CASTELLDEFELS

Cubrirse la cabeza

Por Moisés Stanckowich [vicepresidente de Tarbut Castelldefels].
Leía hace un tiempo en un periódico una entrevista a unas mujeres musulmanas, afincadas en Londres, que justificaban la decisión de ir cubiertas en la aleya (versículo) 31 de la sura (capítulo) 24 “La Luz”, que habla tradicionalmente de la mujer y su modestia. En esta sura del Corán encontramos, sin embargo, una expresión que recomienda a los creyentes que “bajen su mirada y guarden la castidad”, la cual, y según la interpretación del traductor y comentarista coránico Muhammad Asad, iría dirigida en idénticos términos a hombres y mujeres.

 

El Corán no prescribe el uso del velo, sólo para las esposas del Profeta y como signo de distinción. Pero esta controvertida cuestión no es exclusiva del islam, sino que en las otras dos religiones del Libro las mujeres también se cubren la cabeza, si bien es cierto que suponen una relativa minoría dentro las respectivas confesiones Sin embargo, el judaísmo tradicional considera “erótico” los cabellos de la mujer casada, por lo cual ésta se cubrirá salvo que tenga el marido en frente o en presencia de otras mujeres.

Esta prescripción parece que tiene su origen en la Torá, en Nm 5:18. Siguiendo el hilo de mi investigación doctoral actual, el historiador Michael Molho relata que en la Salónica de principios del siglo XX las mujeres sefardíes, dentro de casa, debían llevar la cabeza cubierta con una especie de pañuelo fino (que denominaban “mumi”) y que las señoras más piadosas llevaban siempre un tocado bien enganchado a la frente que les tapaba perfectamente los cabellos. Las chicas llevaban la melena descubierta pero no podían salir de casa despeinadas. Por su parte, el cristianismo y, en concreto, el catolicismo tradicional también pide a las mujeres que entren en las iglesias y catedrales con la cabeza cubierta. Aquí, la fuente, neotestamentaria, parece ser I Cor 11:4-16.

En conclusión, cubrirse la cabeza es una práctica en muchas religiones, tanto en hombres como en mujeres, y suele ser el cabello aquello que, en muchos casos, debe ser ocultado (o directamente afeitado). En muchas tradiciones, empero, el límite que separa el mundo filosófico-religioso del mundo profano no existe o se hace difícil de marcar. Definirlo legalmente cuando éstas [tradiciones] se encuentran insertadas en sociedades cultural o tradicionalmente cristianas o declaradamente laicas y aconfesionales, no resulta fácil.

Así pues, cubrirse la cabeza refleja ¿sumisión?, ¿tradición?, ¿ritualidad?, ¿identidad?, ¿ejercicio de libertad? Un Estado de derecho, y desde el respeto entre las partes, debería garantizar la igualdad en derechos y deberes de todos sus miembros, sean como sean y crean lo que crean.