Apostamos por llevar las actividades allá donde están los amigos de la cultura judía. Por eso nos gustan las giras: son itinerarios culturales que nos permiten llevar una misma actividad a varias ciudades de la red Tarbut Sefarad.

Eduardo Kofman

Entrevista a Eduardo Kofman en el Diario de Navarra

Paula Echeverría, periodista del Diario de Navarra, entrevistó a Eduardo Kofman durante su estancia en la ciudad, el 28 de septiembre. Al día siguiente, el periódico dedicó una página completa a esta entrevista, acompañada con una magnífica foto de Eduardo Kofman en la calle Estafeta del casco viejo de Pamplona (foto de Oskar Montero). La entrevista está disponible en la web del periódico y en pdf, tal cual se publicó en el periódico.

 

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29/9/2010  DIARIO DE NAVARRA

EDUARDO KOFMAN DIRECTOR DE TEATRO, IMPULSOR DEL PROYECTO "TEATRO POR LA PAZ Y LA CONVIVENCIA" EN ISRAEL

"El teatro es un vehículo maravilloso de integración, porque es introspección y apertura al mundo"

Eduardo Kofman (Argentina, 1953) lleva más de diez años trabajando en Israel por la integración de las diversas culturas a través del teatro. Un trabajo "duro y gratificante", dice, del que habló ayer en Pamplona invitado por la asociación cultural Tarbut Sefarad

PAULA ECHEVERRÍA - Miércoles, 29 de Septiembre de 2010
PAMPLONA. Habla pausado, con la serenidad de quien ha encontrado su lugar en el mundo; y serio, con la certeza de que el mundo puede ser mucho mejor de lo que es. Su lugar está en Nazaret Illit (Israel), donde Eduardo Kofman vive desde hace quince años, y donde desde hace diez dirige un proyecto de Teatro por la paz y para la convivencia con adolescentes judíos, cristianos y musulmanes, y otros dirigidos a facilitar la integración de nuevos inmigrantes procedentes de Uruguay, Argentina, Rusia, Lituania, Etiopía o Marruecos. Una labor que da verdadero sentido a la palabra multiculturalidad.

¿Cómo surge el proyecto "Teatro por la paz"?

Surge de mi necesidad de encontrar vínculos, usando el teatro como herramienta, para intentar crear una realidad diferente. Tengo la suerte de vivir en Nazaret Illit, una ciudad judía al lado de la Nazaret bíblica que todos conocemos, que tiene una población de 50.000 personas y ha recibido muchísima inmigración de lo que fue la Unión Soviética, así como de América del Sur y Etiopía. Para mí es una bendición haber ido a parar a un lugar tan heterogéneo culturalmente hablando. Un buen día me propuse llevar a cabo este proyecto, y en el año 2000 empecé a trabajar con el primer grupo multicultural, formado por adolescentes de un kibutz (comuna agrícola israelí) y chicos de un kfar (pueblo) árabe que estaban separados por una carretera pero que nunca habían tenido la oportunidad de verse cara a cara unos con otros. Esa fue mi primera experiencia. A partir de ahí me dediqué a golpear puertas para lograr fondos e institucionalizar el proyecto; conseguí apoyo de municipalidades árabes y judías, del Ministerio de Educación... Y hasta hoy, llevo ya diez años trabajando.

¿Cuáles son los principales obstáculos para la convivencia en Israel?

El estereotipo, el preconcepto, el tema de él me odia, él es mi enemigo... Eso está tan arraigado, tan metido en la sangre, que yo siempre les digo a mis alumnos: ustedes son héroes, porque están rompiendo moldes. Están derribando muros, luchando contra un medio hostil. Hay que ponerse en la piel de un adolescente de 15 ó 16 años y ver el coraje que tiene que tener para pensar que él es diferente, que nació diferente, pero que eso no quiere decir que sea cierto todo lo que le están metiendo en la cabeza. Hay que ponerse en la piel de un adolescente árabe que le dice a su papá: voy a hacer teatro con un judío, o viceversa.

¿Cómo se lo toman las familias?

Mal. Muy mal. No lo entienden, no lo encajan; le dicen al joven: ¿Qué bicho te picó?, ¿te falta algo acá que tienes que buscarlo fuera? Y él tiene que luchar contra eso.

¿Todos lo logran, o hay quien empieza el curso y acaba dejándolo?

El nivel de deserción es el mismo que tengo con cualquier otro grupo de teatro. Un 20% abandona porque ve que eso no es para él, pero no por el tema de la integración.

Entonces luego esos adolescentes hacen que sus familias tomen conciencia de la necesidad de cambio...

Sí, eso es lo más importante. El mayor éxito de mi trabajo, muy por encima del nivel de interpretación y el resultado artístico, es ver entre el público, cuando representamos las obras de teatro tanto en ciudades árabes como judías, a una mujer con el pañuelo sentada en la platea al lado de un judío con una quipá, y de un laico. Todos allí, juntos. Ver que esos chicos han sido capaces de crear algo común después de un año de trabajo, justifica mi existencia como ser humano en este mundo.

Y todo eso a través del teatro. ¿Qué virtudes tiene este arte de cara a lograr la integración?

El teatro es un vehículo maravilloso de integración; es expresión pura, desde la no palabra hasta la palabra hablada y la letra escrita... Actuar es algo tan elemental y gratificante como jugar, y al mismo tiempo es hacer un trabajo para adentro y para afuera. Es introspección y apertura al mundo. En el proceso de trabajo que les propongo a los adolescentes cobra un papel muy importante el hecho de que conozcan su identidad y descubran su historia personal. Y por supuesto, que se abran y se conozcan unos a otros. Salvando mucho las distancias, es como lo que hace Barenboim con la música. Cuando tú le das a un músico una partitura, no importa la cultura que él tenga, las notas son universales. Pues con el teatro pasa igual, aunque yo cuento con una piedra en el camino, que es el idioma, la cultura. Y mi intención es que ni el árabe reniegue de su cultura ni el judío de la suya ni el etíope de la suya, sino todo lo contrario. Y cuando ya se conocen y se respetan unos a otros, se puede abordar el proceso de creación colectiva de una obra.

¿La crean desde cero?

Sí, nunca tomo una obra de teatro armada. Y siempre se representan en bilingüe: las partes mixtas, en hebreo; y las partes étnicas, cada una en su idioma.

¿Qué temas tratan en las obras de teatro?

Es curioso, en cada curso me pasa lo mismo, y es que cuando les digo que vamos a hacer una obra de teatro y les pregunto qué les gustaría crear, siempre me responden: Romeo y Julieta. Son adolescentes. Les llama el amor y todo eso... Pero al final consigo llevarles por otros sitios y crear una fábula, un encuadre que tenga que ver con ellos, con su realidad, dentro de lo posible. Tratamos temas como la discriminación, los estereotipos, las relaciones de fuerza, la supervivencia, la falta de entendimiento, la pérdida de identidad... Porque el árabe que vive en territorio israelí tiene un problema, y es que cada vez se quiere parecer más al judío. Y es un drama, y yo lucho contra eso. Únicamente aquel que reconoce dónde están sus raíces puede estar bien asentado en la tierra.

¿A Israel le falta reconocer sus raíces?

Israel en cierta manera está buscando su identidad, y su identidad está formada por todas las etnias que viven en su territorio. Lo ilustra bien uno de mis grupos de teatro de adultos, que está formado por una caucásica, una ucraniana, un ruso, cuatro etíopes, un iraquí, un iraní, una yemenita y dos autóctonos (israelíes). Todos judíos viviendo en la misma ciudad, y nunca se habían visto.

Todo lo que tiene de duro y sacrificado su trabajo lo tiene de gratificante, imagino.

Sí, es gratificante, pero muchas veces no placentero. No todo es de color de rosa, en más de una ocasión he estado a punto de derrumbarme y mandar todo a la mierda, por la tensión y las frustraciones, que son muchas. Pero todo eso se compensa cuando, pasados los años, te encuentras con un antiguo alumno y te dice que el haber formado parte del grupo de teatro le cambió la vida. Que gracias a esa experiencia entendió a los judíos, y que entender a los judíos le dio la posibilidad de salir del kfar, estudiar en la universidad, graduarse como farmacéutico y regresar hoy al pueblo para presentarse a las elecciones municipales con la intención de abrir a su comunidad al resto del mundo.

¿Por eso no interesa la cultura a los políticos, por ese poder que tiene de abrir mentes?

Claro. La cultura nunca se va a llevar con la política, en ninguna parte del mundo. Y la cultura contestataria, antisistema, que va contra los grandes intereses, siempre molesta.