Recortes de prensa

Utopía y realidad en la ley judía

15/05/2008   I   Publicado en AURORA DIGITAL
Por Dr. Adolfo Roitman
La porción de la Torá de la presente semana trata sobre el tema de los años santos (el año sabático [Levítico 25:1-7. Cf. Éxodo 23:10-11. Sobre la observancia del año sabático en el judaísmo del Segundo Templo, ver Nehemías 10:32; 1 Macabeos 6:49-53] y el año del jubileo [vv. 8-17]), como así también sobre las consecuencias de la santidad (a saber: el rescate de las propiedades [vv. 23-34], los préstamos y la manumisión de esclavos [vv. 35-55. Cf. Éxodo 21:2-6; Deuteronomio 15:12-18])...

Todas estas leyes tienen por común denominador la creencia, que sólo Dios tiene el poder absoluto sobre la Tierra Santa ("...porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes'' [v. 23]) y sobre los hombres ("Porque a mí es a quien sirven los israelitas; siervos míos son, a quienes yo he sacado del país de Egipto. Yo Yahveh vuestro Dios” [v.55]).

Una cuidadosa lectura de sus detalles nos revela su carácter francamente utópico. Un ejemplo en este sentido es el caso de la ordenanza acerca del préstamo, impracticable en una economía de mercado: "Si tu hermano se empobrece y vacila su mano en asuntos contigo, lo mantendrás como forastero o huésped, para que pueda vivir junto a ti. No tomarás de él interés ni usura, antes bien teme a tu Dios y deja vivir a tu hermano junto a ti. No le darás por interés tu dinero ni le darás tus víveres a usura'' (vv. 35-37). (Nota: Sin embargo, en la regulación paralela presente en el Deuteronomio se establece una excepción, a saber: "Al extranjero podrás prestarle a interés, pero a tu hermano no le prestarás a interés'' [23:2].

Debido a esta regulación bíblica, le fue posible al judío servir como prestamista en la Europa medieval cristiana, hasta llegar a identificar el término "usurero'' con el término "judío'', derivando en odio y en persecución por parte de los antisemitas. El mejor estereotipo en este sentido es la figura del mitológico "Shylock'' en la famosa obra de W. Shakespeare: "El mercader de Venecia'').

Otra clara demostración del carácter irreal de la legislación bíblica la encontramos en el desarrollo de la institución del año sabático. Según el añadido presente en la legislación deuteronomista, en ese año también deberían ser remitidas las deudas: "Cada siete años harás remisión. En esto consiste la remisión. Todo acreedor que posea una prenda personal obtenida de su prójimo, le hará remisión; no apremiará a su prójimo ni a su hermano, si se invoca la remisión en honor a Yahveh. Podrás apremiar al extranjero, pero a tu hermano le concederás la remisión de lo que te debe'' (Deuteronomio 15:1-3). (Nota: Como en el caso de la usura mencionado en la nota anterior, vemos que el legislador deuteronomista establecía una clara distinción entre la actitud a adoptar hacia el israelita y el no israelita, revelando así una clara actitud etnocéntrica y de preferencia manifiesta hacia "el pueblo elegido''. Sobre la teología de la elección del
Deuteronomio ver 7:7-15; 14:2).
 
Y hasta tal punto el propio legislador antiguo era consciente de la dificultad en la aplicabilidad de su demanda, que incluso en su regulación advertía sobre este tema: "Si hay junto a ti algún pobre de entre tus hermanos, en alguna de las ciudades de tu tierra que Yahveh tu Dios te da, no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás tu mano y le prestarás lo que necesite para remediar su indigencia. Cuida de no abrigar en tu corazón estos perversos pensamientos: Ya pronto llega el año séptimo, el año de la remisión, para mirar con malos ojos a tu hermano pobre y no darle nada; él apelaría a Yahveh contra ti y te cargarías con un pecado. Cuando le des algo, se lo has de dar de buena gana, que por esta acción te bendecirá Yahveh tu Dios en todas tus obras y en todas tus empresas. Pues no faltarán pobres en esta tierra; por eso te doy yo este mandamiento: debes abrir tu mano a tu hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre en tu tierra'' (vv. 7-11).

Y ciertamente, el autor deuteronomista no estuvo muy equivocado en cuanto a la dificultad de vivir de acuerdo a su legislación utópica. Ya que según sabemos, la realidad económica para finales del siglo I a.e.c en la tierra de Israel, caracterizada por ser una incipiente y creciente economía de mercado, hizo imposible el cumplimiento de esta norma, hasta el punto que los prestamistas no estaban dispuestos a prestar dinero (libre de interés, según la ordenanza bíblica) en los años cercanos al año sabático. Debido a ello, pues, el sabio Hilel el viejo, presidente del Sanhedrín y reconocida autoridad farisea de su tiempo, se vio obligado a enfrentar la situación creada, concibiendo la institución del prosbol para evitar el colapso social y económico.

Según las fuentes rabínicas, el prosbol (del griego, probablemente una forma abreviada de"pros boule bouleuton'' [es decir, "ante los miembros de la Asamblea''] o de la palabra "prosbole'' [es decir, "entrega a'']) fue una ficción legal concebida a los efectos de neutralizar de facto la legislación de la Torá, sin abolir de jure su autoridad. Según la misma, el préstamo sería acompañado por un documento que establecía, que el préstamo era transferido a un tribunal. Según lo establece la Mishná: "Este es el contenido fundamental de la declaración oficial de que la deuda del préstamo no se remite en el año séptimo: yo, fulano de tal, declaro ante vosotros, jueces de tal lugar, que toda deuda a mí debida podré recuperarla en el momento que quiera. Los jueces o los testigos firman debajo'' (Sheviit [el año sabático] 10:4; en: La Misná. Edición preparada por Carlos del Valle [Madrid: Editora Nacional, 1981] p. 132). Y dado que la legislación acerca de la remisión de las deudas era sólo efectiva en el plano individual y no público, entonces el préstamo no sería inválido durante el año sabático, ya que el acreedor sería el tribunal rabínico, asegurando así que el prestamista recibiría la devolución del mismo.

Como es lógico suponer, esta estrategia legal promovida por Hilel generó una gran polémica debido a su osadía. Según hallamos en la literatura rabínica posterior, los sabios de la época talmúdica se preguntaban, si los rabinos tenían la autoridad de anular la legislación del Pentateuco (Talmud de Babilonia, Yevamot 89b-90b). Como siempre en estos casos, se encontró una argumentación que "justificaba'' la legislación rabínica. Según ésta, la remisión de las deudas en la tierra de Israel era obligatoria sólo en caso de que la mayoría de los israelitas vivieran en su tierra. Y dado que ello no era el caso en la realidad de los judíos de esos días, entonces la legislación de la remisión sólo tenía un carácter "rabínico'' (en arameo, "miderabanan'') y no "escriturístico'' (en arameo, "mideoraita''), y de aquí, pues, la posibilidad de anular o neutralizar la susodicha regulación.

Cualquiera fuere la justificación legal del hecho, una cosa es cierta. Hilel demostró una gran imaginación en el campo legal, como así también una verdadera responsabilidad social, cuando no fue indiferente a la realidad de su tiempo.

Quedaba claro que en una economía de mercado, en que el dinero, los préstamos y el comercio cumplían un papel preponderante en la realidad socio-cultural de la época, era totalmente irreal exigir el cumplimiento de la ordenanza bíblica.

Dado que en el texto mismo de la Mishná no aparece explicación alguna para la acción de Hilel, cabe preguntarse: ¿cuál habría sido la justificación ideológica que habría posibilitado tan semejante osadía legal? Según puede colegirse de las fuentes antiguas, los sabios rabínicos no se veían como simples reguladores de la legislación divina, sino antes bien como verdaderos interpretadores de su espíritu.

Y no hay mejor ejemplo para mostrar la auto-percepción de su actividad, que la historia que encontramos en el Talmud de Babilonia. Según ella, en ocasión de la discusión legal entre los grandes sabios Rabí Eliezer y Rabí Yehoshúa, sobre si declarar puro o impuro "el horno de ajnai''. (Nota: El significado de la palabra "ajnai'' es oscuro. Según algunos, sería el nombre de una persona, mientras que otros afirman que el horno habría tenido una forma parecida a la de una serpiente [en arameo, "ajna'' significa serpiente]), y luego de que todos los argumentos (tanto los legales como los sobrenaturales) en favor de la tesis de Rabí Eliezer fueran rechazados por los sabios, se oyó una voz celestial decir: "¡Halajá kemotó bejol makom! -¡La ley es como Rabí Eliezer en todos los casos!'' Y fue en esa oportunidad, luego del silencio creado, que se levantó Rabí Yehoshúa y afirmó de manera tajante: "¡Lo bashamayim hi! - ¡Ella (la Torá) no está en el Cielo!'' (Baba Metzia 59b). Y así, de esta manera, dejó en claro el sabio rabínico, que ni el mismo Dios tenía la autoridad para desautorizar la decisión adoptada por la mayoría del tribunal rabínico, demostrando que la autonomía del hombre prevalece incluso sobre la autoridad divina misma.

Quiera Dios que los rabinos modernos, cualquiera fuere su tendencia religiosa, tengan siempre presente la osadía teológica adoptada por Hilel, y sepan adaptar las utopías religiosas a la realidad tan cambiante y desafiante de nuestros días. Solamente de esta manera, el judaísmo podrá seguir teniendo vigencia y vitalidad en la vida real y concreta de los judíos, y de esta manera evitar que se convierta en un "resto  Arqueológico”, irrelevante para la mayoría del pueblo.

¡Shabat Shalom!
Dr. Adolfo Roitman