CASTELLDEFELS

El oficio de "combidador"

Hace un días asistí a unas jornadas sobre Comunicación en las que acabé de convercerme de lo trepidante que es el mundo en el que nos movemos, un espacio-tiempo por el que circula un gran volumen de información,  especialmente por internet. Además, si no estás presente de algún modo en esta red de redes  parece ser que casi ni existes. Vivimos en época del 2.0 y no hay marcha atrás...


Sin embargo, me permitiréis que, por unos minutos, haga un viaje en el tiempo y me traslade hasta la Salónica de principios del s.XX y rescate, de entre la comunidad sefardí que allí residía en número considerable, un oficio ya extinguido y que, de un modo u otro, guardaba relación también con la circulación de información..., y de cotilleo también: me refiero al oficio de “combidador” (“combidadera” en femenino)”, palabra que en lengua sefardí hace referencia a la persona que se dedicaba a invitar a gente, principalmente a bodas y circuncisiones. Este es un oficio que fue muy usual entre las comunidades sefardíes de aquella época. Como muy bien nos recuerda  Michael Molho: “El papel del ‘combidador’ era especialmente pintoresco. Dado que en aquellos días  todavía no existían las invitaciones impresas de hoy, el ‘combidador’’, en caso de boda, se hacía cargo de la doble lista de direcciones de parientes, amigos y conocidos de ambas familias y, lista en mano, iba a proclamar, de casa en casa y durante todo el día, el anuncio del casamiento cursando, así, las invitaciones. Cuando entraba en un patio, tenía la obligación de gritar a la señora interesada por el nombre y apellido, en voz muy alta y clara, y anunciarle solemne y oficialmente la noticia del casamiento, añadiendo entonces que ella, su marido, sus hijos, amigos y conocidos, todos, estaban invitados a la ceremonia que debía celebrarse el día Y en el lugar YY.

Podemos imaginarnos con facilidad el espectáculo que generaba esa curiosa manera de invitar: al oír los gritos del ‘combidador’’, todo el mundo salía a los patios o sacaba la cabeza por las ventanas y aprovechaba para pedir información de los novios y de sus familias”. En ese momento, añado yo, los comentarios, los elogios y las críticas debían de correr como la pólvora, casi tan rápido como nuestro actual internet...

Uno de los más famosos y respetados  “combidadores” en la Salónica de aquel tiempo, tanto por su ingenio como por el buen humor con que solía invitar, fue Yacob Abraham Yoná, conocido también como impresor, creador y compilador de coplas. Como anécdota, su hijo, Samuel Yoná fue un destacado sindicalista, apartándose de esa imagen tradicional sefardí que su padre, Yacob, tanto encarnaba.

Por Moisés Stanckowich [Tarbut Castelldefels].