Existencia de judíos en Mallorca desde antes del concilio de Elvira

Según el Concilio de Elvira (303-309 EC), ya en esas fechas existía una judería en dicha villa. Recorrer la parte vieja de la ciudad, a espaldas de la Catedral (que tiene un rosetón con el Maguén David), es percibir la sensación de una próspera judería que existió en la capital mallorquina, cuando estuvo regida por Jaime I el Conquistador, rey de Aragón (1213 – 1276) y Jaime II el Justo, rey de Aragón (1291 – 1327). La relativa tranquilidad con que vivieron los hebreos estaba bien justificada: fueron ellos quienes facilitaron en gran medida la entrada de los ejércitos cristianos.

Aunque luego la judería fue confiscada para ser entregada a los dominicos, se creó un nuevo barrio seguramente donde está ahora la calle de las Platerías. Los cartógrafos judíos mallorquines fueron particularmente famosos, especialmente la familia Crescas, y su renombre pasó las fronteras de España. "En los portulanos mallorquines –dice Sureda- no se admiten vagas noticias ni sospechas. Sólo figuran... los mares surcados habiendo desaparecido ficciones y fantasías". Pero, la vida de los hebreos fue terriblemente sacudida por el pogrom ocurrido en agosto de 1391, que del continente también llegó a las Baleares. El populacho asaltó la aljama matando a centenares de judíos; los demás tuvieron que bautizarse para salvar la vida. Mientras tanto, desde la fortaleza los nobles contemplaban el espectáculo sin intentar siquiera intervenir. ¿Cuál fue el resultado de esa matanza? No parece haber sido precisamente propicio para la economía de la capital y las islas, ya que los comerciantes habían sido judíos. "Los daños resultaron incalculables", afirma el cronista Santamaría. Y los conversos que allí quedaron, fueron acosados inexorablemente por la Inquisición, aunque la historia de aquéllos, llamados chuetas, es un capítulo aparte en la historia del judaísmo español.

Como queda dicho, hasta el día de hoy ha quedado olor a judería cuando se deambula por el viejo barrio de Palma, y ése no desaparece cuando se entra en el museo de la Catedral. Efectivamente, uno de los principales objetos allí expuestos son dos rimonim, (granadas, en hebreo), un par de cetros de plata, empleados para enrollar los Rollos de la Torá, a fin de servir como soporte cuando son levantados durante el oficio religioso. En el presente caso, tienen la forma de torre, tal como era usual en el medioevo. Afírmase que fueron traídos desde Jerusalén y regalados a la catedral por el gran maestre de una orden militar. En este municipio existe un Torrent dels Jueus, que lo separa de El Arenal.

Información extraída de www.sefarad.es