CASTELLDEFELS

Acusar a la víctima

Es típico de las sociedades elitistas basadas en el poder del más fuerte acusar a la víctima de los crímenes cometidos por personas que gozan de privilegio. En cambio las sociedades democráticas igualitarias condenan esa actitud aristocrática. De ahí que en la España actual provocasen escándalo las palabras del obispo de Tenerife, monseñor Bernardo Álvarez, quien refiriéndose a la pederastia o abuso sexual de menores dijo: “Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan.” 

El 24 de agosto de 1781, el tribunal del Santo Oficio de Sevilla condenó a muerte en la hoguera a María de los Dolores López, una pobre ciega de nacimiento, “hollada de viruela”, hija de padres cristianos, bautizada y confirmada, con un hermano cura y una hermana religiosa carmelita. Uno de los delitos que le atribuyó el tribunal es haber sido víctima de pederastia. Cito textualmente: “A los 12 años pasó a vivir en la casa de su confesor con el que dormía todas las noches, con el pretexto caritativo (como ella decía) de quitarle el frío, cuyo desorden sentía muy bien su confesor al morir, cuando decía a los circunstantes que evitasen que la ciega se acercase a su cama, porque mortificaba su conciencia.”   

Es decir, el reverendo abusó de la ceguera y de la ignorancia de la niña, se la benefició noche tras noche y luego le echó la culpa de su propio pecado. Muerto el cura, la muchacha fue al convento de Belén “a pretender el hábito para organista, donde refirió a una monja, su confidente, las muchas torpezas que había ejecutado con su confesor, añadiendo que, aunque al principio le causaban algunos escrúpulos, después los depuso, entendiendo que para un corazón cristiano y caritativo no eran malas aquellas acciones”. El hecho de haber denunciado los abusos del sacerdote constituía un agravante para el tribunal eclesiástico.    

Otro depravado confesor la inició en el sadomasoquismo, pero la sentencia la culpa a ella: “[...] le hizo creer que era voluntad de Dios que él la azotase para que por cada azote sacase un alma del Purgatorio: así lo hacía el confesor bajo aquella creencia, dándole muchos golpes por todo el cuerpo [...]” Las palabras del obispo de Tenerife revelan que la mentalidad aristocrática de culpar al más débil no ha desaparecido del seno de la Iglesia española.

Publicado por Ultima Hora. 07/01/2008