Costumbres criptojudías

Memorias de la familia judeoconversa Vidal

Por Dolores Ozaez.
Originariamente, cuando la gente me preguntaba de pequeña que si mi madre era catalana, y le contestaba, que no, que de Jaén, se quedaban extrañados, y yo me preguntaba, que cómo había venido mi familia a parar a un pueblecito tan apartado en mitad de la Sierra Mágina, supuestamente más pobre que la zona del Levante. Sin embargo, cuando contaba con dieciséis o diecisiete años más o menos, un primo de la familia Vidal, de mi misma edad, me comentó que nuestro bisabuelo Juan Vidal, había sido prestamista, y de ahí venía el pequeño patrimonio familiar. Por aquél entonces yo que estaba estudiando en el Instituto la parte de Historia que relata la expulsión de los judíos, caí en la cuenta, de que eso tenía que ser judío.

A la misma vez, mi abuela paterna, me contó la fuerte oposición que hicieron mis abuelos maternos, VIDAL CASTRO a que se casaran mi padre con mi madre, pues según me dijo, estas familias, todavía concertaban los matrimonios de las hijas, y se solían casar, casi siempre, solo entre ellos.

A raíz de esto y cuando le pregunté a mi madre, si sabia si éramos, sefarditas ella, solo acertó a decir, que si lo éramos o no, no lo tenía claro, pero, por si acaso, me dijo un tanto avergonzada:“no lo comentes mucho, pues, dicen que los judíos, mataron al Señor…”. Lamentablemente murió hace algunos años, pues ahora creo que quizás se hubiera sentido orgullosa de su procedencia, en vez de avergonzada.

Pasados algunos años, la Doctora en Historia Medieval por la Universidad Complutense de Madrid, Dª María Concepción Castrillo Llamas, amiga mía de la infancia, me contó que Vidal era nombre y también apellido típico sefardita, que incluso aparecía como VIDA, en el Cantar de Mío Cid, -curiosamente, como nombre de un judío prestamista,-como mi bisabuelo.

Yo ignoraba, hasta entonces, de la importante judería de Jaén, ni de las persecuciones de 1391, previas a la expulsión de 1492.

Después, he confirmado la existencia de este apellido como judío, tanto con el Sr.Mario Saban, y con el Sr. Pere Bonnin, como también con la Doctora en Historia Moderna y Licenciada en Filología Semítica, Dª María Antonia Bel Bravo.

Realmente, cuando he comentado esto con alguno de mis tíos, parece que respiran algo aliviados al asegurarle que los judíos no mataron realmente a Jesús. Además, mi familia ignoraba, e ignora en gran medida, que muchas costumbres tanto familiares, como típicas de Jaén, son de origen sefardita.

Este pequeño trabajo es una somera recopilación de algunas costumbres tanto de mi familia, VIDAL, como de otras familias que conozco, que, además, me parecían extrañas, o más bien extrañamente familiares, y que he podido constatar que tienen un origen judío, cuya memoria se perdió hace ya muchas generaciones, pero que se han seguido haciendo, algunas ya deformadas en la asimilación, otras sin embargo, tienen aún una extraordinaria fuerza y pervivencia.

Inicialmente, me he cuestionado después de más de 500 años de conversión y asimilación, sobre qué rastro de judaísmo podría quedar en mi familia, nosotros no somos como los chuetas, se supone que hemos estado mezclados, y que hemos sido asimilados. Por otro lado, también me preguntaba, dónde estarían los judíos conversos de la judería de Jaén, o de las poblaciones de Ubeda, y Baeza cercanas, y mi conclusión es que, disimulados, y el mejor sitio era en el campo, en las extensas tierras, en su día, de frontera con el reino nazarí de Granada, que quedaron despobladas tras la reconquista, y que volvieron a ser repobladas gracias a que les fueron otorgados a sus nuevos habitantes numerosos privilegios reales[1], (tales como exención del pago impuestos etc…), tierras de pastos, de olivares y huertos, donde, al parecer, los conversos de origen morisco, como muy probablemente algunos de origen judío, podrían vivir más tranquilos que en otros lugares. [2]

Mi madre, nacida en 1940, nació y vivió hasta que se casó con mi padre, en una casa-cortijo, en pleno campo, a tres kms del un pequeño pueblo, Cambil, (Jaén), situado en las estribaciones de Sierra Mágina. Esta población perteneció al reino nazarí de Granada, hasta su conquista por los Reyes Católicos, que se produce en 1485.

La casa estaba en una gran finca de olivar, con huertos y algunas parras y viñedos, que poseía la familia, comprada por mi bisabuelo Juan Vidal, agricultor y prestamista a rédito.

Me contó que las mujeres de la familia y ella en concreto, no solían ir a la escuela, no estaba bien visto, sino que aprendían todo lo necesario en el seno de la familia, a pesar de ello, mi madre había aprendido a leer y escribir, lo suficiente para defenderse, y algo “de cuentas”, por otro lado, también se les enseñaba las labores domésticas, como es natural para la época. Con respecto a la instrucción católica recibida, es curioso que mis abuelos nunca la mandaron a la Iglesia a recibir catequesis, fue instruida para poder tomar la comunión en el seno de la Iglesia católica, por una tía suya también Vidal, que vivía en el pueblo, pues según decía la familia, esta mujer sabía más que el propio párroco, -lo cual casi era cierto, pues yo misma le oí contar en más de una ocasión, aparte de todo tipo de oraciones, refranes, dichos, romances antiguos, así como algunos pasajes del Lazarillo del Tormes, transmitidos oralmente de generación en generación en nuestra familia-; y aunque mi madre llegó a tomar la primera comunión,- y estoy hablando de los años 50 del S.XX-, ni su familia celebró primera comunión alguna, ni tan siquiera la acompañaron a la Iglesia para tomarla, excepto su mencionada tía, mujer, que fue muy religiosa, pero creo que era la única de la familia que conocía realmente las oraciones y doctrina católicas, mi madre no me contó si se había confirmado en la Iglesia católica, por lo que creo que nunca llegó a confirmarse en la misma. Ahora veo todo esto lógico, mis abuelos vivían en el campo, no habían recibído instrucción o catequesis alguna de la Iglesia católica, y carecían en la familia de la costumbre de celebrar estos ritos.

Más que criptojudaísmo, que indudablemente, ha existido sobre todo al principio de la conversión, yo opino que realmente lo que ocurrió, al menos, en mi familia, es que, con el paso del tiempo se entremezclaron costumbres judías, con costumbres cristianas, formando un curioso sincretismo de ambas culturas, tesis ya expuesta, por la historiadora DªMaría Antonia Bel Bravo.[3]

Estas costumbres, muchas de ellas, vigentes hasta los años 70 del S.XX, se “mezclan” con otras costumbres de ámbito cristiano, en principio, casi con toda seguridad con el objeto de “guardar las formas”, y luego más adelante, se solaparon, y es más, se impusieron como costumbres en general en la población trascendiendo del ámbito estrictamente judío.

Así y respecto a las costumbres funerarias, he podido constatar que sigue plenamente vigente, la costumbre de no adornar, ni sobre todo calzar a los fallecidos, se ha perdido, pero existía hasta hace relativamente poco, la de tapar el rostro del fallecido con un sudario; la cama, donde se velaba al finado, se solía poner en paralelo con las vigas del techo, y cerca de una ventana, a fin de que pudiera salir su alma. Se ponía, además, una vela en el lugar donde había muerto la persona durante siete días, tapando los espejos de la casa con un paño negro, incluso en época reciente se tapaban los objetos modernos como la radio y la televisión, que no se podían ni oir, ni ver durante esos siete días, e incluso durante un mes. Tampoco se podía siquiera salir a la calle, a no ser que fuera para lo estrictamente necesario, para comprar o trabajar. Ni que decir tiene que se guardaba el luto según la cercanía del familiar, durante seis meses o un año, o incluso más tiempo, en el que se iba progresivamente abandonando la indumentaria negra pasando a ser de “medio luto”.

Los fallecidos solían ser enterrados con ataúd, pero, se le arrancaba la cruz cristiana que traía el ataúd en la tapa, y se colocaba junto a la vela, de tal forma de que el muerto era enterrado sin la cruz, ya que ésta se conservaba junto a la vela encendida durante esos siete días, luego transcurridos los siete días, la cruz y la vela se guardaban, y si se quería recordar, o rezar a los parientes o ancestros fallecidos, se sacaba la cruz, o las cruces que se conservaban de los ataúdes, y se ponían junto a otras tantas velas encendidas. Mi madre siempre me contaba que le asustaba tremendamente que mi abuela sacara la cruz, que sabía que provenía de un ataúd, y encendiera las velas para rezar, según ella me contó, mi abuela solía encender las velas y rezar en su habitación, en muchas ocasiones, no solo los sábados.

Por cierto, que mi madre, también nos decía, medio en broma, medio en serio que no lleváramos flores a su tumba, -las flores, decía, son para alegrar a los vivos, no para los muertos-, y por supuesto, no fue ni calzada, ni adornada, ni nada por el estilo, es más tuve un encontronazo con mis tías y primas-cuñadas, a su vez, de mi madre de la familia VIDAL, por este motivo, pues olvidaron en la funeraria quitarle unos minúsculos pendientes que llevaba cuando murió, pero mis tías se preocuparon de “examinar” el cuerpo y ver si se enterraba “como Dios manda”, y cuando vieron los pendientes, me pidieron que se los quitara, en ese momento yo no caí en la cuenta de la importancia de esta costumbre, y les contesté que ya era muy tarde y que no importaba que se enterrara con pendientes, que éstos no tenían ningún valor, la indignación de mis tías, en ese momento conmigo, fue suprema, tanto es así, que me obligaron a ir a protestar a los empleados de la funeraria, que al final se los quitaron. Da la casualidad que, por diversas vicisitudes acaecidas con motivo de su entierro, provocadas por la falta de espacio en ese momento en los nichos de la familia, mi madre está enterrada, por decisión de mis tíos, sus hermanos, casi, como una auténtica judía, pues fue envuelta en un sudario, sin ataúd, y se enterró junto a su madre, mi abuela.

El levirato estaba socialmente muy bien visto, en general en el pueblo, y aunque no se obligaba al viudo a contraer matrimonio con su cuñada, era muy frecuente que esto se produjera, -curiosamente en mi familia paterna-, que no es de ascendencia judía, he encontrado varios casos. Lo que estaba proscrito socialmente es que la viuda se volviera a casar, sobre todo si ésta era más joven que su pretendiente, de tal forma que entonces el pueblo le hacía lo que se llamaba un “cencerraje”, que es acudir a la casa de los novios en la noche de bodas, con pitos y cencerros y cantarles canciones, a modo de chuflas y burlas dirigidas a los recién casados.

Esta costumbre estaba tan extendida en toda España, que ya el rey Carlos III, dictó una pragmática sanción prohibiendo los “cencerrajes”, de todas formas en el pueblo se siguieron practicando hasta los años 50 del siglo pasado.

Son judías, las extremadas dotes para la contabilidad, negocios y capacidad de trabajo, de la mayor parte de mis tíos y primos VIDAL, aunque no tengan estudios universitarios, debo añadir que, algunos de mis primos y yo, somos la primera generación con estudios universitarios de la familia; yo digo, medio en broma, medio en serio, que sus habilidades para las cuentas, van en “el cromosoma “Y” judío de los varones” que yo, desgraciadamente, no he heredado[4]. He podido comprobar que, entre los miembros de la familia, cuando se ha prestado dinero, jamás ha sido a rédito o interés, por ello, entiendo que el préstamo con usura que practicaba mi bisabuelo solo se hacía con los extraños, tal y como manda la Torah.

Además, de otras costumbres, para mí muy normales, pero que ignoraban que fueran judías, como por ejemplo, el guiarse para marcar el final del día, por la salida de la estrella, (realmente el planeta Venus), que nosotros denominamos el “lucero del anochecer”, así lo aprendí de mi madre y de mis tíos.

Por cierto, cuando la tierra de un huerto es buena y da muchos y sabrosos frutos, mis tíos dicen que es que hay: “un santo enterrado en el huerto”, refiriéndose, sin saberlo, a la costumbre judía de realizar los enterramientos en los huertos.

Con respecto a las costumbre culinarias he de resaltar, la costumbre desaparecida en la generación de mi madre, de hacer roscas de pan trenzado en las fiestas, (pan jalal judío, aunque ellos no lo conocían ya con este nombre), sobre todo en las bodas, en mi familia se los llamaba “el rosco de las bodas”, que tomaban los novios y todos los comensales. De hecho, yo me encontré un trozo de rosca trenzado, perteneciente a la boda de mis abuelos, guardado en un cajón de su cómoda, llevaba allí más de 70 u 80 años, como entonces ignoraba el significado de dicha costumbre, (yo la creía una rareza más de mi familia), lo tiré cuando murió mi madre. Luego he podido averiguar que se guardaban como señal o símbolo de buena suerte para el matrimonio, ya que el pan que se sirven en una boda, y especialmente esas roscas, se consideraban como algo muy especial.

Con respecto al pan, éste era considerado casi sagrado, y también solían besarlo si se caía al suelo. En la casa-cortijo de mis abuelos, que tenía su propio horno, se hacían distintos tipos de pan, el ya mencionado rosco de las bodas, así como el pan ácimo, para hacer el alfanjor de sidra, igualmente se escogía la harina cuidadosamente, separándola para personas y animales, pues también hacían pan con harina integral, a modo de pienso, para los animales de la granja que tenían. Incluso mi madre contaba que mi abuela, a veces, dejaba un trozo de pan dentro del horno, para otorgarle “Gracia”, según decía, -parece ser que esta es una costumbre muy antigua judía, y es la ofrenda al cohen-; aunque como repito, ellos ignoraban completamente el origen y significado de estas costumbres.

Es muy utilizado en mi familia y en el sentir popular, el concepto de la “Gracia”, en el sentido de entender que, practicando alguno de estos ritos, se santificaba el objeto o se sacralizaba y/o bendecía la situación, dotándola de poder Divino.

He de resaltar, que mi familia hacía y sigue haciendo vino de sus propias viñas y parras, exclusivamente para consumo propio, además creen que su vino es mucho mejor que los vinos comerciales, -yo también así lo creo-; me queda por investigar, su forma de elaboración antigua y compararla con los procedimientos “kosher”, pues actualmente utilizan ya procesos de elaboración más modernos, que difieren de los procesos kosher.

Son sefarditas, los dulces y postres elaborados con el riquísimo aceite de oliva que se produce en estas tierras, como los “roscos de la sartén”, rosquillas fritas que mi madre hacía maravillosamente bien, y sobre todo la de los “gusanillos”, que es típica de la zona de Sierra Mágina, y que para mi grata sorpresa, me encontré descrita, casi exactamente igual que la receta que me dio mi madre, en la página de Tarbut Sefarad, como: “buñuelos de Januka”.

La de los huevos jaminados, nosotros no los conocíamos con ese nombre concreto, que ya se había perdido, pero si la forma de hacerlos, en las cenizas del hogar, cuando existía chimenea, o cocidos lentamente mezclados con otras verduras, para que adquieran su sabor.

La receta del alfanjor de calabaza sidra, hecho con pan ácimo en obleas,[5] calabaza tipo sidra, (cabello de ángel), miel, almendras, nueces etc…ésta es una receta típica de Jaén, y aunque el alfanjor es un dulce andalusí, creo que el ingrediente de origen sefardita aportado a dicho dulce, es la calabaza tipo sidra, (de cabello de ángel), así como el pan ácimo, es de suponer que, para además, poder tomarlo durante la Pascua; en Jaén, es típico tomar este delicioso dulce durante la Navidad.

Es más, creo recordar, que mi madre, tenía uno o dos cazos destinados solo para calentar la leche, aunque ignoraba, por qué realmente lo hacia así, costumbre que desapareció con la llegada del microondas.

Mi madre era muy escrupulosa con la carne, y ésta debía ser bien lavada, antes de cocinarse quitándole, si era posible, los nervios, así como la piel. La gallina era especialmente utilizada y apreciada para hacer caldo, y sobre todo para el cocido, así como la berenjena, servida en todas sus formas, especialmente, con casi todos los potajes. Es de destacar que en las grandes celebraciones lo que se solía comer siempre es cordero, y algunas veces cabrito, que aquí denominamos también “choto”.

Es muy de señalar la costumbre del “presente”, se define con este nombre, en mi familia y en todo el pueblo, a la costumbre de regalar cerdo a los vecinos, es decir, se comía el cerdo, de hecho se hacía matanza, pero después de matar al cerdo se regalaban a los vecinos, los mejores bocados del animal, en una bandeja adornada, como delicatessen, a modo de demostración pública de que se comía cerdo.

Resulta paradójico que a los recién nacidos y con motivo de su bautismo en la Iglesia católica se les siga regalando, aún hoy en día, la higa o figa, amuleto parecido al hamsa, mano de Fátima, o mano de Miriam, solo que el primero tiene la mano cerrada, y el segundo la mano abierta, son amuletos para alejar “el mal de ojo”, y al parecer de origen judío y/o musulmán. La higa, se sigue poniendo a los bebés, y sigue suscitando ciertas controversias en mi familia, sobre todo por el hecho de que algunos bebés se la han tragado, afortunadamente, sin consecuencias. Cuando a mi me regalaron este amuleto, me surgió otro pequeño conflicto, yo no me tengo por suspersticiosa, además tenía miedo de que mi bebé pudiera atragantarse, pero a la misma vez, no quería ofender a quien me la había regalado, y por ello opté por una solución intermedia, y es colocarla prendida en el cochecito del bebé, he visto que muchas madres hacen actualmente esto también.

La presentación en el Templo: Se hacía con los bebés, a los cuarenta días del nacimiento del niño, siguiendo la práctica judía, se les presentaba ante la Iglesia católica, dejándolos en el altar mayor. De hecho, hoy día, se sigue haciendo por la Iglesia católica, una ceremonia parecida, en la festividad de la Candelaria.

Una tía lejana de mi madre, -que tiene fama entre el pueblo y toda la comarca de “santa”, o dotada de “Gracia”, pues aún vive, tiene cerca de 100 años- solía bendecir golosinas peladillas y anisitos, desconozco exactamente qué clase de rezos o bendiciones utilizaba, pero repartía estas peladillas “benditas” en las procesiones del pueblo, o al finalizar la misa dominical, dando lugar a que las gentes del pueblo salieran corriendo a por las peladillas bendecidas, pues las consideraban dotadas también de “Gracia”, circunstancia, por cierto, que, extrañaba, y dejaba perplejo, al cura del pueblo, que no entendía absolutamente nada de aquello.

He de decir que aunque hay algunas costumbres que se han perdido ya, sorprende que haya por lo menos dos, que aún siguen plenamente vigentes, y que están muy arraigadas, sobre todo de Jaén, es decir, que han superado la órbita estrictamente sefardí, pasando a ser del colectivo popular, pero ignorando que son de origen judío, como la de poner a los bebés los nombres de los abuelos, empezando por la línea paterna, aunque se le daba prioridad algunas veces, al abuelo/a fallecido, -aún hoy día, el incumplimiento de esta práctica sigue produciendo fuertes polémicas en mi familia-.

También el hecho de introducir como primeros objetos en la casa que se estrena, pan y sal, -todavía recuerdo a mi madre, parada delante de la puerta de mi casa, con el pan y la sal, puestos en una bandeja, para asegurarse de que era lo primero que se introducía en mi nuevo hogar, costumbre, de la que se aseguró especialmente, que toda la familia cumpliera-. Además, conozco a algunas familias que incluyen también aceite, el pan y la sal deben comerse en la primera comida que se haga en la casa. Al parecer, esta costumbre tendría que ver con las bendiciones del pan y la sal que se realizan el sábado.

La sal era muy importante en mi familia y se acompaña de rezos y bendiciones, y así, si estallaba una tormenta mi madre echaba un puñado de sal, en la entrada de la puerta de la casa, en las jambas, y rezaba un padrenuestro, a fin de alejar la tormenta, o bien que ésta no hiciera daño, curiosamente, siempre que lo hizo, la tormenta se alejaba sin hacer destrozos.

Otras familias me han contado, que si se les derramaba accidentalmente la sal, para que no se fuera la Gracia, echaban un caldero de agua a la puerta de la casa.

He de comentar que en Jaén, sigue perviviendo en algunas familias la costumbre de “hacer los sábados”, consiste en que la familia hace la limpieza de la casa en sábado, así con esta excusa, la familia también podía guardar el sábado. Esta costumbre, no la he encontrado en mi familia, aunque, al vivir en el campo, esta práctica no sería necesaria al carecer de vecinos curiosos cercanos.

Si que es cierto que, solían y suelen aún descansar, con más frecuencia, los sábados que los domingos, así como, teníamos la costumbre, al menos con mi madre, que de pequeños nos aseábamos todos, y sin excusas, los viernes por la tarde, aunque este hábito se ha perdido con la ducha diaria.

Para finalizar, señalar que, mi compromiso personal es, además de intentar encontrar nuestra identidad perdida, el intentar levantar de nuevo el orgullo y la dignidad de nuestra cultura judía, perdida en nuestra familia y en general en la sociedad, durante tantos y tantos años.

 

FUENTES:

FAMILIA VIDAL CASTRO DE CAMBIL

FAMILIAS: CAMARA, CALDERON Y CRUZ DE JAEN.

LIBRO “CAMBIL, MI PUEBLO” DE JOSE GARCIA ALMAGRO

 


NOTAS

[1] Ver obra: “Jaén en época de los Nazaríes (Al-Andalus S. XIII-XV)” obra Coordinada por el profesor de Estudios Arabes e Islámicos, de la UJA, DºFrancisco Vidal Castro, artículos de DºAntonio Olmo López, grupo de investigación HUM-761, Geografía y poblamiento del Jaén Islámico en época Nazarí. Y del profesor DºJuan Antonio López Cordero, departamento de Historia de la UNED-Jaén, en su artículo: “el territorio castellano de Jaén en época nazarí: población, paisaje y naturaleza”.

[2] Yo tengo una teoría particular, y es que existe un “corredor de apellidos judíos”, en las estribaciones de Sierra Mágina, existe una especie de cuña de apellidos judíos, que entrarían desde las poblaciones de Torres, Albanchez de Mágina hasta Cambil, los apellidos que abundan en esta zona son, VIDAL, GARZON, y también he encontrado algunos ROJAS, esto lo he comprobado de forma casual e informal, pues al haber trabajado manejando algunas escrituras de propiedad de estas tierras, me han aparecido de forma frecuente estos apellidos.

[3] Opus cit: “Sefarad, los judíos de España” 1.997, de la Doctora DªMaría Antonia Bel Bravo.

[4] La transmisión de los modelos familiares de conducta y aprendizaje, viene a corroborar esta situación,  los varones reciben el modelo de educación dirigido al exterior, al mundo laboral; las mujeres, sin embargo se socializan en modelos dirigidos al hogar y la casa, al interior, es decir, son transmisoras y conservadoras de las costumbres domésticas. Cito aquí también las investigaciones de la historiadora  Dª Mª Antonia Bel Bravo sobre las mujeres como transmisoras de las costumbres domésticas, ver su libro: “Mujer y cambio social en la Edad Moderna”2.009.

[5] Las obleas de pan ácimo para hacer el alfanjor, se solían y se suelen comprar todavía por las familias, que normalmente carecían de horno, en los conventos de las monjas que tienen unos hornos especialmente destinados a fabricar las formas para su consagración en la misa católica, de tal manera, que era y es el mismo pan en obleas, el que se toma consagrado en la Iglesia, que el que se utilizaba y utiliza actualmente para hacer el alfanjor de sidra. Por otro lado, nada más “kosher”, pues tanto el pan que se consagra y se toma en la misa católica, que reproduce la cena de pascua de Jesús de Nazaret, como el pan de la pascua  judía,  han de carecer, necesariamente, de levadura.