Recortes de prensa

Animales puros e impuros: ¿por qué?

27/03/2008   |   Publicado en AURORA DIGITAL
Por Dr. Adolfo Roitman

Entre los temas tratados en la porción de la Torá de esta semana, hay uno que es particularmente intrigante, a saber: las reglas referentes a los animales puros e impuros (cap.11). Según lo fijado en el libro del Levítico (cf. también Deuteronomio 14:3-21), Yahveh le permitió a los israelitas comer sólo de ciertos animales con características físicas muy específicas. Por ejemplo, en el caso de los animales terrestres: ``cualquier animal de pezuña partida, hendida en mitades y que rumia'' (11:3), y en el caso de los animales acuáticos, aquellos ``que viven en el agua... cuantos tienen aletas y escamas sea de mar o río'' (11:9). Sin embargo, en el caso de las aves, y a diferencia de los dos casos anteriores, sólo se hace mención de las ``aves inmundas'' que no se podrán comer ``por ser abominación'' (11:13-19), sin especificar las características físicas de las aves permitidas. Y, finalmente, la última categoría de animales es la de los bichos alados, según la cual le están permitidos a Israel comer ``aquellos que además de sus cuatro patas tienen zancas (según versiones; en hebreo: ``no tienen zancas'') para saltar con ellas sobre el suelo'' (11:21).

A pesar de lo detallado de la lista de animales puros e impuros, la Torá no explica en ningún lugar las razones de estas regulaciones, sino antes bien sobre el propósito de las mismas, a saber: la santidad. Según está escrito: ``No os hagáis inmundos con ninguna clase de bicho que se arrastra, ni os hagáis impuros con ellos, para que no os contaminéis por su causa. Porque yo soy Yahveh, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo (...) Pues yo soy Yahveh, el que os he subido de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos porque yo soy santo'' (11:43-45). Según el teólogo moderno Seymour Siegel, entonces, ``podemos definir la kashrut (en hebreo, ``las regulaciones dietéticas'') como parte del intento del judaísmo de santificar el acto de comer, puesto que nos enseña a reverenciar la vida'' (Los preceptos alimentarios de la ley judaica. Su significado para nuestro tiempo [Buenos Aires: Consejo Mundial de Sinagogas, 1965] p. 16).

Sin embargo, el propósito de las leyes no aclara la lógica de las reglas mismas. ¿Por qué ciertos animales fueron declarados puros y otros impuros? ¿Por qué está permitido comer la vaca o la cabra, mientras que el cerdo está prohibido?
Para un creyente, la ausencia de razones para el cumplimiento de las reglas dietéticas no es necesariamente un problema, sino paradójicamente, una ventaja. Según el rabino Najum Braverman: ``¿Por qué las leyes de kashrut son jukim? (es decir, ``reglas sin justificación'' [A. R.]). Tanto las leyes de kashrut como las leyes de las relaciones prohibidas son jukim. Noten que ambas leyes son áreas donde las necesidades físicas del hombre más poderosas, toman lugar. Cuando el hombre va detrás de la comida y el sexo, es difícil ser completamente objetivo. Es por eso que si las bases de las leyes de kashrut o de las leyes de las relaciones prohibidas fuesen aparentes, el hombre siempre trataría de encontrar razones de por qué se le debería permitir en esta u otra ocasión complacer sus deseos. Una vez que la obligación pasa al reino de la lógica, el ser humano puede venir con muchas formas de lógica rebuscada para racionalizar lo que quiere hacer (...) Cuando una mitzvá pertenece a los jukim, la puerta para la racionalización está cerrada. O algo está permitido o está prohibido. No hay lugar para el debate o la subjetividad del razonamiento del hombre.'' (http://www.aish.com/espanol/entendiendo_el_judaismo)

Sin embargo, y a diferencia de esta estrategia, desde la misma antigüedad hasta nuestros días, los estudiosos no han cejado en su intento de encontrar alguna racionalidad por detrás de las reglas dietéticas. El ejemplo más antiguo conocido se halla presente en el libro apócrifo Carta de Aristeas, probablemente escrito en Alejandría a finales del siglo II a.e.c. De acuerdo a este antiguo pensador, y siguiendo los principios exegéticos de la interpretación alegórica, las regulaciones dietéticas habrían sido concebidas con el propósito de enseñar al creyente la manera correcta de comportarse en la vida por medio del simbolismo implícito en los animales permitidos y prohibidos.

Un ejemplo en este sentido lo vemos en la manera en que el autor explicaba las reglas concernientes a las aves: ``Porque las aves que usamos son todas domésticas y se distinguen por su pureza y se alimentan de granos y legumbres, como las palomas, tórtolas (...) En cuanto a las aves prohibidas, te encontrarás con animales salvajes y carnívoros que someten por la fuerza a los demás y se alimentan consumiendo brutalmente a los domésticos que acabamos de mencionar; y no para ahí la cosa, sino que echan la zarpa sobre los corderos y los cabritos y atacan violentamente incluso a los hombres vivos y muertos. Por medio de estas prescripciones, el declararlas impuras significó que aquellos para los que está puesta la ley deben usar la justicia en su dominio interno y no oprimir ni quitar nada a nadie fiados de su propia fuerza, sino dirigir desde la justicia los asuntos de la vida al igual que los animales domésticos de entre los susodichos volátiles se alimentan de legumbres y no oprimen destruyendo a los de su especie. Así que, por medio de ellos, el legislador dio a entender a los inteligentes que había que ser justo y no realizar nada por la fuerza ni oprimir a los otros basándose en el propio poder'' (144-148) (Apócrifos del Antiguo Testamento II [A. Diez Macho ed.; Madrid: Ediciones Cristiandad, 1983] p. 41).

Siglos después, el gran filósofo medieval Maimónides (1186-1237) sugirió una estrategia totalmente distinta para entender las razones ocultas por detrás de las reglas alimenticias. Según él, las prohibiciones dietéticas se debían a razones estrictamente médicas: ``Insisto, pues, en que todos cuantos alimentos nos han sido prohibidos por la Ley constituyen un nutrimento malsano''. Y particularmente decía sobre la prohibición de comer cerdo, que ``la razón principal de que ante la Ley sea abominable es que este animal es muy sucio y se alimenta de cosas mugrientas''. Sin embargo, él no veía significado alguno en las características específicas mismas de los animales: ``En cuanto a los signos característicos (de un animal puro), a saber: para los cuadrúpedos, rumiar y tener la pezuña dividida, y para los peces, estar dotados de agallas y escamas, importa tener en cuenta que la existencia de estos signos no constituye la razón de ser permitidos como alimento, ni su ausencia, para su prohibición. Son simplemente señales que sirven para reconocer los de la especie buena y distinguir los de la mala'' (Guía de Perplejos, Tercera parte, cap. 48 [edición preparada por D. Gonzalo Maeso; Madrid: Editora Nacional, 1983, p. 531]).

Luego de los intentos poco satisfactorios de resolver el interrogante por parte de filósofos y    exégetas, en los últimos años también los antropólogos se abocaron al problema de las reglas dietéticas del Levítico. Un ejemplo en este sentido es la británica Mary Douglas (1921-2007), quien argüía que ``el principio subyacente de la pureza de los animales consiste en que se han de conformar plenamente con su especie. Son impuras aquellas especies que son miembros imperfectos de su género, o cuyo mismo género disturba el esquema general del mundo'' (Pureza y Peligro. Un análisis de lo conceptos de contaminación y tabú [Madrid: Siglo XXI de España Editores, 1973] p. 79). (Nota: Según el esquema del mundo adoptado por el Levítico, el mundo era tripartito: la tierra, las aguas y el firmamento.) Y de aquí, pues, que ``cualquier clase animal que no está equipada con el género correcto de locomoción en su propio elemento sería contraria a la santidad (...) Así, cualquier ser acuático que no tenga aletas ni escamas es impuro (11:10-12)'' (idem).

En suma, según la tesis de esta antropóloga, ``las leyes dietéticas serían entonces semejantes a signos que a cada instante inspiraban la meditación acerca de la unidad, la pureza y perfección en Dios. Gracias a las reglas sobre lo que hay que evitar se daba a la santidad una expresión física en cada encuentro con el reino animal y en cada comida.

La observancia de las leyes dietéticas habría sido, entonces, parte significativa del gran acto litúrgico de reconocimiento y adoración que culminaba con el sacrificio en el Templo'' (op. cit., p. 81).

Sean cuales fueren las razones de las leyes dietéticas, las mismas se convirtieron ya en tiempos antiguos en signo distintivo de los judíos. El ejemplo más antiguo lo hallamos en la historia de Daniel: ``Daniel, que tenía el propósito de no mancharse compartiendo los manjares del rey y el vino de su mesa, pidió al jefe de los eunucos permiso para no mancharse'' (1:8.). Y dicha práctica alcanzó tan distinguido lugar en la conciencia de Israel, que en la época de la helenización forzosa, en tiempos del rey seléucida Antíoco Epífanes (175-164 a.e.c.), el quebrantar las prohibiciones de la Ley relativas a los alimentos equivalía a la apostasía (ver 2 Macabeos 6:18-7:42).

Sin embargo, ya en la antigüedad hubo judíos que pusieron en tela de juicio la doctrina bíblica sobre lo puro y lo impuro. Según el relato neotestamentario, Jesús le enseñó a sus discípulos: ``¿También vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado? En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Eso es lo que contamina al hombre; que el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre'' (Mateo 15:16-20.). Y no habría de pasar mucho tiempo hasta que los seguidores de Jesús terminarían por quebrantar las regulaciones dietéticas (Hechos 10:9-16; 11:1-18), marcando así de manera práctica y concreta el comienzo de la separación entre judíos y cristianos.

¡Shabat Shalom!
Dr. Adolfo Roitman