CASTELLDEFELS

Cenizas del olvido

No ha caído bien entre los franceses la idea del presidente Sarkozy de confiar a cada escolar de segunda enseñanza la memoria de un niño judío asesinado por los nazis. Según una encuesta de Ifop, el 85 por 100 de los encuestados la desaprueba. Europa no quiere recordar y hasta niega la memoria del crimen. En San Juan de Acre existe un museo, único en el mundo, que cuenta la historia de los niños deportados y asesinados, contada a partir de los documentos que ellos mismos dejaron.

Dejan de ser un número: un millón y medio. Son personitas de dos a doce años a las que, sólo por ser judíos o gitanos (una minoría), se les negó el derecho a la vida. Da escalofríos leer: “Yo tenía un amigo, un día fue llevado a las duchas y ya no lo vi nunca más”. El 15 de agosto de 1942 fueron deportados de Pithiviers y Beaune la Rolande los niños menores de 12 años separados de sus padres. Fue el primer ministro francés Pierre Laval quien sugirió a los nazis deportar también a los niños. Nicolas Sarkozy quiere que Francia lo recuerde para que no lo repita. Los negacionistas, también en España, gritan negando la evidencia. Pero las sombras de los muertos se levantan y flotan sobre esa Europa que jamás podrá comprender la monstruosidad de deportar, torturar y masacrar la inocencia. Hermann Friedrich Gräbe, testigo de la matanza en el ghetto de Rovno el 12 de julio de 1942: “...En una esquina yacía un niño pequeño, de no más de un año, con el cráneo destrozado. Había sangre y masa encefálica pegada en la pared y en las inmediaciones del niño.”

Publicado por Ultima Hora.