Jornada Internacional

I Jornada Internacional de Xuetes: estamos vivos

Por Miquel Segura.
Tres días después del gran éxito de la “Jornada Internacional de Xuetes”, celebrada en Palma el domingo 3 de abril, creo que puedo escribir de la misma con mejor perspectiva. Yo andaba muy preocupado por el evento desde que su promotora y alma -la inquieta y desbordante Roser Parés i Fuster- fue recibida de uñas en Mallorca por el minúsculo grupo de quienes creen tener en exclusiva lo que es una memoria colectiva. Personalmente nunca les hice demasiado caso, pero me dolió que trataran a Roser con dureza y prepotencia.

 

Si algo demostró la Jornada es que existen chuetas que, como yo, como la propia Roser, se niegan a ser “catalogados” como material de archivo. Las personas que vi -y con las que conviví en un día inolvidable- en el Centre Flassaders sienten a partes iguales el dolor por la ignominia sufrida y el orgullo de pertenecer al Pueblo Judío. No todos son religiosos -aunque se habló mucho de judaísmo- pero, cada uno a su manera, se siente parte de un pueblo que, hoy como ayer -como siempre-, sufre el ataque de la intolerancia.

No estaban todos los que son, pero eran todos los que estaban. Faltó mi editor, Lleonard Muntaner -convaleciente de una grave operación quirúrgica- y fue quizá la única ausencia irreemplazable. No estábamos allí para discutir sobre lejanas cuestiones, ni para investigar oscuros pleitos perdidos en polvorientos legajos. Nos reunimos para decirle al mundo que estamos vivos. Agudo como siempre, Pere Bonnín, reivindicando una nueva etimología para una palabra que fue maldita. Emocionante mi estimado Toni Pinya, maestro de cocineros, con su entrañable ponencia sobre “la cocina de Dios”. Dulce, como siempre, Jacqueline Tobías, la primera -y quizá única- judía que ha querido entender a los chuetas. Profundo el rab Nissan, el primer rabino chueta, que ahora mismo está haciendo historia enseñando judaísmo y Halajá a chuetas y anussim. Lúcido e incisivo Mario Saban, mi amigo y hermano. Personalmente, hablé de mi caso singular: un chueta retornado a la religión de sus ancestros sin pasar por la conversión. Expuse, en un trazo ligero, el pensamiento de mi próximo libro, que espero volver a presentar en la gran red de amigos de Tarbut Sefarad.

Podíamos haber sido más, quién lo duda. Pero queda mucho miedo en la sociedad mallorquina. Y un dolor perdonado, pero no olvidado. Bien que lo explicó Xisco Bonnín antes de deleitarnos con una actuación musical que cerró con “Es martellet”, la canción que compuso para reírse un poco de sí mismo. Y para que no se perdiera la memoria de tanto agravio. Lo escribió David en su salmo 123: «Concédenos gracia, oh Eterno, concedenos gracia, pues demasiado nos hemos saciado ya del menosprecio»-

Pues eso.