado Hebreo. Cuesta creer que después de dos mil años de destierros, persecuciones y pogromos, incluyendo la catástrofe cuasi-cósmica del Holocausto, los judíos hayan podido lograr el tan ansiado sueño de volver a la Tierra Prometida y de establecer una unidad política independiente...
Con la destrucción del Templo por el general Tito en el año 70 e.c., los judíos comenzaron a soñar con la posibilidad de la redención nacional, concretizada en la esperanza de reconstruir el Templo de Jerusalén. En oportunidad de la revuelta de Bar Kojva (entre los años 132-135 de nuestra era), cuyo evento recordamos anualmente en la celebración de Lag ba-Omer, el objetivo concreto fue reconquistar la ciudad y reconstruir el derruido Templo. Un ejemplo de ello lo encontramos en las monedas acuñadas por los rebeldes, en las que grabaron objetos de culto propios del Templo, como ser el Arca de la Ley o la mesa de los panes de la presencia. Pero una vez que el intento militar fuera abortado por los romanos, el objetivo político se tornó en una esperanza escatológica.

Un motivo que encontramos en la literatura judía inmediatamente después de la destrucción del Templo es el de la ``Jerusalén Celestial''. Por ejemplo, en una obra de la literatura apócrifa judía llamada Ezra IV, preservada en latín y escrita para finales del siglo I o comienzos del siglo II, se habla de la ciudad santa que habría de revelarse en el final de los tiempos: ``Pues he aquí vendrán los días cuando aparecerán los indicios que he predicho, será entonces cuando se manifestará la ciudad ahora invisible, y cuando será vista la tierra ahora oculta'' (7:26) (citado por Sh. Safrai, ``La Jerusalem celestial'', Ariel 17 [1969] p. 15). E incluso en fuentes judías tardías encontramos claras referencias al descenso de la Jerusalén Celestial sobre la tierra y la reconstrucción del Templo. Según la obra midrásica que porta su nombre, Elías profetiza: ``Yo vi una hermosa y gran ciudad descendiendo del cielo, construida como está escrito: Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí [Salmos 122:3], construida y completada con sus gentes mirando en ella y levantándose en medio de tres mil torres ... con la Torá y la paz en su centro'' (Bet Midrash, III [1855] p. 67 [citado en Safrai, op. cit., p. 16]). (Nota: El tema del descenso de la ``Jerusalén Celestial'' se halla también presente en el Nuevo Testamento. Cf. Apocalipsis 21.)

Debido a su existencia celestial, sólo los elegidos por Dios podían tener acceso a este Templo oculto en los cielos. Según lo testimonia una de las obras de la mística judía antigua, uno de esos elegidos fue el Rabí Ismael: ``Dijo Rabí Ismael: Cuando ascendí a lo alto para contemplar la visión de la merkabah (en hebreo, la ``carroza celestial''. A.R.), fui introducido en los seis palacios que están uno dentro del otro; tan pronto como alcancé la puerta del séptimo palacio, comencé a orar ante el Santo, bendito Sea...'' (Libro Hebreo de Henoc 1:1-2; en: A. Diez Macho ed., Apócrifos del Antiguo Testamento IV [Madrid: Ediciones Cristiandad, 1982] p. 221.)

La esperanza de la reconstrucción del Templo de Jerusalén como expresión plástica y concreta de la redención futura de Israel aparece por doquier en la tradición cultural judía. Su memoria se vio eternizada en mosaicos antiguos (como el caso de los excavados en las sinagogas de Beit Alfa y Tzipori), en manuscritos bíblicos iluminados, e incluso en la liturgia. Como acostumbran los judíos a cantar anualmente en ocasión de la cena Pascual: ``Construye, o Dios, construye Tu casa en breve. Redentor es Él, bondadoso es Él, santo es Él. Ojalá construya pronto Su casa. Rápido, en breve, aún en nuestros días''.

De aquí que no resulte sorprendente, entonces, que los sionistas seculares fundadores, a pesar de su clara orientación anti clerical, llamaran al naciente Estado de Israel ``el Tercer Templo'' (en hebreo, ``Habait Hashlishí''). Habiendo abrevado de las aguas de la tradición, no podían estos judíos ``rebeldes'' dejar de ver en el nacimiento de la moderna entidad sionista una consumación del sueño que habían soñado sus padres durante generaciones.

Esta interpretación del Estado de Israel en términos religiosos explica también la simbología visual asociada con el mismo. Por ejemplo, la elección de la Menorá o candelabro de siete brazos como símbolo del Estado Judío encuentra su razón de ser precisamente en esta visión del ``Tercer Templo''. Ya que de la misma manera que los romanos habían llevado a Roma el candelabro sagrado en condición de trofeo de guerra, eternizado ese momento trágico en el famoso Arco de Tito construido por el emperador Domiciano, así los modernos judíos, herederos y continuadores de la tradición, ``devolvieron'' metafóricamente la Menorá cautiva a su patria natal con el establecimiento del moderno Estado Hebreo. (Nota: ¡Eso explica la razón por la cual el modelo del candelabro elegido para el escudo nacional sea una réplica exacta del candelabro presente en el arco de Tito!). Asimismo, no es casualidad que se haya elegido como nombre para algunas de las instituciones centrales de la identidad nacional, términos con clara alusión al Templo de Jerusalén. Así es el caso del Parlamento israelí, llamado ``Mishkán (en hebreo, ``tabernáculo'') Haknéset'', o el Santuario del Libro, lugar de exhibición y custodia de los mundialmente famosos Rollos del Mar Muerto, denominado en hebreo ``Heijal (en hebreo, ``Santuario'' o ``Templo'') HaSefer''.

Sin embargo, esta concepción secular del Estado Hebreo como ``Tercer Templo'', tan evidente para los sionistas de las primeras generaciones, se vio desdibujada y conscientemente desafiada en los últimos años. Con la reconquista de la sección oriental de Jerusalén, incluyendo el área del Templo, en ocasión de la Guerra de los Seis Días en el año 1967, fue creciendo a pasos agigantados un movimiento de claros tintes mesiánicos, destinado a promover de manera real y concreta la reconstrucción física del Templo de Jerusalén en su sitio original, ocupado hoy en día por edificios sagrados para el Islam: el Domo de la Roca y la Mezquita al-Aqsa.

Este movimiento tiene distintas expresiones. Por una parte, la faz política se manifiesta, por ejemplo, en el movimiento llamado ``Neemanei Har Habait'' (``Los fieles del Templo'') encabezado por Guershon Solomon. Por la otra, la faz ``académica'' se ve representada por el Instituto del Templo situado en el barrio judío de la ciudad vieja, en donde se publican materiales de estudio, se reproducen artefactos de culto e, incluso, se enseñan de manera práctica las normas del servicio sacrificial a jóvenes sacerdotes en potencia. (Nota: Paradójicamente, también los cristianos, mayormente evangelistas, apoyan y alientan la esperanza de los judíos, considerando que la construcción del Tercer Templo sería un catalizador para la segunda venida del Mesías).

Se puede identificar en la presente sociedad israelí una verdadera tensión en torno a la cuestión del Templo. De manera general puede afirmarse que hay dos claras corrientes ideológicas en pugna. Una posición es la adoptada históricamente por los sionistas seculares, según la cual el Estado Hebreo es la metáfora del ``Tercer Templo'' soñado por los judíos durante generaciones; la otra es la promovida por círculos mesiánicos radicales, que afirman que el verdadero Templo de Jerusalén aún está por construirse en el área del Templo. Una prueba fehaciente de este conflicto cultural latente ha tomado estado público el último mes de diciembre, en ocasión de la celebración de la festividad de Janucá o ``Fiesta de las Luminarias'', cuando por la radio estatal se transmitió el siguiente anuncio: ``¿Qué eres tú Jerusalén: la ciudad de Dios o una ciudad ordinaria? ¿Y dónde está tu corazón: en Guivat Ram (es decir, una zona ubicada en la parte occidental de Jerusalén, en dónde se encuentran los edificios gubernamentales y culturales de la nación. A.R.) o en el Monte Moriá (el nombre con que se conoce al área del Templo, identificado como el sitio en dónde el patriarca Abraham habría intentado sacrificar a su hijo Isaac. A.R.)?''

No es una cuestión simplemente de semántica. Lo que está en juego es el futuro mismo de la identidad nacional. Según la visión democrática liberal, el Estado de Israel secular y sus instituciones es el legítimo heredero de la milenaria esperanza judía en la redención nacional, y con su establecimiento se ha logrado en nuestro tiempo el establecimiento del ``Tercer Templo''. Pero según la visión mesiánica religiosa, el ``Tercer Templo'' está aún por ser construido, y cuando lo sea, la ley religiosa judía o halajá será la ley nacional, e instituciones como el Sanedrín, y no la Corte Suprema o el Parlamento, regirán los destinos de la nación. (Nota: Sobre los principios ideológicos de este movimiento, ver M. Karpel, La revolución de fe. El ocaso del sionismo y el surgimiento de la alternativa de fe [Alon Shevut: Editorial Lechatchila, 2003] [en hebreo]).

Es mi esperanza que mi análisis no les haya aguado la celebración de Yom Haatzamaut o Día de la Independencia. Pero al igual que durante el Día del Perdón, el día más sagrado del judaísmo, los israelitas acostumbran a inspeccionar su accionar pasado antes de empezar un nuevo año, también debemos nosotros, en el día más sagrado del calendario nacional, reflexionar profundamente sobre nuestra compleja realidad y dilemas, siendo conscientes que de nosotros depende el futuro nacional.
¡Jag Sameaj!

Dr. Adolfo Roitman