CASTELLDEFELS

De la lengua sefardí y "El Dio"

Hace ya unos meses que he vuelto al estudio del siempre fascinante mundo sefardí y en concreto, de su lengua. Cuando estudiaba en el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), en Madrid, mi director de tesis de entonces, el Dr. Iacob M. Hassan (z’’l) ya me advirtió que hacer entender a hispanistas y romanistas que la lengua sefardí era de estudio más propio de sus especialidades que no de hebraístas y semitistas como nosotros, no sería una tarea fácil y que muy a menudo me toparía con su académica “incomprensión” y la nula voluntad, en muchos casos, de aprenderse el alefato hebraico (de sólo 22 letras) y empezar a transcribir unos textos hebraicos en apariencia pero castellanos en esencia.


Y tenía razón. Últimamente, el Dr. Hassán había reconocido, incluso, su “fracaso” en su intento de que la lengua sefardí se normalizara en las carreras de Hispánicas de las universidades españolas. Habrá que seguir, pues, insistiendo, aunque para la investigación requeriríamos de un grupo de trabajo que abarcara distintas filologías, musicólogos, historiadores, etc.  Y retomando un momento la cuestión de la grafía sefardí, que tanto “asusta”, hay que aclarar que la variante del castellano de los sefardíes fue una lengua aljamiada, característica que empezó a cambiar con la irrupción del francés y el italiano en el mundo sefardí de finales del s. XIX y, de un modo definitivo, tras la terrible Shoah, en la que desapareció la gran mayoría de sefardíes, escritores incluidos.

Por otro lado, y como “aspirante” a estudioso de la literatura sefardí, en mi caso en el género poético patrimonial de las Coplas, quisiera comentar muy brevemente un sintagma que se repite continuamente en los textos poéticos, de inspiración bíblica y rabínica, de mi tesis, esto es, “El Dio”, en singular. La forma Dio se ha considerado como propia de los hispanojudíos y ha perdurado posteriormente en todas las variades de la lengua sefardí, siendo uno de sus rasgos más característicos. La terminación en -o se interpreta como una manera de expresar la unicidad de Dios, concepto fundamental dentro del judaísmo proclamado dos veces al día en la oración de la Shemá, cuyo versículo inicial (Dt 6:4) dice: "¡Oye, Oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno!". El eminente filólogo y lexicógrafo Joan Corominas, en su Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana, en la entrada DIOS, apunta que "en la época primitiva Díos se emplearía sólo como vocativo y sujeto (procedente del nominativo DEUS), y Dío (< DEUM) en los demás casos". Y así la etimología popular ha sugerido la idea de expresar, mediante la ausencia del morfema de plural, la unicidad del Dios judío frente al trinitarismo cristiano. Esto se corrobora en el cuento "Kómo avlava mi vavá" de Saúl Angel-Malaji (Estudios Sefardíes 3, 1980, p. 455), cuando dice: "Dio y no Dios para deklarar la unidad del Dio úniko y para azer diferensia de los goyim ke tienen más de un Dio: Dios (en plural)". Obsérvese, además, que el uso del artículo definido (“el”) con Dio es propio de la lengua sefardí y desconocido en español antiguo, lo que podría deberse a ese hacer hincapié en la unicidad divina.

Moisés Stanckowich
Tarbut Castelldefels