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Realejo, el Jerusalén de Granada

22/4/2008  I  Publicado por La Opinión de Granada
Barrios de origen judío abren su historia en el nuevo libro de Antonio Bernardo Espinosa, especialista en un pueblo perseguido.
C.R. Desde el año 70 de nuestra era está documentada la presencia de asentamientos judíos en Granada, principalmente en la colina del Mauror. Ya en el siglo IV, en el Concilio de Elvira, se empiezan a dictar cánones antijudíos. Pero la Gharnata Al Yahud, la Granada de los judíos, que corresponde al actual barrio del Realejo, no nace hasta el año 711, cuando llegan los árabes a Granada”.

Erudito y ameno, el libro ‘Granada, la Jerusalén que pudo ser´ (colección El Defensor de Granada, CajaGranada, 2008); aclara, de la mano del investigador Antonio-Bernardo Espinosa Ramírez, muchas dudas sobre la presencia de este pueblo en la ciudad que los vería partir, camino principalmente de Tetuán, en el siglo XVI.

No existe actualmente ni sinagoga ni comunidad judía en Granda, aunque sí granadinos que profesan esta religión. Sin embargo, su presencia social en la ciudad dista mucho de la que tuvieron en la época de la dominación musulmana, con personalidades destacadas como Ibn Agrela “que llegó a ser visir de los nazaríes”.

“Ellos siempre se consideraron una especie de aristocracia local hasta el punto de que ellos mismos querían diferenciarse de los andaluces en general, incluso una vez desterrados” a Tetuán, donde permaneció un pujante sociedad judío-granadina que mantuvo el idioma hasta 1860 “cuando las tropas españolas fueron recibidas como libertadores, con gritos en perfecto español, por los mismos descendientes de los judíos granadinos”.

La judería de aquella ciudad desaparecería con el mismo protectorado español, encontrándose repartidos estos descendientes de los judíos de Granada en Israel, Ceuta, Melilla y otras comunidades autónomas, Francia y Estados Unidos. Persecusión. Personajes como el patriarca de los traductores Ibn Tibon o el poeta Moshe Ibn Ezra quedan recogidos en estas páginas donde también se cuenta la difícil situación en que quedaron los judíos conversos, que mantuvieron sus costumbres ocultas y la transmisión de su cultura por vía materna.

“Su persecución duró incluso hasta el siglo XVIII, época en la que la Inquisición realizó los últimos autos de fe en Granada” contra el proselitismo judaizante. El autor (presidente del Instituto Darom de relaciones culturales con Israel además de miembro del Seminario de Estudios Judíos Contemporáneos de la UGR); ha pretendido realizar un trabajo “divulgativo que permita que cualquiera entienda que el pasado que vemos en la ciudad está vivo, como en la plaza de Bib-Rambla, donde se realizaron los últimos autos de fe de la ciudad”.