ELDA

Encuentro entre culturas

Mientras estén en mi mente, papá y mamá siempre estarán conmigo acompañándome en este periodo de mi existencia, en este mundo caótico. Cada vez que llega Semana Santa estoy llena de preguntas sin respuestas, una vez más estamos en Pessaj. Me hubiera gustado que estuvieran con nosotros compartiendo la cena tradicional, en el chalet de mi hija menor, Marcela, en la urbanización de Empuriabrava, en Castelló d' Empuries, en Gerona. La ceremonia, como cada año, la dirigió Jan, el amigo judío italiano que vive en la comarca. Mi marido, Marcelo, nacido en la Quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy, Argentina, de padre judío boliviano y madre kolla boliviana; Rafael, mi yerno, que es nacido en Sevilla, Andalucía; y nosotras dos, nacidas en Buenos Aires, Argentina.
Marcela puso la mesa con un mantel que yo le bordé. Por mi parte preparé el jaroset según el rito sefardí. El jaroset es una pasta que se prepara haciendo puré un poco de dátiles, higos, manzana, almendras, canela, vino dulce, zumo de naranja o limón, nueces.Luego serví la sopa clásica de pollo con Kneidlej; son unas bolitas echas de harina de matzá. También preparé guefiltefish, según la receta azquenasi: son las famosas albóndigas de pescados acompañados con jren, esto último es una mezcla de remolacha rallada con rábano picante y luego alboronias (una típica receta sefardí que se hace con pollo, cebollas, berenjenas, canela, nuez moscada, miel, jengibre y azafrán).
No hay mercado judío en la comarca y en verdad es una lástima porque por aquí, en temporada. concurren muchos judíos de vacaciones. Así que debí ir a hacer la compra al mercadillo judío de Perpignan, en Francia, unos días antes de la fecha.
Estábamos todos muy elegantes, los hombres con su quipá. De fondo escuchamos el cassette de música litúrgica que papá le regalo a mi marido. Esta cena siempre me produce una intensa emoción, sobre todo cuando mi hija asume el papel de ama de casa y enciende las velas unos minutos antes de la puesta del sol.
Algunos días, aún me parece que están allá, a más de catorce mil kilómetros, en el pisito de Buenos Aires viendo la televisión.
Papá le concedió el honor a mi marido de heredar su bastón, su quipá, su caja de jeringas, las agujas hipodérmicas, sus libros de psiquiatría y psicología. Al entrar a mi escritorio, en la pared está su diploma de médico y el diploma del hospital de niños donde certifica que mamá hizo dieciocho mil doscientas horas de trabajo voluntario.
Yo sé que mi marido le encuentra entre las páginas donde quedó su espíritu de hombre preocupado por la salud de la gente y, a través de la lectura, se comunican y le da saberes y capacidad de comprensión.
A mamá la recuerdo siempre muy callada, elegante, entrando y saliendo del departamento, concurriendo a sus clases de danzas folklóricas, al coro de la wagneriana, a sus clases de acordeón, a las reuniones de la WISO.
El pasado sábado, un día espléndido de sol, con una suave brisa, estuvieron a cenar Marcela con su marido Rafael, el amigo Jan y nosotros; sólo faltaban papá y mamá, fue un día en familia, disfrutamos de un hermoso fin de semana.
El domingo salimos todos, para asistir al oficio religioso en el templo de Perpignan y escuchar el sophar, el instrumento de música hecho con un cuerno de carnero que suena unas 7 veces anunciando el día de la Creación del Universo; en realidad, el día del cumpleaños de Adan, en el 6º día de la Creación.
La emoción se hizo presa de mí cuando sentí la presencia de papá entre Marcelo, Jan y Rafael, cuando me incorporé para mirar hacia abajo, por el balcón. También creí ver a mamá cerca de mí, entre mi hija y yo.
Los judíos franceses que frecuentan el templo no hacen ningún mal gesto, sino todo lo contrario; con amabilidad y respeto aceptan a Rafael, nacido en Sevilla, entre ellos.
El chico no se entera de casi nada de la ceremonia pero le interesa compartir la cultura de su mujer y su familia y, poco a poco, va aprendiendo y transmitiendo a sus padres y hermanas que la religión judía es el origen de la religión católica y de ella han salido los preceptos que enseñan a la convivencia, al respeto de los mayores, la higiene fundamental para tener una vida sana... El Kashrut, una dieta cuidadosa para absorber una nutrición perfecta que contribuye a tener un espíritu saludable.
    
Cerré los ojos y les envié una oración…
Cada tanto, mamá oigo tus frases:
-“Qué estás comiendo… A mí no me dieron…”.
Y a vos, papá, ya te escucho decir, como buen médico psiquiatra:
-“La educación consiste en decir siempre no”.
Y a mi yerno, que siempre me dice:
-“Querida suegra, la comida ha sido exquisita y lo he pasado muy bien, muchas gracias”.
El verdadero amor no tiene color, ni fronteras, no tiene principio ni fin, el amor es todo y lo que más vale en este mundo es tener una sonrisa a mano para todos….

Shalom!De Ana Beatriz Wainer Amar
Rosas, provincia de Gerona ,23 de abril del 2002
2º premio XXI Concurso literario de GERONA